martes, 25 de mayo de 2010

Despedida a Daniel Alberto Dessein

Defensor de la lectura en un mundo que tiende a olvidar los espesores de la escritura
. Carmen Perilli

Cuando supe de la muerte de Daniel Alberto Dessein, no pude sino pensar que había emprendido el viaje para reunirse con sus grandes amigos, Gennie Valentié y Tomás Eloy Martínez. Me los imaginé sentados, en cómodos sillones, retomando, por fin, sus largas conversaciones.Al empezar a escribir estas palabras me di cuenta de que en su figura se unían dos significativos conceptos: la amistad y el periodismo. Como colaboradora de LA GACETA Literaria, Daniel Alberto me otorgó un trato respetuoso y cálido, beneficiando mi escritura con atinadas sugerencias. Pero me acerqué a él a través de sus dos grandes amigos, Gennie y Tomás, y me impresionó su entrega a la amistad de intensidad infrecuente. Como Octavio Paz, el poeta mexicano, comprendía que "para que pueda ser he de ser otro, /salir de mí, buscarme entre los otros, /los otros que no son si yo no existo, /los otros que me dan plena existencia".Lo recuerdo en la despedida de la gran amiga, recién llegado del avión, frente a la tumba abierta, diciéndole hasta luego. Me escribió después de la muerte de Tomás Eloy, diciéndome que su partida se estaba demorando solamente para dejar el último adiós a los que amaba y apreciaba.Su actividad cultural fue incesante y se entregó con denuedo a su titánica defensa de uno de los suplementos literarios argentinos más antiguos. Su vida marcó la segunda mitad del siglo XX tucumano; su muerte representa el fin de ciclo, el de una ciudad letrada, surgido cuando el suplemento era una sola página. Su historia ha sido objeto de estudios y ficciones. Los primeros años fueron retratados por Hugo Foguet en "Pretérito Perfecto" y Tomás Eloy en "Sagrado". Un conjunto de intelectuales que, más allá de cualquier opinión, ha marcado, de modo definitivo, la vida provincial y nacional. LA GACETA Literaria tiene un puesto en el mundo cultural argentino, latinoamericano e internacional.Daniel Alberto fue un defensor de la lectura en un mundo donde la "comunicación" tiende a olvidar los espesores de la escritura y la imaginación, escindiendo letra la importante relación entre la literatura y el periodismo. Sabía el daño que produce el desencuentro entre estos oficios. Su gran acierto fue el armado de una suerte de zona libre que, dentro del diario, permitiera hablar a quienes pertenecían al mundo exterior. Con ello abrió las puertas a una casa que da sentido y continuidad a nuestro lugar de cultura, Tucumán. Sin duda seguirá habitando en el suplemento.

martes, 27 de abril de 2010

Reflexiones en torno a la cultura latinoamericana

REVISTA DIGITAL DE CRITICA, ENSAYO E HISTORIA DEL ARTE FUNDADA POR ADOLFO PARDO EN SANTIAGO DE CHILE EN 1997

Reflexiones en torno a la cultura latinoamericana
Carmen Perilli
La descolonización de la cultura latinoamericana supone la revisión de los múltiples relatos tejidos alrededor de la identidad del continente, identidad entendida como esencia. Desde antes de la Conquista La Letra proyectó una imagen virtual del Nuevo Mundo. Las representación estuvo signada por la alteridad del objeto, en relación a un sujeto que lo definía desde fuera.
En el largo discurso que vertebra nuestra cultura continental podemos reconocer distintos ideologemas. Desde el discurso narrativo de la conquista estructurado alrededor de Mirabilia o maravilla en el sueño del Dorado y de la Fuente de la Eterna Juventud, o utopía en la posibilidad de inaugurar una nueva sociedad hasta las últimas lecturas que condenan a nuestros pueblos a los márgenes de la sociedad postindustrial ; Latinoamericanos frente a las arrogante americanos (del norte).
Los momentos eufóricos o disfóricos del discurso ideológico fueron múltiples. El mestizaje, como señala Cornejo Polar, ha producido tanto visiones pesimistas como de exaltaciones optimistas. Encontramos una fuerte relación entre el mestizaje y el proyecto de la modernidad. José Martí en Nuestra América enuncia la idea de sumatoria:"Eramos una visión con el pecho de atleta, las manos de petimetre y la frente de niño.Eramos una máscara con los calzones de Inglaterra, el chaquetón de Norteamérica y la montera de España. El indio, mudo,nos daba vuelta alrededor,y se iba al monte, a la cumbre del monte a bautizar sus hijos. El negro, oteando, cantaba en la noche..."1
La concepción del espacio americano como conjunción de culturas corresponde a un proyecto cultural de la postguerra. Esta representación es asumida por José Vasconcelos (cultura sinfónica); Ricardo Rojas (Eurindia); Arturo Uslar Pietri (cultura aluvional) ;José Lezama Lima (protoplasma incorporativo) Alejo Carpentier (lo real maravilloso americano). A través de estos modelos explicativos intentaron dar cuenta de una ontología del continente como mestizo.
En todos los casos se trataba de una resolución con raíces en el nacionalismo vernáculo que enfatizaba etnocéntricamente en la suma y no en el conflicto pecando de reduccionismo al ignorar las diferencias, moviéndose con exclusividad dentro de la cultura central. Reconoce al menos tres matrices étnicas :la negra, la blanca, la indígena. Este discurso soslayaba de la pluralidad y del conflicto, como reducción de las partes al todo en lo que Antonio Candido llamaría "conciencia amena del subdesarrollo".Vemos la euforia en los textos de Carpentier que encubren la ficcionalización del espacio americano-"por la presencia fáustica del indio y del negro, por la Revelación que constituyó su reciente descubrimiento, por los fecundos mestizajes que propició, América está lejos de haber agotado su caudal de mitologías" (1)
La potencia de la palabra mestizaje es innegable. Aún hoy podemos advertir la fuerza de esta imagen autoidentificatoria. Refiriéndose a su empleo indica y coincido plenamente el riesgo de encontrar un locus amoenus que tranquilice a los intelectuales que no abandonan la visión eurocéntrica en la medida que se define lo americano como diferencia (2). Si bien es innegable la "confluencia" de razas y de culturas no lo es menos en otras regiones del planeta.
Los términos mestizaje y transculturación gozan de un mismo origen aunque de diverso prestigio. La noción mestizo nos remite a la idea de mezcla, mezcla profundamente asimétrica . La instancia hace hincapié más en las semejanzas que en las diferencias e inaugura la categoría de Nuevo Mundo, Nuevo Hombre en la que donde subyace la idea de un continente joven resucitando la utopía de la Patria Grande. Los planteos de José Lezama Lima y Alejo Carpentier están fuertemente influidos por La decadencia de Occidente de Oswald Spengler. América es el continente barroco en el que la mezcla es la operación fundamental , mezcla que tiene que ver más con la yuxtaposición que con la oposición, basada en la positividad más que en la negatividad, aunque se sostenga la existencia de la tensión en el arte americano, ésta siempre está atenuada.
La incidencia de la vanguardias estéticas como de las vanguardias políticas en el acceso a la modernidad posibilitó la búsqueda de nuevos modelos en los que se intentó la conciliación de lo político y de lo estético. Entre sus resultados estuvieron los socialismos nacionales o nacionalismos populistas que fueron acompañados por una irrupción violenta de la periferia en los centros de poder. La conjunción de modernidad y tradición fue la marca de un discurso literario y cultural que reivindica el derecho de los regionalismos a ser universalizados.
En el vocablo transculturación surgido en América en los años cuarenta cuando Fernando Ortiz lo propone como modelo explicativo del fenómeno cubano en su libro Contrapunteo Cubano del Tabaco y del Azúcar exhibiendo el aval de Malinowski la cultura reaparece como unidad en la diversidad, espacio en el que se reunen las diferentes etnias que llegaron a Cuba.:"la verdadera historia de Cuba es la historia de sus intrincadísimas transculturaciones....Todos ellos arrancados de sus núcleos sociales originarios y con sus culturas destrozadas, oprimidas bajo el peso de las culturas aquí imperantes, como las cañas de azúcar son molidas entre las masas de los trapiches..." (3)
También la categoría heterogeneidad es fundamental en la crítica de la cultura que ha incorporado la categoría de alteridad. No es casual su nacimiento en el mundo de la postmodernidad o de la sobremodernidad en el que la antropología deja de ser antropología del otro.Pero este postulado, nombrado por Cornejo Polar como totalidad contradictoria ofrece las desventajas de las generalizaciones. Hablar de una heterogeneidad literaria refiriéndonos al sistema o a la literatura siempre supone tener en cuenta la heterogeneidad social , cultural y económica: "La posibilidad de articular mediante una red de contradicciones las múltiples literaturas de América Latina parece ser una mejor opción que la de reivindicar el estudio aislado -paralelo al de la literatura culta- de las literaturas marginales" (4).
Esto nos enfrenta a un enorme desafío en lo que se refiere a la relación entre cultura y literatura, homogeneidad y heterogeneidad. Asimismo deben introducirse dos conceptos interrelacionados: sistema y proceso. Las categorías literatura nacional y literatura regional son interdependientes aunque autónomos y fundamentales en la demarcación de las zonas literarias y culturales tanto internas como externamente.
Desde los años setenta se acentúa una lectura que insiste en la ruptura con la homogeneidad privilegiando la diferencia y la pluralidad. cambia la percepción del mundo y del sujeto. El intelectual, especialmente en los 80, cambiará su actitud de escritor a traductor. Se advierte la existencia de otros espacios, impugnando el imperialismo del libro. El concepto de culturas híbridas de García Canclini quiebra la ilusión esencialista: "Hoy concebimos a América Latina como una articulación más compleja de tradiciones y modernidades (diversas, desiguales),un continente heterogéneo formado por países donde, en cada uno, coexisten múltiples lógicas del desarrollo.Su crítica a los relatos omnicomprensivos sobre la historia puede servir para detectar las pretensiones fundamentalistas del tradicionalismo, el etnicismo y el nacionalismo, para entender las desviaciones autoritarias del liberalismo y del socialismo" (5)
La expresión heterogeneidad multitemporal se refiere a los sistemas popular, masivo y culto así como a sus dinámicas relaciones. La posibilidad de concebir a la cultura y a la literatura como un espacio en el que se entrecruzan diferentes sistemas que entran en colisión y , al mismo tiempo, confluyen nos permitiría aprovechar categorías como las planteadas por Raymond Williams quien diferencia entre una cultura hegemónica y otras alternativas y marginales, proveyendo de la útil demarcación entre la estructura de sentimiento y la institucionalización, partiendo siempre de un concepto dinámico e histórico de los términos (6).
La cultura latinoamericana puede ser trabajada como un polisistema dentro del cual interactúan más belicosa que armónicamente diferentes sistemas y sub-sistemas. En el origen del sistema hegemónico está la violenta colonización cultural del imaginario que acompañó la Conquista de América. La necesidad de autonomía produjo un curioso efecto como lo señala Angel Rama : "El esfuerzo de independencia ha sido tan tenaz que consiguió desarrollar en un continente donde la marca cultural más profunda y perdurable lo religa estrechamente a España y Portugal , una literatura cuya autonomía respecto a las peninsulares es flagrante, más que por tratarse de una invención insólita sin fuentes conocidas,por haberse emparentado con varias literaturas occidentales, en un grado no cumplido por las literaturas-madres" (7)
La transculturación es un fenómeno que se produce especialmente dentro del sistema hegemónico pero no deja de afectar al resto de los sistemas . Me parece muy fecunda la propuesta de Itamar Even Zohar (8) que propone el concepto de polisistema y de policultura. En un polisistema no debe pensarse en términos de un centro y una periferia sino en términos de múltiples centros y de migraciones de uno a otro espacio, hay múltiples concesiones de sistema a sistema así como conflictos. Así como existen sistemas abiertos y sistemas cerrados. Muchos de los sistemas marginados asumen una postura de autodefensa que los dota de rigidez. También habría que pensar en términos de múltiples tiempos. Es imposible prescindir del sistema cultural al buscar el eje organizador del discurso literario como sistema.Una zona literaria y cultural es una unidad orgánica de relaciones , distorsiones , movimientos, intercambios, cuya base se sitúa en una historia de parámetros comunes.
Se ha avanzado en la práctica de construcción de discursos de la pluralidad y de heterogeneidad .Hemos incorporado grandes zonas de nuestra cultura: los discursos coloniales, las literaturas indígenas , los testimonios, la escritura femenina, la escritura chicana, los grupos multiculturales. Muchos son los interrogantes y los vacíos ,entre ellos el que se refiere al trabajo interdisciplinario y a la dificultad de construir una tradición en América donde la continuidad de las ciencias sociales está siempre amenazada.
En ese sentido no podemos los estudiosos de la literatura y la cultura avanzar en el trabajo historiográfico y crítico si no contamos con la ayuda de los antropólogos, de los historiadores, de los lingüistas. Sino la propuesta de Cornejo supondría como me señalaba un amigo venezolano una especie de Pico de la Mirándola a fines del siglo XXI.
La revisión de las categorías de la crítica cultural debe permitirnos continuar los pasos de quienes señalaron la importancia de construir sistemas de pensamiento y categorías de lectura. La dispersión, la atomización de nuestros equipos conspira contra ellos, las estructuras de nuestras cátedras también. Nadie define mejor las tensiones de ese territorio que es la cultura latinoamericana que Eduardo Galeano: "Espacio de contradicción y encuentro, América Latina ofrece un campo de batalla entre las culturas del miedo y las culturas de la libertad , entre las que nos niegan y las que nos nace. Ese marco común, ese espacio común, ese común campo de batalla, es histórico . Proviene del pasado, se alimenta del pesente y se proyecta como necesidad y esperanza hacia los tiempos por venir, Porfiadamente ha sobrevivido, auqnue haya sido varias veces lastimado o roto por los mismos intereses que subrayan nuestras diferencias para ocultar nuestras identidades" (9)
Estamos convocados a ayudar a construir una cultura de la contraconquista como le gustaba decir a José Lezama Lima que nos permita trabajar la pluralidad y luchar contra la homogeneización que desde el poder- que hoy cuenta con un poderoso aliado en los medios de comunicación y en la falta de prestigio simbólico de la escuela -se intenta instaurar como imagen de nuestro continente, esta geografía en la que la belleza parece estar unida a la tristeza para siempre.
La lectura de la cultura latinoamericana está indefectiblemente unida al reconocimiento de la condición oprimida de nuestros pueblos marcados a fuego por el colonialismo salvaje así como a la existencia de grandes mayorías silenciadas que no tienen acceso a la letra ni al poder. Sin embargo durante siglos han elaborado respuestas de resistencia y nosotros estamos obligados a oirlas.
En nuestras universidades americanas deben cobijarse las "Palabras de corazón caliente"de los náhuatl al lado de los soberbios sermones del Lunarejo; los silenciosos colores de los quipus junto con el grito dolorido de Delmira y de Juana y de Alfonsina y de Marta, los clamores del cronista soldado y los fabulosos mundos de Vargas Llosa, Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez , José Donoso; la palabra luminosa de los mbyá y el Libro de la biblioteca de Borges; los desgarrados testimonios de Rigoberta y Domitila, palabra musitada en la letra de otras, así como los oros de Darío y los tambores de Nicolás Guillén; a Vicente Huidobro intentando crear la rosa en el poema y a César Vallejo que busca apresar aquello que Diego Rojas, el compañero escribe con el dedo grande en el aire.
Cuanta riqueza de la pobreza como me decía Noé Jitrik. Cómo afrontar este desafío, cómo salir a desfacer entuertos como Don Quijote que junto con Sancho también se lanzó a andar por los inmensos territorios del continente vacío aunque no dejarán viajar a Cervantes.Cómo enfrentarnos a ella sin caer aturdidos en esa orgía perpetua que es la literatura pero dejándonos envolver en ella.
. La crítica es una actividad pero también es un ejercicio de libertad. El acto crítico supone un combate por la vida desarmando los autoritarismos, construyendo discursos contrahegemónicos, aceptando el disenso, la palabra del otro, polemizando con ella. Este ejercicio se transforma en una tarea indispensable en un fin de siglo ganado por los escepticismos en el que debemos recuperar las utopías en este nuestro reino de pesadumbre. Aceptemos el desafío de ser intelectuales hoy y aquí donde nuestra función es más importante que nunca. Un cantar mexicano de mucho antes de la conquista decía que los sabios eran aquellos que nos ayudaban a encontrar nuestro propio rostro:
"El sabio: una luz, una tea,una gruesa tea que no ahuma.Un espejo horadado,un espejo agujereado por los ambos lados..............................................................Hace sabio los rostros ajenos,hace a los otros tomar una cara" (10)
Tomar una cara, ése debe ser nuestro objetivo. La cultura sirve para esto fundamentalmente , para buscarnos, para encontrarnos. En esa búsqueda quizá encontremos más preguntas que respuestas. No es fácil trabajar desde un lugar como el nuestro, desde un tiempo como el nuestro. Pero puede ser hermoso. Y muchos nos han precedido, debemos aprender a escucharlos. Hace muchos años el maestro de Simón Bolívar, otro Simón al que muchos creían loco porque proclamaba que para ser libres había que enseñar a pensar antes que a leer decía : "O Inventamos o erramos" .
Carmen Perilli

NOTAS _____________ 1. Carpentier, Alejo, Prólogo a El reino de este mundo, Chile: Universitaria, 1967.
2. Leer propuesta de Antonio Cornejo Polar,. documento de trabajo de las JALLA, Tucumán, 1995.
3. Ortiz Fernado, Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, La Habana, Ed.Ciencias Sociales, 1.983, pág. 87-
4. Cornejo Polar, Antonio,"Las literaturas marginales y la crítica" en Saúl Sosnowski., Augusto Roa Bastos y la producción cultural americana, Bs.As, La Flor, 1984, pág. 96.
5. García Canclini, Néstor, Culturas Híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad, México: Grijalbo, 1989. pág. 23.
6. Raymond Williams, Marxismo y Literatura, Barcelona: Provenzal, 1984.
7. Rama, Angel, Transculturación narrativa en América Latina, México: Siglo XXI, 1985, pág. 12.
8. Itamar Even Zohar, Teoría del polisistema, mimeo.
9. Galeano , Eduardo, El descubrimiento de América que no fue, Barcelona: Laia, 1986,pág, 37.
10. Leóm Portilla, Miguel, Los antiguos mexicanos, México: Fondo de Cultura Económica, 1961,pág.125http://www.critica.cl/html/perilli_04.htm

viernes, 16 de abril de 2010

juicio a bussi

DERECHOS HUMANOS - REVISION DE LOS 70Los familiares de Garmendia dieron detalles del secuestro Viernes 16 de Abril de 2010 La empleada doméstica culpa a policías. El 21 de junio de 1977, al mediodía, Angel Mario Garmendia, fue secuestrado de la casa de su madre, donde había ido a almorzar con su esposa, Carmen Perilli, con quien tenía dos hijos. El licenciado en química había sido dirigente de la Federación Universitaria del Norte y fue profesor universitario hasta que lo dejaron cesante en 1976.
En su declaración, Perilli confirmó los acontecimientos y admitió que con su marido estaban preocupados por amigos desaparecidos, en especial por Ricardo Torres Correa y Adriana Mitrovich.
"Todos estaban armados, y uno me agitó una credencial que decía ’Coordinación Federal’. Mi esposo, que le decíamos Coqui, quiso tranquilizarme, pero me di cuenta de que estaba aterrado. Creo que uno de ellos era (Roberto) Albornoz, pero no estoy segura", relató quebrada por la emoción. Visiblemente conmovida, leyó la nota que presentó el desaparecido pidiendo su reincorporación como docente en la UNT, con el respaldo de reconocidos investigadores: "no tengo ninguna relación, conexión, pertenencia o afiliación a ninguna organización política, grupo, partido, asociación o secta, legalmente reconocida y mucho menos subversiva. Soy un ciudadano digno y respetuoso de las leyes y de las tradiciones nacionales. No tengo ni tuve actividades disociadoras de la sociedad. Mi conducta es valorada en un sentido ampliamente positivo".
Búsqueda infructuosa"Entró la Policía y dijo que venían a detenerlo porque había atropellado a una persona. Lo metieron en un auto y se lo llevaron. Todos gritaban. Nos miramos por última vez y nunca más se supo nada de él", recordó Lidia Argentina Sosa, la empleada doméstica que presenció el operativo. Ella advirtió que los efectivos estaban vestidos de civil, pero reconoció a uno de ellos porque lo había visto antes en la Jefatura de Policía.
Los pormenores de la búsqueda fueron relatados por su hermano, César Garmendia, quien detalló el peregrinar con entrevistas infructuosas con Julio Ballofet, Antonio Arrechea y Albino Mario Zimmermann ("todos dijeron lo mismo: que las fuerzas no actuaban así sino claramente", dijo); con el Arzobispado de Tucumán y con la Nunciatura en el país. También habló de las gestiones en el Ministerio del Interior; en la Justicia, con hábeas corpus; y ante Amnesty International, la comisión de Derechos Humanos de la OEA ("por gestión de Francisco Sassi Colombres, hablé con su titular, Edmundo Vargas Carreño, quien me dijo que no quedaba nadie vivo de los desaparecidos", recordó) y la Conadep, ya en democracia.
"Agotamos los caminos posibles, y le pedí a la Conadep que vengan con urgencia para que no se pierdan pruebas, pero se demoraron. Es hora de que se haga Justicia", afirmó Garmendia.
El testigo se mostró indignado porque en la elevación a juicio oral se mencionó a su hermano como militante del Partido Comunista. "Se cometió un grave error al transcribir una descripción errada de él, basada en una ficha de Inteligencia de la Policía, que paradójicamente la conseguí yo en las búsquedas que hice. Son las manifestaciones de los secuestradores, todo falso, lo que me causó un daño moral", puntualizó

viernes, 5 de marzo de 2010

2010 - Casi dos semanas de juicio a los genocidas- Tucumán

1980

A 4 años del secuestro de Angel

Escribo. Intento arrojar fuera de mí el tiempo viejo, fuera de este nuevo tiempo. La angustia me quema, se interpone entre yo y la vida, se cuela rastreramente en los agujeros que mi miedo le deja y me despoja de mí, me deja sola frente a un gran espejo vacío. Escribí me decía oracular , José , hacé como los grandes hombres que miran las altas cumbres. Por qué no te vas a la puta madre que te parió con recetas de grandes hombres estoy hasta la coronilla de los grandes hombres y de sus recetas por ahí me quedo con las palabras pequeñas de las mujeres o las sonrisas de mis hijos pero en lo que sí estoy de acuerdo es en que no renuncio a las palabras son mías tengo derecho a ellas me las he ganado.

Estoy llena de preguntas no entiendo quién soy y qué es mi vida, todo junto presente y futuro; al pasado lo tengo cada vez más claro pero también siento que mi cuerpo se rebela a seguir siendo pasado que a mis ganas ya no las contienen más los mitos. Es como si de un golpe hubiera salido o me hubieran sacado del transcurrir ahora no sé como volver cómo colarme de nuevo en la vida cómo salir de la épica donde me he instalado donde me he construido una imagen confiable y mirá que las épicas no son recomendables y los mártires pueden ser terribles y soberbios aunque no por ello dejan de ser mártires. Pequé por haberme instalado en la gesta de la mujer del héroe con una carátula trágica protectora, en realidad es lo único que pude hacer , sostenerme en algún espacio que me explica. Y alguien me susurró sos tigre y los tigres son buenos para las épicas aunque nadie se llevaría un tigre a la casa. Solamente muerto y para que le sirva de alfombra, para pisarlo y exhibirlo, en una de ésas para colgarlo de la pared lo que no me hace mucha gracia ya he experimentado la sensación de estar en la pared de otro.

Durante años viví todas las muertes y todas las vidas, no me permití huecos ; soporté a los muertos y a los vivos, a los vecinos y a los ausentes. En mis días confluían los gritos de la cárcel , la sangre silenciosa de los asesinatos, la vergüenza de los miedosos y de los cómplices, el odio sordo de los verdugos, la indiferencia de los que nos habían declarado inexistentes. Y así adriana ricardo horacio graciela y sobre todo ángel siguieron viviendo , yo representaba a todos . En ese mundo imaginario yo dialogaba con ellos e intentaba conjurar la palabra muerte, convivía con los fantasmas cuyo regreso nadie se atrevía a cuestionarme. Cuestión de fe. de fanatismo por la vida, de fascinación con la muerte de negación de la ausencia. La muerte me acechaba con sus peores rostros- sí la muerte tiene diferentes caras y aunque parezca extraño unas son más temibles que otras-La tortura que no se merece, el crimen que no se entiende. tres años donde todos los días me dibujaba una cara que perdía todas las noches, donde solamente los rituales mantenían vivo al otro, un eterno monólogo de muertes reales y engañosos renacimientos. Y los cuadernos con diálogos imaginarios se amontonaban en el rincón obsesivamente registraba todo aquello que el otro se perdía de mi vida de la de sus hijos de la de todos los que nos rodeaban renovando las promesas hasta con regalos que cuidadosamente guardaba con la ropa para el viaje que realizaríamos salvándonos para siempre de este país, de esta gente porque ya no habría dudas ya nadie nos tocaría la puerta mientras pintábamos la casa, nunca más permitiría que me tranquilice una voz masculina que simula manejar la situación con la última frase que le escuché "No te preocupés cielo que ya vuelvo" qué derecho tenía a pedirme que no me preocupe.

Hoy debo fundar un modo de instalarme en el presente, de abandonar la doble escena en la que en ese momento quedé fijada y volver los ojos hacia los hombres y las mujeres, las palabras y los libros, Por eso es necesario poner historia en ese pasado. Esta historia es la mi historia de un grupo de personas muchas de ellas están muertas otras están lejos. Hay en ella mucho dolor pero también mucha ternura y sobre todo una inmensa demanda de memoria y de justicia en un mundo que pretende olvidarlos.


Carmen

martes, 2 de febrero de 2010

Adiós a Tomás Eloy


El 31 de enero murió Tomás Eloy Martínez. En su memoria reproducimos un texto suyo "Ars Poética"
Ars poética


¿Desde dónde escribo? Escribo desde lo que desconozco, desde lo que no comprendo, desde lo que me afecta (es decir, siguien­do la vieja etimología de la palabra, desde aquello que de algún modo me rehace). Escribo para reconocer esos descono­cimientos que están allí y ante los que no quisiera permanecer ciego. Lo hago para imponerme una cierta lucidez, para negarme al desconcierto. Y también, sobre todo, escribo desde aquí, desde esta realidad a la que perte­nez­co: no tanto desde la realidad que leo sino desde la realidad que vivo. Mi materia es la infinita vida que me sorpren­de ahora y que no podría apresar si no estuviera con los sentidos en estado de alerta.

No coincido (o como dirían en el Caribe, no me hallo) con el viejo lema deconstruc­cionista según el cual todo texto debe suspender casi por completo su aspecto referencial. No quiero suspender nada, no quiero renunciar a nada que prive a mi lenguaje de todos los recursos y las técnicas que ese lenguaje ha ido aprendiendo a fuerza de ejercitar­se cotidianamente, a fuerza de afilarse y de buscarse a sí mismo. No quiero castrar a ese lenguaje de la pasión investigadora que se le adhirió al pasar por el periodismo, ni de la fiebre visual que se le contagió al escribir cine o textos sobre cine; no quiero privarlo de los sobresaltos que lo transfiguran cuando oye música, ve un tríptico de Hyeronimus Bosch o reconoce el habla de su infancia en los campos de Tucumán; no quiero tampoco obligarlo a olvidar el paisaje de las teorías críticas que le han movido los meridianos de la inteligencia, aquí o afuera. No quiero, en fin, escribir fuera de la historia, ni lejos, ni simulando que no me concierne. Quiero meter las manos en ella, aunque se me quemen.

No estoy dispuesto a renunciar a nada, porque no creo que sea legítimo privarme de nada de lo que soy, así como tampoco sería legítimo arrogar­me dones que no tengo.

Mi primera novela fue de ruptura, de tanteo. Era como una ceremo­nia de fricción y deliberado desencuentro con todo lo que yo llevaba en mí, o más bien, con lo que yo era: el periodis­ta, el investigador de las crónicas de Indias, el crítico de la literatura latinoamericana. Los dos últimos libros que he escrito tienden, en cambio, a explorar el camino del medio, entendiendo el medio de la manera como lo entiende Gilles Deleuze: el lugar del movi­miento, del pasaje, el punto de máxima veloci­dad, el imprevisto y vulnerable punto por donde las cosas empujan. ¿Medio entre qué y qué, podría preguntarse? Medio o línea del medio en la que todo cabe, todo vale: en la que el lenguaje se nutre hasta de aquello que la tradición podría considerar como escoria, como no-litera­tura, mientras, a la vez, se afana en busca de un orden verbal, de una estructura capaz de descubrir la realidad como otra cosa: como una transfiguración o epifanía. De esa manera, el camino del medio no es la búsqueda de un promedio, de una conciliac­ión entre contrarios sino, como también diría Deleuze, es la fruición por el exceso.

¿Qué tipo de narración se concilia con eso? ¿O mejor dicho, qué trato de construir, como narración, desde esos puntos de partida no tan heterogéneos como pudieran parecer a primera vista? Trato de escribir un relato de la historia que sea también un relato de la realidad histórica; trato (quisiera decir) de escribir la realidad. Lo que con frecuencia no me resulta fácil es que de allí se deriven goces que para mí son irrenuncia­bles: el goce de escribir y el goce de quienes leen lo que escribo.

Escribir la realidad ha permitido que algunos de mis textos sigan también escribiéndose en la realidad. Si bien la historia nace de la realidad, hay ciertas rea­lidades que sólo pueden nacer de la ficción.

Veamos entonces qué es lo que no hace mi narración para verificar luego aquello que sí hace; veamos, en mis dos últimos libros, qué parecie­ra que hace mi escritura cuando, en verdad, no tiene el menor interés en hacerlo. Mis textos últimos no son una variante heterodoxa del llamado «nuevo periodismo». El nuevo periodismo pone en escena datos de la realidad que la cuestionan pero que no la niegan; puede, acaso, dramatizar algunos detalles triviales, pero siempre es pasivo ante la realidad. Lo que el nuevo periodismo pone en duda no son los hechos sino el modo de narrar los hechos. La ficción no pertenece a ese juego. Tampoco son, mis textos últimos, un afluente testimonial de la historia. Acaso lleguen a proponer verdades iguales a las de la historia, pero siguiendo otros caminos: el camino de lo que pudo ser, el camino de lo que tal vez fue y sin embargo no se puede probar en términos académi­cos. He engendrado personajes ficticios que dialogan con personajes reales; he imaginado publicaciones (obviamente ficti­cias) que narran hechos reales y publicacio­nes reales que narran ficciones; he imaginado a personajes reales viviendo acontecimientos imaginarios, si bien cuando los viven están sujetos no a la lógica de la Historia sino a la lógica de la verosimilitud novelesca.

Lo que con cierta prosopopeya podría llamar entonces «mi proyecto» es un acto de pequeña audacia: quisiera convertir el presente en una fábula, dentro de la cual los personajes históricos pueden establecer una relación dialéctica con la imaginación. Procuro, como ya he dicho, que mis textos sigan escribiéndose en la realidad, que sean ficciones no clausura­das. Nada que ver, entonces, con la novela histórica tradicio­nal, aunque un proyecto de esta índole sea, por supuesto, tributario de ella.

Cada relato crea, como se sabe, su universo de relacio­nes, sus crepúscu­los, sus lluvias, sus primaveras, su propia red de amores y de traiciones. Ese conjunto de leyes no tiene por qué ser igual a las leyes de la realidad. Su única obliga­ción es postular una verdad que tenga valor por sí misma, que sea sentida como verdadera por el lector. Que el lector diga: he aquí otro mundo que se parece al mío, que difiere del mío, pero donde todo está en su sitio. Pero sobre todo que diga el lector: este mundo no es el de la historia, y sin embargo, lo necesito. Sin este mundo, la vida (y en consecuencia, también la historia) sería incompleta.

Lo que sí hago, entonces, es echar mano de la realidad (y no sólo de la literatura) para escribir literatura. Obviamente, hay cosas que suceden también en la literatura que me mueven a tentar formas de respuesta, por lo mismo que esas cosas forman parte de la realidad. De un modo u otro, esas cosas me afirman, por confirmación o por rechazo -da lo mismo-, en lo que podría llamarse «mi proyecto literario». Y escribo, también, desde una frontera genérica, desde cierto margen u orilla de los géneros donde todo se mezcla (el periodismo, las fábulas narrativas, la ópera, los libretos de cine, los expedientes judiciales) y donde cada paso entraña un cierto riesgo, un tanteo, una provocación.

Lo importante es cuales textos imponen un cambio, un paso al frente o al costado, con relación a Roberto Arlt, a Macedonio, a Borges o a Cortázar. están abriendo brechas de lenguaje que parecieran resonar de una manera nueva. Pero, ¿cómo llamar definitivas a esas impresiones cuando nada es definitivo en este magma donde andamos?
Tomás Eloy Martínez
La Gaceta Literaria, La Gaceta de Tucumán
Ficciones Verdaderas.
Carmen Perilli

Las ficciones de Tomás Eloy Martínez trabajan con dos gestos, la noticia y el mito. Proponen un diálogo entre la memoria y el olvido, la vida y la muerte, la historia y el mito. Después de las primeras poesías, Sagrado rescata la memoria de un Tucumán mitológico, donde el tiempo se transforma en quietud y las voces de las tías en susurros detrás de los visillos. El autor considera este libro "una ceremonia de fricción y deliberado desencuentro con todo lo que yo llevaba en mí, o más bien, con lo que yo era: el periodista, el investigador de las crónicas de Indias, el crítico de la literatura latinoamericana". Años más tarde aparecerá La mano del amo, una novela donde el escritor se transforma en sociólogo del imaginario provincial. Carmona vive oprimido en un mundo donde lo familiar es siniestro, separado del resto del mundo por una herida, la Zanja de Alsina. Estas novelas pueden ser leídas en contrapunto, en el pasaje de un universo hierático a la esperpéntica representación de un drama.El periodismo y la literaturaEl periodismo y la literatura se alimentan mutuamente. Tomás no sutura ni homogeneiza las palabras de los otros: las deja en libertad. Sus novelas más importantes surgen a lo largo de muchos años de investigación. En ellas explora lo que llama el "sueño argentino", "el lugar común, la muerte", obsesiones de un imaginario nacional. La novela de Perón es la respuesta literaria a Las memorias de Juan Perón recogidas en el semanario Panorama. Un libro polemiza con el otro, lo hace desde la imaginación. La novela se construye con todas las versiones y se abre a múltiples significaciones. En el espacio narrativo hay dos géneros en juego: la ficción y el testimonio. El uso del "de" en el título es ambiguo. Como posesivo funda un simulacro de propiedad que parece eludir el nombre del autor sustituyéndolo por el del personaje. Hay al menos tres posibilidades: la biografía, la autobiografía y el mito. El escritor pasa de mediador a autor. Dramatiza el encuentro entre dos figuraciones de periodistas: Zamora y Tomás Eloy Martínez. Este último afirma: "Por una vez quiero ser el personaje principal de mi vida. No sé cómo. Quiero contar lo no escrito, limpiarme de lo no contado, desarmarme de la historia para poder armarme al fin con la verdad".Santa Evita y El cantor de tangoSanta Evita es una biografía y una tanatografía. En el centro de la novela está la muerte, un cadáver multiplicado en textos y cuerpos. Desde la Eva-muñeca de Borges en El Simulacro hasta la fascinante protagonista de la ópera de Tim Rice y Andrew Lloyd Weber o la figura travestida en Copi. Pero sobre todo Esa Mujer, de Rodolfo Walsh. Las historias se mezclan: la de Eva, la de su cadáver, la del militar Moori Koenig y la de Tomás Eloy Martínez. El narrador nos dice: "Acumulé ríos de fichas y relatos que podrían llenar todos los espacios inexplicados de lo que, después, iba a ser mi novela. Por ahí los dejé, saliéndose de la historia, porque yo amo los espacios inexplicados". Y en ese inacabamiento está la autonomía del texto que se rehace en cada lectura.Las últimas novelas han tomado diferentes caminos. El vuelo de la reina es la historia de la obsesión de Camargo, especie de Citizen Kane, poderoso editor, que convierte las pasiones y las acciones en formas de poder en un país desmantelado por el neoliberalismo. La historia está escrita desde el final como relato policial, entretejido con filmes de los años 50. Además de los recuerdos del protagonista -la infancia tucumana y la adolescencia porteña-, la acción se sitúa en tres tiempos: 1997, 2000 y 2003. El cantor de tango, de enigmático título, es una novela de búsqueda. No sólo del crítico norteamericano y del cantor sino del autor y del lector. La exploración admite varios planos: la persecución del cantor y el encuentro con la ciudad que es una y muchas ciudades, las de la historia y las de la literatura. La escritura dibuja la ciudad dentro de la ciudad, repone la historia. "Sólo una ciudad que ha renegado tanto de la belleza puede tener, ante la adversidad, una belleza tan sobrecogedora". En todos estos alucinantes relatos hay un elemento común: la muerte impune.Ficciones verdaderasLa mayoría de las novelas pueden definirse como "ficciones verdaderas", ficciones que, según el escritor, parten de un dato de la realidad que suscita en el narrador el interés no por el episodio en sí sino por la red de significaciones que desata. Tomás Eloy mantiene un largo diálogo con las sombras de su historia y las de la historia nacional. Se refiere a su proyecto literario como "un acto de pequeña audacia: quisiera convertir el presente en una fábula, dentro de la cual los personajes históricos pueden establecer una relación dialéctica con la imaginación. Procuro, como ya he dicho, que mis textos sigan escribiéndose en la realidad, que sean ficciones no clausuradas".El tucumano construye un espacio de encuentro entre los discursos de la cultura "ilustrada" y la cultura masiva y popular. Preserva intacta la seducción de géneros como el folletín, el policial y la crónica: la aprovecha para abrir una grieta dando vuelta significaciones, armando metáforas que los expanden más allá de sus límites y los dotan de la sutil materialidad de la literatura.

domingo, 10 de enero de 2010

Los Reyes Magos, esos desconocidos de Umberto Eco




Estos últimos días, he asistido casi por casualidad a dos episodios interesantes: una quinceañera hojeaba muy interesada un libro de reproducciones de arte y otros dos quinceañeros visitaban (fascinados) el Louvre. Los tres habían nacido y habían sido educados en países rigurosamente laicos y en familias no creyentes. Por eso, cuando veían "La balsa de la Medusa" entendían que unos desgraciados acababan de escapar de un naufragio, o que los dos personajes de Francesco Hayez que se ven en la Academia de Brera eran dos enamorados, pero no conseguían comprender por qué el Beato Angélico representó a una chica hablando con un marica con alas o por qué un señor trastornado bajaba a trompicones una montaña llevando a cuestas dos losas de piedra muy pesadas y emanando rayos luminosos por los cuernos.Naturalmente los chicos reconocían algo en una Natividad o en una Crucifixión, porque ya habían visto algo parecido pero, si en el pesebre se introducía a tres señores con manto y corona, ya no sabían quiénes eran ni de dónde venían. Es verdad que esto también le pasaba a Mateo, pero no es éste el punto. Es imposible entender digamos tres cuartos del arte occidental si no se conocen los hechos del Antiguo y del Nuevo Testamento y las historias de los santos.¿Quién es la chica con los ojos sobre un platito de plata? ¿Sale de la noche de los muertos vivientes? Y un caballero que corta por la mitad una prenda de vestir, ¿está haciendo una campaña anti-Armani? Sucede que, en muchas situaciones culturales, chicos y chicas aprenden en el colegio todo sobre la muerte de Héctor y nada sobre la de San Sebastián, todo sobre las bodas de Cadmo y Harmonía pero nada sobre las bodas de Caná. En algunos países hay una fuerte tradición de lectura de la Biblia, y los niños se lo saben todo sobre el becerro de oro, y nada sobre el lobo de San Francisco. En otros sitios se los ha embutido de Via Crucis y han quedado a oscuras de la "mulier amicta solis" del Apocalipsis.Ahora bien, lo peor sucede, obviamente, cuando un occidental (y no sólo los quinceañeros) tienen que vérselas con representaciones de otras culturas, cada vez más presentes puesto que la gente viaja a países exóticos mientras los habitantes de esos países vienen a instalarse aquí. No hablo de las reacciones perplejas de un occidental ante una máscara africana, o de sus risas ante esos Budas oprimidos por la celulitis (que además, si se lo preguntamos, estarán dispuestos a contestar que Buda es el dios de los orientales tal y como Mahoma es el dios de los musulmanes). Lo peor es que muchos de nuestros vecinos de casa estarían dispuestos a pensar que la fachada de un templo hindú ha sido diseñada por un comunista para representar lo que sucedía en los festines que Silvio Berlusconi daba en sus villas, y menean la cabeza cuando ven que los mismos hindúes se toman en serio a un señor en cuclillas con cabeza de elefante, sin darse cuenta de que ellos no encuentran nada extraño en una persona divina representada como una paloma. Por lo tanto, más allá de cualquier consideración religiosa, e incluso desde el punto de vista más laico del mundo, es necesario que los chicos en el colegio reciban una información básica sobre ideas y tradiciones de las distintas religiones. Pensar que no es necesario equivale a decir que no hay que enseñarles quiénes eran Zeus o Atenea porque eran sólo cuentos para las viejecillas del Pireo. Pero claro, querer resolver la educación de las religiones con la educación de una sola religión (por poner un ejemplo, la católica en Italia) es culturalmente peligroso porque, por una parte, no se puede impedir que no asistan a esa hora los alumnos que no creen o los hijos de los no creyentes, con lo que se pierden un mínimo de elementos culturales fundamentales; y, por la otra parte, se excluye de la educación religiosa toda alusión a otras tradiciones religiosas.No sólo, la hora de religión católica puede transformarse en un espacio de discusión ética, absolutamente respetable, sobre los deberes hacia nuestros semejantes o sobre la esencia de la fe, pasando por alto esas noticias que nos permiten distinguir una Fornarina de una Magdalena arrepentida. También es verdad que los de mi generación estudiamos todo sobre Homero y nada sobre el Pentateuco; en el bachillerato nos enseñaban todo sobre Burchiello y nada sobre Shakespeare, y recibimos pésimas lecciones de historia del arte pero aun así hemos conseguido sobrevivir, porque evidentemente había algo en el aire que nos hacía llegar estímulos y noticias. Pero esos tres quinceañeros de los que hablaba, que no sabían reconocer a los Reyes Magos, me sugieren que también el aire nos transmite cada vez menos informaciones útiles, y cada vez más informaciones absolutamente inútiles. Que los Reyes Magos mantengan sus seis santas manos sobre nuestras cabezas. Copyright New York Times Syndicate, 2010.

Diario Clarín, 6 de enero de 2010

domingo, 20 de diciembre de 2009

Los dueños de los libros

De cómo los libros pueden tener dueños
En 2001, estando en Mar del Plata, un librero me recomendó La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón. Confieso ser una lectora omnívora, y reconozco que el libro me produjo un placer inmediato y me amarró desde las primeras líneas. A lo largo de más de doscientas páginas se mezclan todo tipo de fórmulas de géneros masivos: melodrama, aventuras, policial, relato de aprendizaje, con un sabroso agregado: el héroe se movía en una gótica Barcelona, compuesta por lectores, escritores y libros... y casas viejas llenas de tesoros. En el comienzo, como símil de la biblioteca de Borges y custodiado por el fiel Isaac, un “Cementerio de Libros Olvidados”. El joven Daniel Sempere encuentra allí La sombra del viento, de Julián Carax. Antes, como si lo presintiera, el padre, un sabio y viejo librero, le advierte: “Cuando una biblioteca desaparece, cuando una librería cierra sus puertas, cuando un libro se pierde en el olvido, los que conocemos este lugar, los guardianes, nos aseguramos de que llegue aquí. En este lugar, los libros que ya nadie recuerda, los libros que se han perdido en el tiempo, viven para siempre, esperando llegar algún día a las manos de un nuevo lector, de un nuevo espíritu. En la tienda nosotros los vendemos y los compramos, pero en realidad los libros no tienen dueño. Cada libro que ves aquí ha sido el mejor amigo de alguien. Ahora sólo nos tienen a nosotros, Daniel. ¿Crees que vas a poder guardar este secreto?”.A primera vista una defensa de la lectura en un mundo hostil, la España del franquismo, con reflexiones, casi excesivas, sobre el futuro de los libros. La fascinación del lector se sostiene menos en la descuidada narración, llena de galicismos y según la cual Bogotá es la capital de Venezuela, que en el “flujo”, casi en un sentido televisivo, de los acontecimientos, que no dejan casi detenerse. La ficción está concebida casi góticamente en términos de luces y sombras en una ciudad prodigiosa en las primeras décadas del siglo XX.
La nueva novelaEn La casa del ángel la acumulación de elementos es mayor y los recursos se duplican hasta llenar agobiantes 667 páginas. La mezcla de géneros se exaspera, al punto que el lector se siente desorientado todo el tiempo acerca de si se encuentra ante una novela policial o frente a una historia de terror. Cuando creemos que resulta imposible que aparezcan nuevos elementos, Ruiz Zafón nos sorprende, como en las telenovelas, con un nuevo giro. El delirante diseño narrativo acude a continuos golpes de efecto y nos abruma con laberintos, desdoblamientos, exageraciones, reconocimientos. Un remoto y traicionado modelo está en Grandes Esperanzas, de Charles Dickens, el libro que acompaña al protagonista. David Martín, un joven periodista que nació con el siglo, se inicia en la literatura a través del periodismo. La novela es pródiga en figuraciones del mundo de los escritores y también del mundo editorial. Martín, obligado por su situación, se convertirá en un escritor por encargo de una serie folletinesca de nombre altisonante La ciudad de los malditos. Todo cambia cuando se muda a una antigua casa y se cruza en su camino un misterioso personaje, Andreas Corelli, sombra del Mefistófeles del Fausto, que le encarga un misterioso libro religioso. Martín descubrirá, a través de múltiples enredos, la trama siniestra que se esconde detrás de este mandato. También acá un librero, de apellido Sempere, es su amigo y muere defendiendo su novela, “porque los libros tenían alma, el alma de quien los había escrito y de quienes los habían leído y soñado con ellos”. El relato, casi kitsch, nos regala una prosa tosca, regada de casticismos, de gran velocidad, que enhebra todo tipo de acontecimientos. No faltan la historia de amor maldito ni, como broche final, un desenlace inusitado. Carlos Ruiz Zafón, escritor de guiones para Hollywood, ha afirmado que la mejor literatura está hoy en la televisión. Lo cierto es que, a pesar de la profesión de fe en los libros que parecen encerrar estas dos novelas, su verdadero modelo está en la reformulación que los medios masivos hacen de los géneros narrativos tradicionales, que le garantizan, a través de la repetición, la “ facilidad” del recorrido al consumidor. La figura de Ignatius B. Samson, el “autor fantasma” de folletines, es un espejo del autor. La narrativa española del siglo XX, quizá por el tardío ingreso en la modernidad que supuso el franquismo, dio un salto abismal al mundo del mercado. Juan Goytisolo habla de desertificación. Las industrias editoriales españolas, que ya habían celebrado lo que unos críticos llaman “la llegada de los bárbaros” (el boom latinoamericano) buscan el grial editorial. Casos como los de Antonio Muñoz Molina y Arturo Pérez Reverte son acompañados por la mismísima Academia. En ese horizonte no hay gestos, ya que el lector es visto como consumidor, y el libro, como producto. El éxito de los libros de Carlos Ruiz Zafón no es casual; tiene antecedentes en fenómenos como El Código Da Vinci y Harry Potter... y muchas aristas. Aunque no quepan dudas de que estos libros irán a parar al Cementerio de Libros Olvidados. © LA GACETA
CARMEN PERILLI