jueves, 28 de octubre de 2010

Entrevista a María Teresa Andruetto: Si olvidamos estamos muertos

LA GACETA Literaria
ENTREVISTA A MARIA TERESA ANDRUETTO
"Si olvidamos, estamos muertos"

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Domingo 24 de Octubre de 2010
. La escritora cordobesa resalta que la memoria del pasado reclama la construcción de un presente mejor.
Por Carmen PerilliPara LA GACETA - Tucumán

El viaje por el pasado en la narrativa de Andruetto se inaugura con Stefano, atraviesa los cuentos de Todo movimiento es cacería y sostiene La mujer en cuestión y Lengua Madre. Dos epígrafes abren la primera novela: "Si yo pudiera atrapar la oscuridad / con los ojos abiertos" y "El mundo parece plano, / pero yo / sé que no lo es". Ambos aluden a la visibilidad y la experiencia. Sus textos exploran esos bordes, que, de algún modo, determinan los modos de ser en el mundo. - Comienzo con la pregunta que en Lengua Madre le hacen al personaje de Doris Lessing: ¿existe una escritura femenina? - Sí, existe. Es toda la literatura escrita por mujeres. La creación nace de lo particular y la condición de género no es una circunstancia menor, aunque no es la única. Como se escribe desde lo que uno es, desde todo lo que uno es, lo "femenino" abona la escritura de una escritora mujer. Al mismo tiempo, hay infinitas maneras de ser mujer y de escribir como la mujer que se es. No hay reglas, no hay encasillamientos, no debiera haberlos. Estoy en contra de encasillar, como muchas veces se hace, a las escritoras en el reino de las pasiones heroicas, historias de amor o cuentos para niños. En mi blog Narradoras Argentinas pretendo mostrar esa diversidad y armar una genealogía. - ¿Cómo te sitúas en relación a tu generación? - No estoy de acuerdo con ese lugar común que sostiene que escribir es matar simbólicamente al padre o a la madre. Pertenezco a una generación que no tuvo que matar simbólicamente a sus padres literarios, sino, por el contrario, hacerlos circular otra vez porque a muchos escritores y escritoras de la generación de mis padres los mató o los silenció la dictadura. Las escritoras argentinas, las mujeres de esa generación, han sido doblemente invisibilizadas. Por eso me interesa leerlas, releerlas, recuperar la herencia, inscribirme en esa línea. En ese sentido, diría que voy haciendo, en la escritura, y con las madres literarias, un camino similar al que hace la protagonista de Lengua Madre con su madre y con su abuela. Discuto, admiro, recupero lo "despreciado", me reconcilio. - Vos sos una gran lectora y has trabajado con talleres de lectura... - Me gusta compartir los textos, enlazar personas con textos, de ahí que disfruto de mi trabajo con talleres. Ciertas zonas de la literatura me interesan más que otras: una literatura de lo menor donde figura Chejov, Mansfield y Ginsberg; los neorrealistas italianos, la poesía en general y la poesía del siglo XX y los narradores argentinos de los 60. Creo que en los 80 se produce un abandono del relato, un desprecio por la importancia del relato en relación a lo social, relato que sostienen con mucha fuerza escritores como Libertad Demitropoulos, Liliana Heker, Andrés Rivera, Abelardo Castillo y Daniel Moyano. - ¿Qué es la lengua madre? - Puede ser muchas cosas. Pero sobre todo es la lengua de la madre. El título apareció al final. Me impresionó cuando supe, tardíamente, que mi madre no habló el castellano sino el piamontés hasta que fue a la escuela. El piamontés es, en mi caso, la lengua de la madre. Esta lengua oculta, borrada, sinónimo de "hablar mal", la lengua de los gringos. No soy una escritora compulsiva. En general parto de una imagen. Me interesa sobre todo trabajar la mirada en relación con la escucha y la voz. La escritura, es en última instancia, un intento por captar la voz. Así pensé La mujer en cuestión, una novela que tiene el tono del informe y que construí de modo fragmentario. En el origen de Lengua Madre está una carta de mi madre que había guardado y encontré tiempo después. Me interesa trabajar tanto con el espesor de la historia como con el de la ficción - Uno de tus personajes se pregunta si la pérdida de la memoria es una metáfora… - Se me impuso esa frase, como se imponen ciertas frases en la escritura del poema. Lo que rondaba todo el tiempo era la muerte. La muerte y sus metáforas. Si olvidamos, creo, estamos muertos, en el sentido literal y en el vulgar también. Una amiga me recordó que la historia es el pasado que se pone de pie, la memoria de ese pasado nos reclama que construyamos un presente mejor. En lo personal, pienso en una memoria histórica que recupere, que reconstruya, que construya hacia adelante.© LA GACETACarmen Perilli - Doctora en Letras,profesora de Literatura Hispanoamericana de la Universidad Nacional de Tucumán.PERFILMaría Teresa Andruetto nació en Córdoba. Es autora de cinco novelas, siete libros de poemas, uno de cuentos, otro de ensayos y más de una docena de textos infantiles. Obtuvo, entre otros premios, el Premio Nacional de las Artes, el Iberoamericano a la trayectoria en Literatura Infantil y la inclusión en la Lista de Honor de IBBY. Entre sus títulos, merecen destacarse las novelas Stefano, Veladuras y Lengua Madre

Vargas Llosa gana el Premio Nobel

10-2010 La Gaceta, Tucumán Información general
El combate entre ética y estética

Desde el comienzo de su trayectoria literaria asumió el lugar activo del intelectual y sus intervenciones en debates fueron siempre polémicas, debido, en parte, a sus cambiantes posiciones ideológicas. De la adhesión al socialismo a la lógica del mercado. Narrador brillante, no abandonó su frenética búsqueda de representar la realidad latinoamericana. Carmen Perilli - Doctora en Letras - Profesora de Literatura Latinoamericana en la UNT - investigadora del Conicet.


El sorpresivo anuncio del Premio Nobel ha llenado las páginas de la red de comentarios desatando un verdadero combate virtual. Es innegable, a pesar de que Roberto Bolaño lo acusa de "dinosaurio", que Mario Vargas Llosa es uno de los escritores más importantes de la literatura latinoamericana. Casi como ningún otro su figura prolonga los debates acerca de la relación entre ética y estética. Desde el comienzo de su trayectoria literaria el novelista asume el lugar activo del intelectual. Sus intervenciones en los debates culturales son constantes y polémicas, debido, en parte, a sus cambiantes posiciones ideológicas. Vargas Llosa se debate en el alineamiento a intereses totalmente opuestos. Se inicia como uno de los jóvenes modernizadores militantes de movimientos sociales opositores a los regímenes dictatoriales peruanos hasta convertirse en escritor estrella de la exclusiva comunidad del mercado cultural global.

Dos grandes ciclos
Siempre me fascinó su escritura, produciéndome reacciones ambivalentes que no distaban demasiado de la dificultad de leer a Borges en los 70. Sin embargo nunca pude desconocer la fuerza de atracción y el placer de su literatura.

Se puede distinguir dos grandes ciclos, enlazados por una etapa de transición. El primero se caracteriza por la fervorosa adhesión al modelo socialista, acompañado de una visión moral de la corrupción política. La transición, situada entre 1971 y 1974, coincide con el distanciamiento del escritor de la particular experiencia política del Perú, el alejamiento y la ruptura con la Unión Soviética y Cuba. Cambia su concepción social y su proyecto estético.

En los 90 Mario Vargas Llosa gira, junto con autores como Octavio Paz, hacia el proyecto neoliberal. La crítica Jean Franco señala que en él la lógica de la "libertad" definida en las trincheras de la guerra fría se volvió indistinguible de la lógica del mercado (80).

Es cierto que se trata de uno de los escritores donde la relación entre ideología y texto es muy fuerte. Su obra está surcada por sus contradicciones al mismo tiempo que por su enorme capacidad de trabajar con la lengua. Ha incursionado en casi todos los géneros, excepto la poesía. En el primer período podemos incluir obras como "La ciudad y los perros", "Los cachorros", "Conversación en la Catedral" y "La casa verde", signadas por su adhesión a las ideas de izquierda, su concepción de que "la literatura es fuego", al mismo tiempo que por la búsqueda experimental de modelos y la necesidad de representar las voces alternativas. En la segunda época, impregnada por el liberalismo, las novelas pregonan el individualismo y la autonomía y exploran los modelos de la literatura masiva, en especial el folletín y la ficción policial. Se pueden señalar ciertas obras que actúan como bisagra: "La orgía perpetua" -el ensayo sobre Madame Bovary- y "Pantaleón y las visitadoras" -la hilarante parodia del mundo militar-. Vargas Llosa no abandona su frenética búsqueda de representar la realidad latinoamericana. Escribe obras tan disímiles como la monumental "El hablador", "Guerra del fin del mundo" y "La tía Julia y el escribidor".

Desigual y admirable
Su producción se torna desigual, exigida quizá por la industria editorial. Pero no podemos dejar de admirar la fuerza de exploraciones del erotismo como "Los cuadernos de Don Rigoberto" y el placer de novelas como "Travesuras de la niña mala". Es el primero en tematizar la violencia política peruana en "Historia de Mayta" y expone su interpretación del conflicto étnico político en "Lituma en los Andes".

Aunque algunos críticos insistan en llamarlo "escritor mundial", su literatura no permite olvidar el territorio y la lengua de la que surge. Nadie más que él puede intentar escribir la historia de Flora Tristán en "El paraíso en la otra esquina" y fabular la dictadura de Trujillo en "La fiesta del chivo". Una obra que responde al mandato balzaciano aunque adhiera a la idea de autonomía del arte de Flaubert.

Ni partidarios ni detractores deben olvidar que ante todo se trata de un escritor. El Premio Nobel es sólo eso, un Premio. Es difícil escoger un escritor dentro de ese universo que es la literatura. Es innegable que el reconocimiento a la literatura hispanoamericana en la figura de uno de sus grandes novelistas es absolutamente merecido.

De la izquierda al liberalismo

LA GACETA Literaria
ESPECIAL VARGAS LLOSA
Domingo 17 de Octubre de 2010

Por Carmen Perilli Para LA GACETA - Tucumán
En Historia de un deicidio, al estudiar la obra de García Márquez, Vargas Llosa acuña su teoría de los demonios. El escritor, desconforme con la realidad, exorciza sus fantasmas suplantándola con mentiras verdaderas. Esa vocación deicida se despliega a lo largo de la narrativa del peruano, donde el gesto realista se alimenta del modelo antropológico.Sus memorias, El pez en del agua, no logran convencernos tanto como lo hacen sus ficciones. La narración autobiográfica se despliega desde sus primeros pasos en la literatura y tiene su momento más alto en La tía Julia y el escribidor donde Varguitas, el escritor, vive su aventura de amor con la tía Julia mientras Pedro Camacho, el escribidor, arrastrado por la locura, acaba confundiendo radionovela y realidad.La violencia se cuela aún en las obras más livianas como Travesuras de la niña mala, asume formas diversas y se ejerce sobre el débil. Irrumpe desbordante en el mundo de los militares y los "perros" del Colegio Leoncio Prado y se ensaña cruel en Pichula Cuéllar el "cachorro" del grupo de Miraflores. Conversación en La Catedral transcurre en un bar de mala muerte -la catedral del título-, donde el negro Ambrosio ayuda a Zavalita a conocer los entresijos de familia y dictadura.El lector queda impactado por la violencia en La casa verde. En el prostíbulo en medio de la selva, doble lucha con la naturaleza y con la explotación humana, especialmente de la mujer. Una alegoría de la sociedad donde se trafica con mujeres e indios, donde el Estado se convierte en opresor. En La guerra del fin del mundo, situada en los sertones brasileños, el fanatismo del Consejero lleva a sus seguidores hacia la muerte ante la mirada del periodista.Aún en aquellos libros en los que acude al "humor" no puede sustraerse a la violencia. En la parodia de Pantaleón y las visitadoras el lenguaje militar encubre el servicio de "visitadoras". Pantilandia es un paraíso civilizado, el cielo masculino pero los sátiros se transforman en grotescos niños, bajo el poder de las prostitutas.Una de las cuestiones centrales vinculadas a la violencia es la alteridad, representada por el indígena. La escritura realiza un esfuerzo titánico por construir los Andes o la Selva. En El hablador toda posibilidad de traducción se asienta en la monstruosidad.Si Historia de Mayta le permite retratar el inicio de la escalada de la violencia política y convierte al revolucionario en un utopista peligroso. Lituma en los Andes ficcionaliza su propia actuación en Uchuraccay. El narrador, el cabo Lituma, se encuentra con una violencia esencial. Los asesinos de los tres hombres en Naccos no son los terroristas ni militares, sino los mismos mineros que los sacrifican cruelmente. La novela finaliza con una larga conversación en la que el peón borracho confiesa el horror de la inmolación "¿No hay muertos por todas partes? Matar es lo de menos. ¿No se ha vuelto una cojudez…?"Vargas Llosa siente la frustración de la modernización de América Latina y el Perú, ese Perú que Zavalita sabe "jodido" y se pregunta desde cuándo. Su pasión por acceder a los mundos occidentales lo empuja a resucitar antinomias propias de los pensadores liberales del siglo XIX. En una entrevista con Tomás Eloy Martínez le señala: "Sucede que hay culturas incompatibles. Y esa incompatibilidad está representada para mí por polos que son los de la civilización y la barbarie, los de la modernidad y el arcaísmo".La violencia impregna no sólo sus fábulas literarias sino también está presente en su discurso político, tanto en el del "sastrecillo valiente" que apoyaba a la revolución cubana como en el del escritor consagrado que se entrega al credo neoliberal. Su postura no admite discusiones, su pasión es ilimitada.
© LA GACETACarmen Perilli - Doctora en Letras, profesora de Literatura Hispanoamericana de la UNT.

Mario Vargas Llosa

LA GACETA Literaria

ESPECIAL VARGAS LLOSA

Un escritor de la violencia

Domingo 17 de Octubre de 2010

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Por Carmen Perilli
Para LA GACETA - Tucumán

En Historia de un deicidio, al estudiar la obra de García Márquez, Vargas Llosa acuña su teoría de los demonios. El escritor, desconforme con la realidad, exorciza sus fantasmas suplantándola con mentiras verdaderas. Esa vocación deicida se despliega a lo largo de la narrativa del peruano, donde el gesto realista se alimenta del modelo antropológico.
Sus memorias, El pez en del agua, no logran convencernos tanto como lo hacen sus ficciones. La narración autobiográfica se despliega desde sus primeros pasos en la literatura y tiene su momento más alto en La tía Julia y el escribidor donde Varguitas, el escritor, vive su aventura de amor con la tía Julia mientras Pedro Camacho, el escribidor, arrastrado por la locura, acaba confundiendo radionovela y realidad.
La violencia se cuela aún en las obras más livianas como Travesuras de la niña mala, asume formas diversas y se ejerce sobre el débil. Irrumpe desbordante en el mundo de los militares y los "perros" del Colegio Leoncio Prado y se ensaña cruel en Pichula Cuéllar el "cachorro" del grupo de Miraflores. Conversación en La Catedral transcurre en un bar de mala muerte -la catedral del título-, donde el negro Ambrosio ayuda a Zavalita a conocer los entresijos de familia y dictadura.
El lector queda impactado por la violencia en La casa verde. En el prostíbulo en medio de la selva, doble lucha con la naturaleza y con la explotación humana, especialmente de la mujer. Una alegoría de la sociedad donde se trafica con mujeres e indios, donde el Estado se convierte en opresor. En La guerra del fin del mundo, situada en los sertones brasileños, el fanatismo del Consejero lleva a sus seguidores hacia la muerte ante la mirada del periodista.
Aún en aquellos libros en los que acude al "humor" no puede sustraerse a la violencia. En la parodia de Pantaleón y las visitadoras el lenguaje militar encubre el servicio de "visitadoras". Pantilandia es un paraíso civilizado, el cielo masculino pero los sátiros se transforman en grotescos niños, bajo el poder de las prostitutas.
Una de las cuestiones centrales vinculadas a la violencia es la alteridad, representada por el indígena. La escritura realiza un esfuerzo titánico por construir los Andes o la Selva. En El hablador toda posibilidad de traducción se asienta en la monstruosidad.
Si Historia de Mayta le permite retratar el inicio de la escalada de la violencia política y convierte al revolucionario en un utopista peligroso. Lituma en los Andes ficcionaliza su propia actuación en Uchuraccay. El narrador, el cabo Lituma, se encuentra con una violencia esencial. Los asesinos de los tres hombres en Naccos no son los terroristas ni militares, sino los mismos mineros que los sacrifican cruelmente. La novela finaliza con una larga conversación en la que el peón borracho confiesa el horror de la inmolación "¿No hay muertos por todas partes? Matar es lo de menos. ¿No se ha vuelto una cojudez…?"
Vargas Llosa siente la frustración de la modernización de América Latina y el Perú, ese Perú que Zavalita sabe "jodido" y se pregunta desde cuándo. Su pasión por acceder a los mundos occidentales lo empuja a resucitar antinomias propias de los pensadores liberales del siglo XIX. En una entrevista con Tomás Eloy Martínez le señala: "Sucede que hay culturas incompatibles. Y esa incompatibilidad está representada para mí por polos que son los de la civilización y la barbarie, los de la modernidad y el arcaísmo".
La violencia impregna no sólo sus fábulas literarias sino también está presente en su discurso político, tanto en el del "sastrecillo valiente" que apoyaba a la revolución cubana como en el del escritor consagrado que se entrega al credo neoliberal. Su postura no admite discusiones, su pasión es ilimitada.
© LA GACETA

Carmen Perilli - Doctora en Letras, profesora
de Literatura Hispanoamericana de la UNT.

domingo, 19 de septiembre de 2010

una clase

YouTube - Clase de Samuel Schkolnik - fragmentos


9 min - 13 Jun 2010Mayo de 2010. Facultad de Filosofía

Adiós al ácrata

Él día 17 de septiembre ha Lito pertenecía a esa especie de sujeto que desafiaba los miles de yugos cotidianos a los que nos somete el engranaje social. Con un anarquismo, no siempre saludable, odiaba los papeles innecesarios, se negaba a someterse a las reglas, renegaba de las clasificaciones. Sabía que la filosofía sólo podía dar resultado cuando estaba situada, por eso se enorgullecía de ser el filósofo de la plaza Belgrano. Hablaba más a través de las historias de González y de las claves que de otros escritos. Creía que la sencillez es producto de la más elaborada retórica- se enfrentó con denuedo a ciertas jergas. En muchos casos discutimos porque creía que las mujeres estábamos hechas más para la procreación que para la creación. También llevaba consigo el dolor de la muerte y la persecución. Tuvo que abandonar la universidad echado por la dictadura y recibió el golpe de la muerte de su esposa. Al poco tiempo de su reincorporación tuvo que enfrentar la despiadada competencia. Quizá por eso muchas veces abominaba de lo humano, desde una humanidad extrema. Nunca hubiera imaginado que muriera a solo un año de su gran amiga, Génie Como ella valoró el arte de la conversación y el ejercicio del silencio. Lo recuerdo en su antigua bicicleta con la gorra y el cigarrillo ajeno a todo ritmo que no fuera el de su pensamiento, a veces excediéndose en sus enfrentamientos con los que denominaba “querí sabí” a los que consideraba bárbaros.. Declaró que el fútbol y la guerra eran dos formas de lo mismo, al mismo tiempo que miraba embelesado los partidos del mundial y confesaba su debilidad por los grandes jugadores. Enamorado de la belleza y de la verdad, sabía de lo pasajero de la vida, no le importaba su condición efímera, necesitaba muy poco para vivir: un libro, una plaza con naranjos, un café y un amigo. Hoy el mundo es más pobre sin el ácrata, como lo llamábamos cariñosamente. muerto el filósofo Samuel Schkolnik.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Los trabajos de la araña Mujeres, teorías y literatura



Carmen Perilli
Especulo


Una Araña cosía por la NocheSin LuzSobre un Arco de Blanco.
Si Gola era de damaO Sudario de GnomoSe lo dice a sí misma.
Su Estrategia Era FisiognomíaDe la Inmortalidad Emily Dickinson
¿O será que soy ciega,que la visión de los dioses encerrados y expuestoses pura imaginación enferma?Que no soy la guardiana, que no estoy a mi vez, encerrada,Que a trompicones recorro tierras desconocidas O una ciudad bestial y generosa?Carmen Boullosa

La leyenda nacional recorre la literatura argentina, entrelaza sus representaciones con los relatos de género. Su código maestro atesora como núcleos la imagen de la letra encarnación del espíritu en oposición al cuerpo sinónimo de deleznable materia. Las mitologías de la ciudad letrada son numerosas: desde Sarmiento escribiendo en la piedra diatribas contra los bárbaros hasta Borges ciego recorriendo la interminable biblioteca, apartándose del horror de lo real; desde Arlt robando los libros de Lugones para asestar al lector un cross a la mandíbula hasta Walsh escribiendo la carta a la Junta Militar. Tanto las narraciones hegemónicas como las narraciones de resistencia abundan en autores héroes enfrentados a las fuerzas del mal, cualquiera sea el ropaje que éste tome. De vez en cuando en estas imaginarias viñetas aparece un contorno femenino, particularmente borroso, a modo de contraste o de acompañamiento.
Las mujeres, excluidas de esta prestigiosa galería, arman sus textos en otros lugares, la historia de lecturas y escrituras se dice en otros espacios, instala lo político en lo íntimo. Las letras arman estilizan, imitan y parodian voces, trazan nuevas genealogías e inventan una memoria. El discurso trabaja la representación y reflexiona sobre el lenguaje que está creando. La historia literaria latinoamericana proporciona nuevas escenas fundacionales: la tapada anónima que reivindica su derecho a la palabra ; Juana Inés, leyendo antes de tiempo a Virginia llevando al recinto cerrado de la disputatio masculina la problemática de la mujer, a despecho de las máscaras del Obispo; otra Juana organizando veladas en Lima; Delmira vertiéndose en cálices vacíos y jugando con la muerte; Alfonsina desafiante buscando la vida en el mar...
Se organiza una nueva red: la historia de la escritura de mujeres; la historia de las lecturas de mujeres, al mismo tiempo que se tienden los soportes de teorías y poéticas atravesadas por la cuestión de género, caracterizadas, la mayor parte de las veces por los que se caracteriza como doblez. “Este excedente de los textos encuentra para la mirada crítica un nicho, mirar desde el género permite detectar lo que antes no se veía y al mimo tiempo percibir el doblez como la posibilidad de instalación de un nuevo imaginario... esta mirada crítica provista de lentes específicos autoriza a armar estos sentidos y (que) el carácter polémico, resistente de ellos y de la mirada residiría en la posibilidad de detectar y proveer nuevas representaciones” (Domínguez, 1998:198)
La teoría, esa pasión de la segunda mitad del siglo, se arma, a veces, en espacios fronterizos; gesto reflexivo atravesado de lirismo y ficciones. Estas lecturas visitan viejas metáforas para reformularlas o inventan nuevos relatos apelando a los saberes del género: “filosofías de cocina”; “ tretas del débil”; ”bordados de manos”; construyen versiones de un imaginario, operaciones en las que se intersectan lengua poética y saber crítico. Reivindican otra lógica y producen otras “iluminaciones”, pretenden inscribir la diferencia. Algunos exhiben engañosos locus amoenus, de reconfortantes y homogéneas representaciones que repiten mitos patriarcales, armados desde lugares de enunciación planeados como débiles o subalternos.
Este trabajo intenta un viaje por las lecturas de El texto silencioso de Tamara Kamenszain y La letra de lo mínimo de Tununa Mercado. Estos discursos, escritos entre el 80 y el 90, ponen a andar lo que Jameson llama “interpretaciones fuertes”, circulan en la crítica de género como fantasmas . Kamenszain trabaja las relaciones entre tradición y vanguardia en la poesía sudamericana. Para ello apela a la metáfora “texto silencioso” de la que desprende, casi casualmente, una lectura de la escritura femenina. Su recorrido por la lírica se limita a escritores como Girondo, Ortiz, Lihn, Lezama Lima, Macedonio. Talmud y Mujer, Mística de la palabra y Artesanía de las manos inician la lectura de la llamada “vanguardia doméstica”.
“Lejos, donde el uso del español se hizo sueño,habitaron algunos escritores silenciosos. Como los talmudistas anónimos en la provincia de su lengua destilando una obra lenta, artesanal y de difícil traducción. Mudos, femeninos, permanecieron dentro de la casa. Imitando el trabajo artesanal de las abuelas, bordaron y cosieron un texto poco apto para el intercambio”( Kamenszain:1983:11)
El eterno femenino con sus innumerables simbólicas sirve para metaforizar la escritura: misterio, silencio- mudez- artesanía, manos, lengua, casa, tradición Las representaciones más nítidas están amarradas a lo que Simone de Beauvoir llama “la cohorte de hadas buenas”: la madre y la abuela. Fábulas de un discurso universal que encierran el habla femenina en el susurro, la plática, el bordado, la costura, la limpieza, lo doméstico. “Si la escritura y el silencio se reconocen uno a otro en ese camino que los separa del habla, la mujer, silenciosa por tradición, está cerca de la escritura. Silenciosa porque su acceso al habla nació en el cuchicheo y el susurro, para desandar el microfónico mundo de las verdades altisonantes”(Kamenszain, 1983: 75)
Las afirmaciones arman representaciones de la madre, como soporte material y biológico y de su palabra como silencio y mudez., ficciones de identidad que no difieren demasiado del Eterno Femenino que recorre la cultura occidental. El texto separa la lengua del habla, como masculino/ femenino, se detiene en los “lenguajes de la nujer” entre ellos a la plática -”enmarañada mezcla de niveles discursivos cuyo decir como objeto es la nada”. Liga 0l habla femenina oral y anodina y la elaborada poesía de Góngora y Lezama Lima a partir de un lenguaje materno ancestral, con mucho de Freud y poco de feminismo: “Y si la oralidad es lo maternal por excelencia- el seno habla, la boca del hijo apre(he)nde - puede decirse que el elemento femenino de la escritura es la madre. De la madre se aprende a escribir” ( Kamenszain, 1983: pág.76). Estas afirmaciones forman parte de una cadena de asociaciones en las que incurre el discurso patriarcal para delimitar el espacio femenino, en especial el maternal, como origen de la escritura.
La literatura como artesanía, como arte doméstico lleva a la autora a sugerir :“... el espacio artesanal, obsesivo y vacío de sus tareas diarias. Coser, bordar, cocinar, limpiar” como “maneras metafóricas de decir escribir”- Proponer estas equivalencias es naturalizar la producción cultural, desde una lógica exterior a la poética de género. Si , como lo reconoce Kamenszain, ciertas imágenes son propias de teorías de la escritura como la de Barthes o Lacan., la afirmación de una relación directa implica elidir procesos de simbolización y conceptualización.
Las mujeres son caracterizadas como La Mujer encuentran el polvo en los rincones,- en oposición a las grandes compañías de limpieza. Leer es igual a barrer- el ojo trabaja “como mujer”, “pierde tiempo encontrando suciedad”, “cepilla un texto” como si pasara un plumero. Por otro lado son pasivas “dadoras” cuya opresión posibilita y se realiza a través de la creación masculina: Son los hombres de la vanguardia- a los que se dedica el libro- quienes rescatan y recuperan las principales figuras del habla femenina: ”En ese resquicio que las mujeres mudas prepararon y dejaron libre, pudieron crecer algunos textos artesanales y femeninos, como el de Lezama Lima” ...“Ya que nadie les demandó que escribieran, muchas mujeres, a través de los siglos, incubaron el síntoma canalizándolo en la plática o en las tareas domésticas. Sin embargo, el síntoma fue a habitar en sus hijos y así surgieron algunas obras firmadas por hombres, pero co-escritas por mujeres” (Kamenszain, 1983: 77) . Se reduce, de modo alarmante, la importancia de las operaciones vanguardistas al mismo tiempo que se sustrae a la historia de la resistencia femenina.
Ingenioso y reaccionario modo de resolver la tensión genérica y el problema de la tradición literaria femenina, relacionar el deseo de la madre y la escritura. Para nada muy diferente de las posiciones androcéntricas que asignan un papel ameno o terrible a la mujer. Ubicando la escritura en la sala de estar- en oposición al cuarto propio- el espacio privado que los hombres codiciaron y pidieron prestada “Memoria corporizada en la plática, la de las mujeres encontró también su lugar de registro escrito: el diario íntimo, las cartas, las libretas garabateadas con recetas de cocina, los cancioneros acumularon durante siglos porciones de idioma familiar”( Kamenszain, 1983:78).
Se refiere a mujeres que trabajaron el discurso teórico” del lado del dobladillo”, dándolo vuelta como Simone de Beauvoir, Julia Kristeva, Melanie Klein. La vanguardia doméstica consistió en espiar las costuras, ver las construcciones por su reverso. Kamenszain hace una interpretación fuere” Y es en la milenaria escuela de las tareas domésticas donde se aprenden las reglas de esa modernidad. Viejo como el mundo, sólo el trabajo inútil y callado puede conseguir engarces nuevos”(81). “Y en el contacto con la madre es donde se desarma la frase. Su pomposidad muere con la plática, su pesadez con el cuchicheo, su amplitud con el silencio. Lugar de marginalidad y desprestigio donde la madre se comunica con su hija; allí sedimenta y crece como una telaraña, el inmenso texto escrito por mujeres”( Kamenszain, 1983:82)
Tununa Mercado plantea desde la práctica de la escritura y la lectura representaciones que, si bien son contiguas a las de Kamenszain acaban por apartarse totalmente. Si revisamos sus relatos, plegados sobre sí mismos, nos encontramos con una búsqueda permanente de un diseño. Canon de alcoba concluye con un capítulo sobre las vinculaciones entre costura y escritura: ”Punto final”. “Es tentador, aunque ocioso, establecer, en un puro ejercicio especulativo, la analogía entre bordar y escribir; poder realizar, mediante argumentaciones, la metáfora: la escritura es como un bordado, la labor es como el texto”( Mercado,1988, pág. 173)
La lectura realiza un movimiento totalmente inverso, emplea la labor doméstica para jugar con analogías, convirtiéndola en metáfora, introduciendo en lo doméstico la dimensión de lo teórico. El contrapunto entre escritura y costura inquieta y subvierte lugares hasta convertirse en descripción de "la máquina de producir escritura".
“Quien mira por los huecos de la escritura no encuentra el ordenamiento de las cosas que esperaba, ni las clasificaciones que preservaban su inocencia: lo que ve tiene el fulgor de lo que se acaba de conocer pero que sigue siendo desconocido, un aura que ha sabido aprovechar la transparencia que le es propia para iluminar zonas que nadie advertía” (Mercado, 1983:176)
Delicado trazado entre escritura, imaginario, deseo e inconciente que queda apresado por las redes de imágenes que surgen de “los tiempos del hilo”; ”la táctica de la puntada” , la estructura de la tela, la labor de la aguja, convertidos en redes conceptuales y metafóricas que espacializan el texto poético. El mismo gesto campea en el libro La letra de lo mínimo donde la escritura se convierte en casa, recinto, caja convocante llena de poder y poblada de sueños y conjuros, “Un día cualquiera, en un momento de mi escritura enuncié ”Escribo mi caja” reuniéndolo en tres palabras mi hacer y mi deshacer cotidiano, mi “artesanía” u “hosco arte”...La caja no se abre, ni uno entra en ella. Quien escribe es la caja, es su caja y está en ella a designio”.
Mercado no arrasa con las diferencias, las incorpora como riqueza del texto. Su palabra intranquiliza; la escritura, más allá y más acá de las metáforas domésticas, sale de su lugar, está desquiciada., impidiendo cualquier naturalización, ataca las automatizaciones y nos deslumbra con sus iluminaciones: ”La escritura , el exilio de la escritura, es una exploración que ignora los resquicios en los que habrá de entrar y las trampas que le tenderá el simple trazo sobre el papel; avanza como inmigrante en país ajeno”(Mercado,1994: 23)
Recorre juguetonamente los distintos modelos de la escritura, traba relaciones entre erótica y poética. “escribir es quitar pieles, descorrer membranas, apartar tejidos y epitelios, desarticular la fusión de letra y sentido, deshacer la escritura para hacerla, rehacerla y deshacerla hasta el infinito de la línea”. El hábito de la escritura es erótico porque se funda en el diferir una consumación que hace de sus anticipaciones señales grabándolos en la página. “Esa textura, ilusión de texto, aparente triunfo del amor, tendría que ser de mujer” (Mercado, 1994:56)
Rodea así la propuesta de una escritura “femenina”, marca distancias entre política y poética, atacando la noción de identidad- ese salir provisorio del yo al ella, del ella al se- rechaza la imposición de la máscara . Al igual que Woolf apuesta a la androginia del sujeto en el momento de la escritura es andrógino, a la imposibilidad de despojarse artificialmente de su individualidad ”ese andrógino que escribe es una mujer, o vuelve a ser una mujer, plenamente, cuando ha transgredido el cuerpo de su propio género, cuando ningún carácter secundario la delata, la oprime o la obliga a ocultarlo, sólo cuando reside en la escritura y, por consecuencia, cuando la escritura es” ( Mercado, 1994: 42).
En “El arte de lo mínimo en México” reivindica el hacer más con menos. ”Una salvedad: lo pequeño no es fragmentario. Una mujer condensa en su bordado su universito ,y no se ve muy bien por qué no se podría desafiar a la lengua y poner en diminuto una palabra tan enorme”( Mercado, 1994: 77). La escritura se funda en el trabajo artesanal con la lengua, trabajo que le permite calar hondo, hendir la lengua de la cotidianeidad, de los bordes, de lo mínimo, del margen y fundar una poética a partir de sus figuras.
Si Kamenszain y Mercado apelan metáforas similares sus recorridos y sus resultados son diametralmente opuesto, en un caso se consolidan viejas imágenes de lo femenino, en el otro se subvierte la lectura de esos mismos espacios. Este trabajo dista de haber agotado el tema, busca motivar la reflexión acerca del empleo de las metáforas y representaciones, historizar sus lecturas evitando ser seducida por la pretensión de transparencia de las palabras.
Emily Dickinson nos pregunta: ”Si Gola era de dama/ O Sudario de Gnomo” El tejido de la Araña toma curiosas formas; la crítica de mujeres, entre el artificio poético y la razón argumentativa, debe extremar precauciones para no perderse en esa “ciudad bestial y generosa”, quedar encerrada en lugar de ser la guardiana como dice la poesía mexicana .

Bibliografía
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© Carmen Perilli 2004Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid
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