domingo, 12 de junio de 2011

The Soul Keeper

TÍTULO ORIGINAL Prendimi L'anima (The Soul Keeper)
AÑO 2002
DURACIÓN 90 min.
PAÍS Italia
DIRECTOR Roberto Faenza
GUIÓN Roberto Faenza, Gianni Arduini, François Cohen-Séat, Alessandro Defilippi, Elda Ferri, Hugh Fleetwood, Giampiero Rigosi
MÚSICA Andrea Guerra
FOTOGRAFÍA Maurizio Calvesi
REPARTO Iain Glen, Emilia Fox, Craig Ferguson, Caroline Ducey, Jane Alexander, Daria Gulluccio, Joanna David
PRODUCTORA Coproducción Italia-Francia-GB
GÉNERO Drama. Romance | Biográfico
SINOPSIS El Doctor Jung atiende a Spielrein, una joven de origen judío en un hospital psiquiátrico. En el tratamiento inician un romance a través del psicoanálisis, donde Jung busca apoyo en Freud. Por su parte Spielrein se recupera, estudia medicina y consigue ser la primera mujer psicoanalista en Suiza; pasando por un proceso de niña a mujer y de paciente a médico. (FILMAFFINITY)
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La película The Soul Keeper(Almas al desnudo) nos muestra la vida olvidada de la gran psicoanalista Sabina Spielrein quien fue la primera paciente del Dr. Carl Jung. Sabina hizo grandes contribuciones al campo de la psiquiatría infantil y la película nos muestra la aplicación del psicoanalisis de una manera profunda, pero a la vez amena. La actuación de Emilia Fox es excelente, así como la dirección de Roberto Faenza. Es un tema interesante y poco abordado en el cine. La recomiendo ampliamente. (FILMAFFINITY)
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Basada en el reciente descubrimiento de correspondencia secreta entre Jung, Freud y Sabina Spielrein, esta historia real comienza con la curación de Spielrein, estrechamente relacionada con su apasionado romance con Jung, seguida de su regreso a la Rusia post-revolucionaria donde se convirtió en una psicoanalista fundando la famosa Escuela Blanca. La investigación de esta historia se convierte en un componente esencial de la película a través de dos investigadores de nuestros tiempos : Marie, una joven estudiante y Fraser un historiador de Glasgow. Ellos siguen la vida de Sabina de Zurich a Moscú y Rostow. Y puesto que la exploración de la vida de otros inevitablemente conduce a profundizar en uno mismo, las dos historias se entretejen en un apasionante recorrido.
http://www.youtube.com/watch?v=xTqBYj5jlrY

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La poesía, ese oro "inmortal y pobre"

Domingo 12 de Junio de 2011 | Jorge Luis Borges, "habitador" de los oros y las sombras de la ceguera, "fatiga" las arenas recelosas del olvido y la memoria y se confabula con los lectores para tejer travesías por territorios de papel.

Por Carmen Perilli
Para LA GACETA - Tucumán

La literatura es para Borges un acontecimiento, mejor dicho un sinnúmero de acontecimientos, donde intervienen fuerzas que se presentan como opuestas, pero son, en realidad, complementarias. El escritor se separa de la concepción de la literatura como exclusiva operación del espíritu y reivindica, con su admirado Poe, el papel de la mente. El pensamiento es una de las formas del sentimiento. En Siete noches nos dice: "hay dos características de Dante. Desde luego hay más, pero dos son esenciales: la ternura y el rigor (salvo que la ternura y el rigor no se contraponen, no son opuestos) lo que Shakespeare llamaría the milk of human kindness (la leche de la bondad humana). Por el otro lado está el saber que somos habitantes de un mundo riguroso, que hay un orden".
Toda su obra insiste en la demanda de verdad y belleza, sea en las viejas callejuelas de Buenos Aires, en las antiguas sagas normandas, en los desiertos laberínticos, en los grandes sistemas de pensamiento, en las grandes obras literarias. Plenitud y misterio nos acechan desde las cosas cotidianas. Asombrarnos es conocer, descubrir. "Siento el pavor de la belleza, / ¿quién se atreverá a condenarme / si esta gran luna de mi soleada me perdona?"
El poeta no inventa, sino que encuentra y captura los modos en los que los hombres expresan sus anhelos más profundos. Descubre metáforas, atesora imágenes y símbolos, pero sobre todo sabe que en el comienzo y en el fin de la literatura está el mito.
La poesía, una de las formas del tiempo, es un instrumento de la memoria. "Un triste oro, tal es la poesía / Que es inmortal y pobre".
El valor de la palabra contrasta con "el silencio", un silencio que se tiende entre lo místico y lo estético, convertido en elemento de una poética donde el misterio final no esconde un espacio sagrado sino que se erige como una manera de agotar las posibilidades expresivas de la palabra.

Espejo y máscara
Todo gran texto, como el rostro de Almotásim, es "un juego de espejos que se desplazan". Las transcripciones no son sino "diversas perspectivas de un hecho móvil, (sino) un largo sorteo experimental de omisiones y énfasis... (ya que) no puede haber sino borradores. El concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio".
En Oriente, los confabulatori nocturni, rapsodas de la noche que vagan por el desierto, narran cuentos misteriosos, a cambio de unas cuantas monedas. En Occidente Jorge Luis Borges, "habitador" de los oros y las sombras de la ceguera, "fatiga" las arenas recelosas del olvido y la memoria y se confabula con los lectores para tejer travesías por territorios de papel en los que las mitologías son más "un hábito de las almas" que "una vanidad de los diccionarios". Al mismo tiempo declara: "A los otros les queda el universo; / a mi penumbra, el hábito del verso"
La literatura puede ser espejo y también máscara. En un relato de El libro de arena, titulado El espejo y la máscara, el primer poema que el aeda recita al rey duplica la batalla, a través de las antiguas metáforas que la describen minuciosamente. El premio es el espejo de plata. El segundo cantar es la batalla, y merece la máscara de oro. Sin embargo, La Palabra está más allá del espejo y de la máscara. La recompensa por encontrarla es la muerte. El poeta recibe una daga. "En el alba -dijo el poeta- me recordé’ diciendo unas palabras que al principio no comprendí. Esas palabras son un poema. Sentí que había cometido un pecado, quizá el que no perdona el Espíritu. El que ahora compartimos los dos -el rey musitó- el de haber conocido la Belleza, que es un don vedado a los hombres".
© LA GACETA

Carmen Perilli - Doctora en Letras,
profesora de Literatura
Hispanoamericana de la UNT.

jueves, 9 de junio de 2011

Entrevista a Sandra Lorenzano

UEVES, 9 DE JUNIO DE 2011
SANDRA LORENZANO, VESTIGIOS Y LA VIDA ENTRE MEXICO Y LA ARGENTINA
“Para escribir, yo necesito tener un silencio interior”
“No soy de las plañideras del exilio”, señala la autora, que reconoce el dolor pero también la maravilla de lo que vivió, lo que le permite moverse con comodidad en ambos países: “Tengo una patria imaginaria donde hay cosas de México y Argentina”.







Por Silvina Friera
En las calles de Palermo se arrastra el desgano de una tarde de domingo que declina. Las últimas luces se pierden entre los árboles. El viento otoñal silba suavecito en la ventana del bar y el oído de Sandra Lorenzano, poeta, narradora, ensayista, argen-mex por derecho y convicción, celebra ese tenue instante, “un estertor diminuto/ apenas audible”, como lo hace en unos versos de Vestigios (Pre-Textos). Las manos de la escritora improvisan al ras de la mesa una especie de mapa donde la patria imaginaria, las dos casas que habita, oscilan entre un “acá” y un “allá”: Buenos Aires, la ciudad de sus raíces a la que siempre regresa; y México, donde vive. “Tentada estuve de escribir ‘En otra vida’. Como si las estaciones cambiaran con los años”, se lee en uno de los poemas configurados en la encrucijada del duelo por la muerte de su madre. En el espacio fundado por el poemario, Lorenzano susurra, desde una intimidad sin estridencias, un dolor que instaura una fisura al silencio.

El templado acento mexicano de Lorenzano es como un golpe que vibra unos segundos en la puerta de su boca y cuando el enjambre de imágenes pretéritas avanza, la dicción se acomoda, junto con las palabras, para plegarse a un modo que suena más porteño. Era una adolescente que recién ingresaba a la secundaria, cuando en 1973 asumió Héctor Cámpora la presidencia. “Los más chicos nos estrenamos en el centro de estudiantes en discusiones interminables; fue un momento de mucha movilización y militancia escolar”, recuerda la escritora en la entrevista con Página/12. “Vengo de una familia de izquierda, pero muy contraria a la lucha armada; en plena discusión si había que meterse o no, una parte entró y están desaparecidos. La otra que no entró, entre los que estaban mis viejos, más cercanos al PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores), fueron acusados entre comillas de ideólogos.” Lorenzano tenía 16 años cuando se exilió en México, junto con sus padres y hermanos, en julio del ’76. Como muchos argentinos, portaban visas de turistas y trataron de disimular, como pudieron, que las valijas que acarreaban se ajustaban a los 40 días estipulados. “En el momento de mayor tristeza, porque ya había desaparecido gente muy cercana y vivíamos con mucho miedo, México me descubrió la libertad”, dice la escritora.

El camino de la libertad se produjo en el Colegio Madrid, creado en 1939 por los republicanos españoles refugiados en la capital mexicana, donde Lorenzano terminó de cursar la escuela secundaria. “Yo venía de una situación de mucha represión; no era sólo la dictadura, antes de la dictadura también”, rebobina la película de su peripecia escolar. “Estábamos acostumbrados a una educación pública argentina muy represora y autoritaria. Y cuando llegué a ese espacio maravilloso del colegio Madrid, descubrí otro mundo. Reivindico mucho la nacionalidad argen-mex, porque tengo clarísimo que no sería quien soy sin los primeros 16 años de mi vida acá, pero tampoco sin esa vida allá.” En 1983 comenzaba a escribirse el prólogo de la democracia argentina. Un dilema atravesó a la familia Lorenzano: volver o quedarse. Los padres y hermanos eligieron regresar inmediatamente. “Yo estaba casada con un chico mexicano, que es el padre de mi hija Mariana, pero finalmente volví en el ‘87. Mariana nació acá y me fui a vivir a Tilcara. Si en algún lugar recuperé la buena relación con este país, fue en Tilcara. Si puedo volver todos los años y ser muy feliz es porque viví ese tiempo en Tilcara”, repasa la autora de la novela Saudades (2007) y el ensayo Escritura de sobrevivencia, sobre la narrativa argentina y la dictadura. En 1991 se instaló en Buenos Aires y se integró a la cátedra de David Viñas. Pero en el amanecer de los ’90, el amor cambió su cartografía existencial –se enamoró de un mexicano– y otra vez rumbeó hacia México. “Mi vida se ha regido bastante por las pasiones”, dice intentando condensar el péndulo amoroso. “Cuando volví a México, fue como volver a casa. Me pasa cuando vengo acá. Tengo estas dos casas: ¡Qué voy a hacer! Es así.”

Aunque el exilio es una marca ineludible en la literatura de Lorenzano, los poemas de Vestigios hilvanan el duelo por la muerte de su madre. “Cuando reapareció la posibilidad de la palabra, lo único que podía escribir era poesía. Trabajé con esos poemas que fueron surgiendo, que combinan el duelo con la experiencia amorosa, el erotismo, el cuerpo amado; escribir de eso que (Juan) Gelman llama ‘la palabra calcinada’. Yo soy una buena lectora de Paul Celan, todo lo buena que puedo ser sin hablar alemán”, aclara. “Me interesa la relación de la poesía con el dolor, con el horror, pero también la palabra como posibilidad de memoria; la palabra de la creación, que no es sólo dolor, también expresión de vida.”

–¿Por qué el primer poema de Vestigios empieza con un verso que plantea “restaurar el silencio”?

–Se podría pensar que hay dos tipos de silencio; en realidad nada de lo que digo son certezas, sino exploraciones. El horror te lleva al silencio, pero también hay un silencio necesario, imprescindible, para la aparición de la palabra. Yo necesito del silencio para escribir, pero no del silencio externo, sino del silencio interior. Necesito encontrar ese resquicio para que de ahí surja la palabra literaria. Si no es así, me da una sensación de falsedad. Entonces hay un silencio a priori, el silencio necesario para que surja la palabra; pero por otra parte está el silencio del horror, que se produce cuando hemos perdido la palabra. El silencio es un tema clave para mí; por eso el poema habla de “restaurar” ese silencio para ir más allá del dolor; un silencio que permita la aparición de la palabra.

–Aunque la palabra sea inasible, ¿no?

–La palabra poética es inasible; en realidad uno trata de asir algo de todo eso que se está escapando; hay sensaciones, sentimientos, experiencias, de las que no se pueden dar cuenta nunca. Las palabras permiten ir rodeando esas sensaciones, pero no podés asirlas. No hay nada quizá más contrario a la palabra poética que la fijación. La palabra poética tiene que ser algo que fluye, que destella; la estás leyendo y te queda circulando. En el momento en que se fija y se enquista, no tiene nada que ver con la poesía.

–¿Cómo explica que se reiteren en sus poemas palabras como murmullo y susurros?

–El murmullo es eso que apenas alcanzás a escuchar. Como son textos que surgen del duelo, es lo que apenas decimos en voz baja. La poesía que me interesa es sutil: deja entrever algo y se borra enseguida. Es el tipo de literatura que me interesa escribir y también leer. Lo que no es grandilocuente, lo que no es vociferante, lo que no tiene certezas, lo que, como dirían en México, “no se la cree”.

–La frase “todos volvieron mudos del frente de batalla” de Benjamin refiere claramente al horror político, pero también podría tener su correlato con el duelo amoroso. ¿Comparte esta equivalencia?

–Sí, en parte sí, porque justamente esas experiencias tienden al silencio, ¿no? ¿Cuáles son las personas más amadas y cercanas? Aquellas con las que te has ganado el derecho al silencio; es muy linda esa idea de que te encontrás con alguien muy querido y las complicidades pueden ir más allá de las palabras.

–¿Por qué en los poemas no aparece una lengua permeada por el habla mexicana?

–Tampoco por la lengua argentina; como mi poesía no tiene coloquialismo, queda muy abierta. Mi conciencia sobre la lengua surge con el exilio. Como llegué en la adolescencia a México, hice un gran esfuerzo por volverme una adolescente mexicana. Yo puedo estar acá hablando con un mexicano y me doy vuelta y te hablo a vos en argentino. Así he funcionado a lo largo de 35 años. Yo uso poco la lengua coloquial; es un constructo que he armado y que es el resultado de juntar esas dos lenguas que tengo ahí...

Y por ahí ronronea, en lo profundo de su ser, una palabra con la que ha titulado una de sus novelas, Saudades. “Tabucchi dice algo genial sobre el tema. Las saudades portuguesas no sólo son nostalgias de lo que fue, de lo que pasó, de lo que perdimos, sino nostalgia de aquello que pudimos haber tenido y sin embargo no vivimos, de los futuros posibles. Esa idea de la nostalgia del pasado y de los futuros que no fueron me parece maravillosa. Y tiene que ver mucho con Vestigios; los vestigios son el paso del tiempo, pero también las posibilidades que no se dieron”, compara. “Javier Marías lo dice de otra manera en La negra espalda del tiempo: todo lo que pudimos haber vivido y no vivimos queda en la negra espalda del tiempo. Marías parte de la foto de un hermanito, al que ni siquiera conoció. El primer hijo de sus padres murió cuando era un chiquito de dos o tres años. El tiene la foto de ese hermano, Juliancito, y construye el relato a partir de ese chico que no tuvo futuro y quedó en la negra espalda del tiempo.”

–Este interés por lo que pudo haber sido, ¿cree que le viene de la experiencia del exilio?

–Quizá surge del exilio pero, ¡cómo saberlo!... Está la idea de que pudimos haber tenido una vida acá, pero esa vida quedó en la negra espalda del tiempo. De hecho, tuvimos otra vida en otro lado, y eso hace que después de 35 años yo siga viviendo en México y venga, lo más seguido que puedo, a encontrarme con gente querida y ver a mi familia. Y siempre regreso con la sensación de qué hubiera pasado si me hubiera quedado o qué pasaría si volviera. Son todos juegos de la imaginación; uno puede jugar con esas posibilidades. Pero en el ’83 se terminó el exilio. Yo no soy de las plañideras del exilio. El llanto por el exilio no tiene que ver conmigo; entiendo que hay un dolor de base, creo que todos los seres humanos tenemos un dolor originario, pero no comparto para nada el lado plañidero del exilio, porque a mí me permitió descubrir un mundo maravilloso que disfruté en mi adolescencia. La patria es una construcción imaginaria: yo tengo una patria imaginaria donde hay cosas de México y Argentina. Y siempre digo que en una patria crece mi hija y en otra envejece mi padre; en una tengo pasado y en la otra tengo futuro. Y vivo así. Cuando se terminó el exilio, estar afuera o no se convirtió en una elección. Y yo elegí quedarme en México.

–¿Cómo funciona el “compendio” de citas que hay en Vestigios, como las de los poetas Edmond Jabès y José Angel Valente?

–Cualquier experiencia de creación no deja de ser una experiencia colectiva. En el momento en que me siento a escribir, junto conmigo se sientan todos los libros y todos los autores que me han marcado. Valente es un poeta que me encanta, no sé si se lee mucho en Argentina; pertenece a lo que los españoles llaman “los poetas del silencio”. Me interesa esa relación con cierta búsqueda del silencio que conecta de una manera laica con lo inefable de la poesía; por eso Valente y Edmond Jabès. Cuando vivís una experiencia como el exilio, es muy obvia la marca de la historia. Y sin embargo, cuando escribo poesía, no es la marca de la historia lo que está presente; aunque aparece, pero siempre de una manera muy sutil. Creo que las citas es un modo de reconocer a aquellas voces que me acompañan cuando estoy escribiendo.

Entre un silencio y otro, Lorenzano vislumbra las huellas de esas voces. “Una parte de mi formación tiene que ver con las feministas, que usan un concepto que me gusta mucho: ‘la mirada oblicua’. No hay que fijar la cultura de pertenencia ni el lugar de residencia; todo lo ves desde un ángulo sesgado, en chanfle. Ese lugar me interesa para la escritura.”

Noé Jitrik en "Página 12"

La nada y las cosas

Por Noé Jitrik
El inolvidable John Lennon escribió y cantó “Nothing is real”, una sentencia cuya profundidad y fuerza sugestiva, poética, no se le puede escapar a nadie, aunque se pueda percibir en ella un tenue dejo budista: se sabe de qué modo él y sus amigos fueron atraídos por esa lejana y serena filosofía. Pero eso no importa: importa más bien el alcance de esa frase: ¿acaso no hemos sentido todos, alguna vez, que eso que llamamos real estaba ausente o se nos perdía, que no perduraba, que el aire parecía llevárselo todo? En especial todas esas probables cosas que están como contenidas en el “nothing” que, por esa razón, no es “la nada” o una nada absoluta sino una expresión de lo inalcanzable de las cosas, nuestra impotencia.

Ese modo de decir tiene su historia; los estoicos griegos lo sospecharon y los idealistas creyeron encontrar la solución; el propio Mallarmé, que escribió un soneto, que se desdice a sí mismo dejó su soneto como un algo que no terminamos de entender. Incluso, Marshall Berman, parafraseando al mismo Marx, consumado filósofo de las cosas que perduran en la historia y en la sociedad, también lo dijo, “todo lo sólido se desvanece en el aire”, aunque con menos carga subjetiva y filosóficamente dolorida.

Volviendo a Lennon estado de ánimo se dirá, pero que es evidente que no todos los seres humanos comparten: algunos, muchos, no se dan cuenta de lo que encierra esa frase, viven en la ilusión convencidos de que lo que es es y lo que no es no es; otros combaten lo que eso podría querer decir expresándose, a sabiendas, mediante férreas sentencias marxistas, que sólo los filósofos idealistas, o Jorge Luis Borges, se animan a contradecir al costo de un inmediato vilipendio. Haciendo poco caso de los sentimientos que brotan de dicho idealismo, los marxistas de todo tipo proclamaron y proclaman, a voz en cuello, que lo único que existe es la realidad o sea que “todo” es real, aun lo mental, no ya las figuraciones del imaginario cuya realidad de cosa desborda su carácter específico: una pintura es un objeto a la vez perceptible e imaginario. Se supone que saben lo que es la realidad, además de percibir lo inmediato de las cosas que integran ese “todo” y de sentir su peso.

¿Cómo oponerse a ello? Pero, al mismo tiempo, ¿cómo renunciar a ese sentimiento de incertidumbre, de filtración o de pérdida que nos entristece y nos hace penetrar en una dimensión temblorosa, como si nos arrojáramos, sin saber nadar, en un profundo cenote pero que al mismo tiempo nos confiere el don de la transitoriedad, en suma, de percibir y sentir lo que se pierde?

Nadie ignora que la afirmación anti Lennon, pro-proto-filo-post marxista, es compartida, en un nivel superior –en el otro no hay problema, al pan pan y al vino vino– por todos los que intentan cauterizar las heridas que afligen al mundo, lo cual ha dado origen y sostén a políticas muy inmediatas y concretas: ningún político prosperaría si no se ocupara de las cosas concretas, diría alguno con toda convicción, si no se atribuyera comprenderlas y si por dudar de su existencia renunciara a hacer algo con ellas. No se podría, teniendo en cuenta el dolor que reina en el mundo y la necesidad de paliarlo, pensar de otro modo, aun no siendo secuaces de Lenin: Juan Domingo Perón, no precisamente uno de sus herederos, decía con duro e irrefutable acento: “la única verdad es la realidad”. “¿Qué es para usted la verdad, qué la realidad?” se le podría haber preguntado, pero eso parece tan obvio que casi es tonto decirlo. La realidad era lo que estaba enfrente, con una contundencia casi ofensiva: admitirlo desbarataba toda pregunta, todo cuestionamiento y si permitía actuar sobre ella entonces ahí estaba la verdad, no en las meras criaturas de la mente.

¿Qué valor, por lo tanto, tiene la frase de John Lennon? Se le podría decir que, en efecto, estamos de acuerdo, nada es real, pero la frase que dice que nada es real posee un nivel de realidad irrefutable, tanto que da lugar a una bella canción que todo el mundo entiende, como canción, no como un “es así” con el que es imposible manejarse. ¿Hay un antagonismo entre la poesía y las cosas? Más bien poesía y cosas circulan juntas como por un río subterráneo que las une y las hace indistintas, una y otra tienen la consistencia de los sueños.

Se puede, en consecuencia, negar o afirmar lo real, siempre quedará, como un “algo” sólido y que no se desvanece, la afirmación o la negación, las palabras que lo enuncian y que son, ellas, inmortales, las conozcamos o no. Para los idealistas tradicionales ser era ser percibido, o sea cuando hay una conciencia que las distingue y desaparecen cuando esa conciencia se eclipsa o se distrae pero, al mismo tiempo, esa conciencia no sólo precede a la percepción sino que es despertada, si está dormida, o creada, si no existe todavía, por algo que es exterior a ella.

Creo, a esta altura del razonamiento que la frase en cuestión es más una queja que otra cosa: la queja se produce porque las cosas reales nos son esquivas, porque las perdemos o porque no las hemos llegado a poseer. Queja amorosa, queja por el tiempo que se lo lleva todo, queja por la muerte que acecha o porque la poesía derrota a la muerte sólo en las palabras, no en el sujeto capaz de producirla. Quizás, inclusive, queja trivial porque todo eso que la motiva ya lo conocemos, está en nosotros desde que nacemos y en relación con todo. “¿Para quién te acicalas, vanidoso? Para la muerte”, pone en un epígrafe Arturo Cerretani en una de sus memorables novelas, como si nos quisiera recordar que un poeta llamado Francisco de Quevedo pasó toda su vida tratando de entender que la muerte no espera. Obviamente, no lo entendió, pero nos dejó una preciosa herencia: “serán ceniza mas tendrá sentido, polvo serán mas polvo enamorado”.

9 de junio de 2011

viernes, 27 de mayo de 2011

Una litratura sin coordenadas -Ezequiel Martínez

Revista Ñ-Clarín-24/05/11
Una literatura sin coordenadas
Bajo la consigna “Sueños y delirios de la identidad”, casi un centenar de escritores participaron en Puerto Rico de un encuentro que puso a la narrativa en su no lugar, el II Festival de la Palabra.

POR EZEQUIEL MARTÍNEZ


Cuál es el lugar de la literatura? ¿Es la lengua en que se escribe, el horizonte que se narra, la identidad globalizada, los trazos que dibujan un planisferio virtual? Mientras los límites se confunden y las fronteras se desdibujan, casi un centenar de escritores provenientes de América latina, Estados Unidos, Europa y otros llegados de narrativas más exóticas –al menos para nosotros– como el Líbano, Angola o Guinea Ecuatorial, se reunieron entre el 4 y el 8 de mayo en San Juan de Puerto Rico en el marco del II Festival de la Palabra y bajo la consigna “Sueños y delirios de la identidad”.

De eso se trató: de entender desde qué lugar se escribe y para quiénes, a través de la voz de estos autores aterrizados desde geografías diferentes que asomaron sus palabras en un mismo punto en el mapa. Y sí, justo en Puerto Rico, donde la cuestión de la identidad calienta tanto como el sol del Caribe a mediodía: cuando en 1998 se hizo el último plesbicito para saber si sus ciudadanos querían ser a) un Estado Libre Asociado de los Estados Unidos (situación actual), b) Estadidad (incorporación como un Estado más de la Unión), c) Independencia o d) Ninguna de las anteriores, esta última variante tuvo más del 50% de los votos.

No ser de aquí ni ser de allá, ésa es la cuestión. Curiosamente, muchos de los escritores invitados al Festival no residen en su país de origen. De los Estados Unidos llegaron el dominicano Junot Díaz, los bolivianos Edmundo Paz Soldán y Giovanna Rivero, los guatemaltecos Eduardo Halfon y David Unger; de España el argentino Andrés Neuman, el chileno Carlos Franz, los cubanos Rolando Menéndez y Abilio Estévez, los peruanos Santiago Roncagliolo y Fernando Iwasaki y la uruguaya Carmen Posadas; de Francia el venezolano Gustavo Guerrero; de Portugal la cubana Karla Suárez... Otros, como el colombiano Santiago Gamboa o el mexicano Jorge Volpi, sellan su pasaporte según dónde los lleve la diplomacia. De los 45 autores locales, encabezados por la directora ejecutiva del Festival, Mayra Santos-Febres, la mayoría permanece arraigada en esta isla donde se escribe en español aunque el inglés sea el idioma oficial.

“Los humanos somos islas que formamos archipiélagos cuando nos comunicamos”, decía la española Ana María Matute, una de las invitadas de lujo junto con el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal (ver recuadro). Ese archipiélago quedó esbozado en 30 mesas redondas, diálogos y debates matizados, al mejor estilo boricua, con recreos de rumba, playa y ron, en desorden de aparición. Esa misma informalidad es la que permitió que se conocieran, con la excusa de una foto, los dos escritores con raíces latinas que ganaron el Premio Pulitzer de Novela: Oscar Hijuelos, hijo de inmigrantes cubanos que lo recibió en 1990 con Los Reyes del Mambo Tocan Canciones de Amor , y el dominicano criado en Nueva Jersey Junot Díaz, que lo obtuvo en 2008 con La maravillosa vida breve de Óscar Wao . Si de identidades nómades se trata, Díaz confesó que hasta la sufre en su literatura: “Estoy en esa etapa, como perdido en el desierto, en la que no sé adónde voy aunque sé que tengo que llegar a algún lugar”.

Ahora bien, ¿es necesario asumir una identidad? Al margen del limbo en el que a veces se sienten los escritores portorriqueños (“Todavía hay gente que no entiende que somos parte de América latina”, ha dicho Santos-Febres en la presentación de una antología con 24 autores locales, En el ojo del huracán ), el interrogante es de patrimonio universal. José Santos, Karla Suárez y Fabienne Kantor compartieron una de las mesas en las que se identificaron como antillanos en virtud de los lazos maternales que los unen a Puerto Rico, Cuba y Martinica, respectivamente. De algún modo, lo que escriben sale a la superficie a partir de la experiencia de haber vivido en naciones diferentes, adaptándose a patrias ajenas y decantando esas mudanzas en su literatura. Mientras Kantor se detiene en los conflictos de identidad de los afro-descendientes y Santos sostiene que no existe un solo tipo de inmigrante porque el contexto cambia en cada persona, para Suárez “las migraciones aportan mucho a la identidad porque descubres cosas de ti que a lo mejor no sabías en tu país de origen”.

En otro de los debates, el mexicano Jorge Volpi consideró que nociones como patria y religión están concebidas en realidad como mecanismos de exclusión: “Son las ideas más perniciosas engendradas en los últimos tiempos”, precisó. A su lado, el venezolano Israel Centeno sumó la idea de que “la única patria es la que se mueve en los afectos”, algo similar a lo que manifestó el cubano Abilio Estévez: “La patria es un lugar común que puede estar en la literatura, en los libros, en un bolero o en el sabor de una comida; son esas pequeñas cosas que uno lleva consigo”. Para el peruano Iván Thays, en cambio, la identidad cultural no puede disociarse del concepto de país. “La cultura es el verdadero tesoro, la herencia que tiene un país. Si no hay cultura, no hay país. Es una relación directa”.

¿Y qué hay de la memoria? ¿Alimenta o adelgaza la identidad? según el Pulitzer Oscar Hijuelos, “la memoria tiene que ver con el idioma, que es parte de ese proceso de creación de la identidad. Para mí lo sentimental llega a mí en español, aunque mi educación racional fue en inglés. Pero cuando pienso en cosas de mi niñez las memorias me llegan en español”. Ese equipaje de recuerdos es quizás una de las cosas que más pesan a la hora de escribir, como si la necesidad de acortar las distancias con el origen sólo fuese posible a través de la literatura. “Las novelas se forman de memoria e imaginación –dijo el colombiano Santiago Gamboa, que vivió en España. Francia, India y ahora en Italia–. La memoria nos permite conectar con algo que hemos perdido y es irrecuperable, pero lo buscamos creando”.

Las patrias postizas, si es que existen, han abonado la narrativa de todas las épocas. Mientras algunos no pueden “zafar de su país” –lo dijo el guatemalteco David Unger, a quien sus escritos lo hacen siempre “regresar allí”–, otros como el peruano Santiago Roncagliolo se enriquecen con las geografías adoptivas. “Descubres emociones que no tenías antes; la mayor parte de mis libros han sido en base a lo que esos nuevos escenarios me han sugerido”, explicó. Para el mexicano Guillermo Arriaga, escritor y guionista de películas como Amores perros , la función de un artista es justamente presentar mundos que nadie nunca ha visto, con el propósito de vernos a nosotros mismos: “Creo que los seres humanos necesitamos esa pulsión de ficcionalizar la vida, de encontrarnos en la vida”, sea donde fuese que ésta nos aterrice.

Hubo otra identidad que tambalea, o al menos que se está acomodando sobre la marcha: la del escritor frente a Internet. La fragilidad del papel ante los embates de la web, la distancia que genera con los nuevos y viejos lectores, o la manera en que modifica la literatura, fue otro de los interrogantes que sobrevolaron el Festival. Convertida a veces en dios y otras en diabl++o, la red fue llevada a juicio sin llegar a un veredicto. El brasileño Joao Paulo Cuenca contó que fue un pionero de la era de los blogs cuando en 1999 creó uno que le acercó una cantidad de seguidores insospechados. “En pocos meses tenía lectores, tenía críticos que hacían debates sobre lo que yo escribía. Desde mi silla, entendí que mis textos podían tener muchas más lecturas e interpretaciones de las que imaginaba. Ahora en Facebook tengo 4.500 amigos, y cuando publico un libro es una herramienta fantástica para difundirlo. No creo que sea interesante negar estas posibilidades de la tecnología como algo antiliterario. Internet no hace de nadie un escritor mejor, pero puede ayudarte a conocer a buenos escritores”. También el español José Angel Mañas apostó a las bondades de las redes sociales. “Yo tengo un tweeter y me va estupendamente –confesó–. Es una herramienta de comunicación absoluta; nunca se ha dado una situación de sociabilidad humana tan inmensa, aunque a veces pueda producir desorientación y angustia. Pero creo que las redes son la cara amable de la globalización, porque además le están poniendo fin a la era de los compartimientos estancos”, concluyó. En un escalón intermedio, la boliviana Giovanna Rivero reconoció que aunque los lectores están ávidos de encontrarse con sus autores, en estos casos se trata de lectores no presenciales, más pasivos, donde la retroalimentación es más virtual. “Si yo estoy sentada hoy aquí es porque Internet ha hecho posible amistades y relaciones que en otro momento hubiesen resultado mucho más difíciles de establecer. Ahora, las redes sociales como Facebook imponen una velocidad que formatea la literatura, y esa velocidad está permeando el modo en que narramos. Yo hice una pausa en mi blog porque decidí dedicarme a la novela, y el blog me generaba una fuga y desgaste de creatividad”. Mañas apoyó esa actitud, porque según su punto de vista “a la literatura hay que rumiarla mucho, y la red es la inmediatez”. Lo mismo que concedió Cuenca al subrayar que efectivamente “la novela necesita otra maduración, y a mí no me interesa ir publicando ese proceso de escritura capítulo a capítulo”.

Del otro lado del mostrador, la portorriqueña Jannette Becerra fue de las que renegó de las posibilidades virtuales: “Mi caso es curioso porque no me resisto a la tecnología, pero no la vinculo con mi trabajo literario. Creo que hay un fenómeno de visibilidad por parte de algunos autores que necesitan que su obra circule de inmediato, quizás como una forma de gratificación personal. No lo critico ni lo censuro, pero yo no tengo esa avidez; la publicación precipitada puede atentar contra algunos textos que pueden beneficiarse con una maduración”. Su compatriota Tere Dávila, en tanto, juzgó que Internet está afectando la calidad de los lectores y escritores: “Sin duda es una vía para ser leídos, pero no todo lo que circula por ahí vale la pena”.

El II Festival de la Palabra dejó más, muchísimo más. Se habló del mercado editorial, de la relación entre cine y literatura, hubo talleres y visitas de los autores a las escuelas más remotas de la isla, hubo amigos reencontrados y otros recién estrenados. Hubo, también, un anexo en Nueva York, del 10 al 12 de mayo, que reunió a una docena de escritores visitantes con otros residentes en Manhattan. Hubo también un 1° Premio Iberoamericano de Narrativa Las Américas a una novela publicada en el último año, dotado de U$ 25 mil y concedido por un jurado de escritores encabezados por Edmundo Paz Soldán.

Blanco nocturno de Ricardo Piglia fue una de las cinco novelas finalistas, pero ganó La doble vida del chileno Arturo Fontaine.

Hubo palabras, de las que sobran, de las que faltan y de las que están por venir.

Entrevista a Beatriz Sarlo Ñ Clarín-24/5/2011

Sarlo, con un best seller que reabre la polémica sobre la figura de Kirchner
El kirchnerismo y el peronismo histórico pueden embellecer cualquier cosa que hagan, dice en la entrevista Beatriz Sarlo, autora de La audacia y el cálculo.

POR HÉCTOR PAVÓN - hpavon@clarin.com




No deberían dar Sarlo-678 en pantalla gigante en algún lado? No sé, un Rosedal o en Congreso!” dice un tweet de ayer. Apenas se supo que Beatriz Sarlo, la intelectual crítica del kirchnerismo iba a estar en el programa de televisión “678”, se multiplicaron los comentarios irónicos y también de apoyo a la autora de La audacia y el cálculo. Kirchner 2003-2010 . Especie de dama de hierro del pensamiento nacional no popular, en esta entrevista, Sarlo conversa sobre los temas que trató en su libro.

-En contrapartida a sus últimos artículos políticos, este libro está sostenido por un tono apacible en el análisis del kirchnerismo...
-Es un libro donde yo quise explicarme el kirchnerismo y cuando uno quiere explicar un fenómeno político se ve obligado a incorporar elementos que puedan jugar como contrapeso a juicios muy tajantes. Yo diría que es el libro de alguien que no es kirchnerista, que se siente ajena a ese universo ideológico-político, pero que no se siente tan lejos como para no poder entenderlo. Tengo la impresión de que hay una zona del anti kirchnerismo que se siente tan lejos de ese universo político, que se le altera la óptica para verlo. Quizás por una historia común de pertenecer a la nueva izquierda, yo, tanto como la gente de Carta Abierta como mucho kirchnerista que está en el gobierno, aunque nos separen cuestiones hoy fundamentales, tenemos una experiencia común de pasado, que me permite colocarme en una óptica quizás un poco más cercana.

-Facebook, Twitter se convirtieron en herramientas políticas. Sin embargo, hasta algunos peronistas se burlan de su efectividad y de quienes se dicen militantes virtuales...
-Cada uno habla sobre el lugar en que está instalada su militancia o compromiso político. Yo tengo la impresión de que en el Facebook de 678, que tiene 250 mil amigos más o menos, hay kirchneristas de la mediana edad que se los ve cuando llegan a la plaza con las columnas de cuarentones y cincuentones. Twitter se divide en dos mundos: el juvenil que es el de la tecnología; y el de los políticos que se entrenaron para participar porque piensan que no pueden no estar allí. Y habría un tercero, que quizás es el más interesante, que es el de los periodistas kirchneristas y antikirchneristas. Ese es el mundo que tiene más links y tweets. De todos modos, al 70% de los argentinos no le interesa la política en absoluto, habla de política una vez por año con su familia.

-Pareciera que no hubiera vida fuera del peronismo, que la oposición ni siquiera pudiera pelear por la política grande...
-Yo pienso que algunos miembros de la oposición están creyendo que pueden jugar el partido grande, como Ricardo Alfonsín. Creo que la alternativa hubiera sido presentar una alternativa de centro izquierda. Ocurre que el kirchnerismo y el peronismo histórico tienen la posibilidad de embellecer cualquier cosa que hagan. Pueden tener los peores aliados, los más bizarros acompañantes de derecha pero queda bajo el manto de que hay un modelo y hay un proyecto. Los radicales no pueden cometer ese error, nadie va a dejar de decir “ustedes se están aliando con De Narváez”. Lo esencial es que el kirchnerismo puede poner lo que quiera en una lista y no va a ser examinado por eso, va a ser examinado porque él se sacrificó y puso el modelo contra viento y marea y porque ella está continuando con la tarea de esa sociedad política que formaron, mientras que los demás van a ser examinados en todo lo que hagan. A los demás ni perdón, como diría Perón.

-La necrológica que escribió sobre Kirchner tuvo muchas repercusiones, fue elogiada por todo el arco ideológico. ¿Hay una “mano tendida” allí, como escribió José Pablo Feinmann en el libro “El flaco”?
-Yo no quiero interpretar a Feinmann después de todo lo que me ha insultado en estos años, quizás él piense que ha llegado el momento de dejar de insultarme y tender la mano. Yo no debato con falsedades ni con insultos, a Feinmann lo dejo de lado. La necrológica que escribí tiene la posición que se desarrolla en mi libro, la de una figura extremadamente interesante políticamente, con rasgos que desde un punto de vista ideológico me parecen repudiables como es el uso de lo público en función de su carrera política, el uso del Estado. Uno dice: “qué político interesante, qué inventivo, cómo pudo arriesgar tanto y le salió bien”, o “cómo se recompuso rápidamente de la derrota con el campo y fue por más”. Político interesante y audaz. No un loquito de la política. Kirchner nos pone ante eso: un político que es interesante para estudiarlo, incluso para haber vivido los años en que él fue presidente, y al mismo tiempo un político cuyos principios están ausentes. Y los principios necesarios, a mi juicio, son el funcionamiento lo más pleno posible de las instituciones y la escisión entre lo personal, lo partidario, el gobierno y el Estado.



Sarlo básico

Ensayista, Buenos Aires 1942. Trabajó en el Centro Editor de América Latina. Fue profesora de Literatura Argentina en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Dictó cursos en Columbia, Berkeley, Maryland y Minnesota. Entre 1978 y 2008 dirigió la revista “Punto de vista”. Entre otros, escribió: “El imperio de los sentimientos”; “La pasión y la excepción”; “Tiempo pasado”; “La ciudad vis

Lean, miren, escuchen. Carlos Maslaton para Ñ

En la Argentina no existen estadísticas oficiales sobre la cantidad de libros que los consumidores adquieren en librerías, y aún menos en sitios virtuales del estilo de Amazon y firmas similares. Lo que sí se registra escrupulosamente es la producción de libros y los distintos segmentos que los diferentes géneros representan dentro del total producido. De todos modos, las editoriales organizan su volumen de tirada en relación a estimaciones cercanas a los valores de venta registrados en los años anteriores.

Los datos aportados por las estadísticas que lleva la Cámara Argentina del Libro (CAL) revelan que en curso del año 2010 las editoriales lanzaron al mercado 22.781 títulos, lo que conlleva a una producción total de un poco más de 60 millones de ejemplares. La parte más sustanciosa de la torta se la lleva la producción de libros de literatura, con 16.733.455 de ejemplares. Dentro de esa misma franja, pero específicamente en el género de producciones destinadas a un público infantil y juvenil, la cantidad de volúmenes alcanza los 16.458.358. En tercer puesto del ranking, las necesidades de satisfacer el interés del público lector están orientadas hacia la venta de libros de temáticas vinculadas a las ciencias sociales y humanísticas, con 15.795.615 unidades.

Por su parte, el Sistema de Información Cultural de la Argentina (SInCA), dependiente de la Secretaría de Cultura de la Nación, tiene en su página oficial el acceso a los datos que permitirían hacerse una idea clara de cuánto de lo que producen editoriales y empresas discográficas llega a manos de los consumidores de bienes culturales. Pero, también, sólo registran cuánto se produce, pero no cuánto se consume.

Las estadísticas más actuales del SInCA corresponden al año 2008 y reflejan únicamente el porcentaje que cada provincia tiene en el total de libros producidos: la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con 67,28 por ciento; Buenos Aires con 10,16 por ciento; Córdoba con 5,12, Santa Fe con 3,67 y el resto del país con 5,46 por ciento.

En el área estadística de la Ciudad de Buenos Aires, el Observatorio de Industrias Culturales (OIC) tiene valores provisorios sobre el ciclo 2010, pero estima que durante el año pasado la publicación de títulos aumentó un 15,5 por ciento, mientras que la cantidad de ejemplares disminuyó 8,1 por ciento en relación a los valores arrojados por el ciclo 2009.

Pero una idea del nivel de consumo de libros a nivel nacional puede obtenerse a través de referentes destacados de la industria: consultada por Ñ , la editorial Planeta Argentina informó que durante el curso del 2010, sus productos (incluyendo todos los géneros) alcanzaron la cifra de 2.500.000 ejemplares vendidos. Por su parte, Random House Mondadori llevó a las bibliotecas de los argentinos 3.900.000 libros.

Las cifras de venta de las editoriales independientes son modestas, en comparación con los grandes tanques del mercado, pero no desdeñables: Ediciones Continente admite un incremento del 35 por ciento en el volumen de ventas durante los últimos doce meses, y un total de libros vendidos de 40.000 ejemplares durante 2010. El hit de la editorial es La Filosofía de House , de William Irwin y Henry Jacoby, con varias ediciones agotadas.

El universo del libro en los Estados Unidos es de una categoría económica diferente: según los datos relevados por la Association of American Publishers (AAP), las ventas anuales correspondientes a 2009 arrojaron un saldo neto de 24 billones de dólares, con un promedio de crecimiento anual del 1,1 por ciento durante los últimos siete años. En el mercado norteamericano, el audio book (libros grabados por los propios autores o por importantes personalidades del showbizz local) tiene una presencia que en nuestro país es casi nula, y sus ventas en 2009 significaron una facturación de 192 millones de dólares, mientras que los libros electrónicos (cuya presencia en el mercado de la Argentina todavía es incipiente) alcanzó los 313 millones de dólares, lo que significó un 176 por ciento de aumento en relación a las ventas del año anterior. Los textos eminentemente educativos (desde el nivel primario al universitario) arrojaron ventas por 9 billones de dólares. Un dato más: los libros de temática religiosa representaron 659 millones de dólares de ingresos a lo largo de 2009.

En el terreno de la música, los números que maneja la Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas (CAPIF) registran las cifras de consumo del período 2009, que alcanzó las 13.591.618 unidades, incluyendo todos los soportes físicos relacionados con la industria: cd, casetes, singles, videos, vinilos y dvd musicales. En términos netamente económicos, la industria generó ingresos por un monto superior a los 333 millones de pesos. El formato más vendido en nuestro país continúa siendo el cd, que concentra un 89 por ciento del mercado. De todos modos, estos números también adquieren cierto matiz de provisionalidad: se calcula que el 60 por ciento del dinero que se mueve en el mercado de la música corresponde a las ventas ilegales.

A nivel mundial, las estadísticas aportan datos más cercanos: el Digital Music Report 2011, recientemente publicado por la Federación Internacional de la Industria Discográfica (IFPI) reveló que la tendencia de los consumidores a acceder a la música a través de canales digitales siguió creciendo en 2010. Se han expandido modelos de suscripción nuevos y fáciles de usar –Spotify, Deezer y Vodafone– junto a los cientos de servicios legales para descargar música a los que los consumidores ya tienen acceso. Las discográficas también se han asociado con las operadoras de telefonía celular para ofrecer servicios musicales en Irlanda, Taiwán, Italia, Corea del Sur, Dinamarca, Noruega y Suecia. Se estima que en 2010 los ingresos por la venta de música en formato digital aumentaron un 6 por ciento en todo el mundo, alcanzando un total de 4.600 millones de dólares. El mercado de música digital comprende dos segmentos: a) Celulares o mobile, que incluye la descarga y acceso a contenidos desde teléfonos celulares y b) Internet como medio para la descarga de contenidos musicales.

En la actualidad, los canales digitales representan el 29 por ciento de los ingresos de la industria musical a nivel mundial, porcentaje superior al de 2009, que fue de un 25 por ciento. En 2010, el crecimiento fue relevante en Europa (de casi un 20 por ciento), y las ventas de álbumes en formato digital crecieron mucho en los principales mercados (29 por ciento en el Reino Unido, 43 en Francia, y 13 en Estados Unidos).

El mismo informe de IFPI da cuenta de los últimos avances en el mercado de la música digital. En 2010, los servicios por suscripción tuvieron gran incidencia: Spotify alcanzó a tener más de 750.000 abonados, y Vodafone Music acumuló más de 600.000 clientes en ocho mercados europeos. Deezer ha logrado un alcance significativo en Francia, donde es utilizado por un 13 por ciento de los usuarios activos de Internet.

Según un informe elaborado por CAPIF, en la Argentina las ventas digitales representan el 7 por ciento del mercado total de música, mientras que el promedio a nivel regional es del 15 por ciento. En cuanto al consumo de dvd, es otro de los terrenos donde no se hallan cifras locales, dado que el auge de la piratería a través de los medios electrónicos se ha convertido en el talón de Aquiles de la industria. Un solo ejemplo basta para graficar la gravedad del problema: el año pasado, Sony Pictures Entertainment informó que estaba evaluando la posibilidad de ya no vender películas en dvd en España, dado que en ese país la piratería había pasado en apenas un año de 132 millones de descargas a 350 millones. Las ventas de filmes en dvd cayeron alrededor de un 30 por ciento y cerraron cerca de 9.000 locales que se dedicaban a comercializar el formato en el territorio español. Pero no es éste el único caso: desde 2008 los estudios de Hollywood no venden más películas en dvd en Corea del Sur. En ese país, el sector está totalmente copado por las ventas ilegale