lunes, 30 de noviembre de 2009

Releyendo "Escrito en el cuerpo" de Peter Greenaway


La escritura es una de las obsesiones recurrentes en la cultura occidental. En el crepúsculo del milenio adquiere registros fascinantes, modulaciones diferentes en superficies como la pantalla de la computadora. La letra y el espacio cambian sus formas de vincularse entre el cuerpo y la escritura. cuerpo se torna fundamental dentro del cine y la literatura. Se trata de nuevo problemáticas como las de la vinculación entre la palabra, la imagen y la letra. En Escrito en el cuerpo de Peter Greenaway el director, que en la puesta cinematográfica de La Tempestad de Shakespeare ya había incursionado en la relación entre la letra y la modernidad, entre la escritura caligráfica y la letra impresa así como sobre escritura y sobreescritura, cartografías y diferentes formas de inscripción retoma el tema. Escribir en el cuerpo es también escribir con el cuerpo. La niña cuyo nombre es inscripto por el padre en el momento del nacimiento, pintado en la escritura china, a diferencia de la escritura significa a medio camino entre la imagen y el signo, el padre-escritor-pintor pinta sobre el cuerpo de la niña al mismo tiempo que sobre el papel pero somete su papel y su cuerpo al editor. Al mismo tiempo la madre le entrega las claves del diario íntimo una escritura femenina donde la antepasada Nagiko que lleva su mismo nombre ha inscripto la lista de la cosas lindas al mismo tiempo que su vida. Nagiko pasará de ser escrita en un doble sentido, en el cuerpo y en la mente con el recuerdo de su padre sometido, casi sin darse cuenta hasta comenzar a escribir su diario íntimo que será quemado por el marido que es un deportista que trabaja con el cuerpo del que huirá después de quemar la casa, Nagiko ama los libros pero sólo puede buscar que alguien escriba en su cuerpo, la búsqueda supone la entrega de su cuerpo y su exhibición como modelo, otro modo de ser cuerpo escrito, al mismo tiempo siempre es seguida por el fotógrafo que intenta fijarla en la imagen. El encuentro con el amante, un occidental que es traductor, maneja las lenguas pero no puede escribirla le indica el camino escribir ella en el cuerpo de otro, pintar el cuerpo del otro. Ese otro solamente puede ser el amante que a su vez es el cuerpo sometido del editor. Nagiko psicoanalíticamente lleva inscripta la palabra del padre enajenada en la del escritor; en un principio elige el camino indicado por la tradición femenina , el del diario íntimo pero después hace el pasaje por el cuerpo del hombre otro a través del cuela entregará la editor los primeros libros que luego se transformarán en un juego entre el editor y el cuerpo/los cuerpos de los hombres escritura fetiche y ritual al igual que el erotismo .

La imagen mientras tanto juega con los colores y los planos, en algunos momentos la pantallas ofrece varios planos; Nagiko intenta escribirse a sí misma en el momento cuando cumple años pero no puede , al final el amado intenta llegar a ella usando el cuerpo como mensaje pero es la muerte. El cuerpo después de muerto se transforma en un libro, terrible libro hecho con la piel del amante que es desenterrado por el editor. La entrega de los libros coincide con otra inscripción la del hijo y se hace a cambio de la entrega del libro/cuerpo del amado. Siempre empleando como vehículo el cuerpo de los hombres. Es interesante el hecho de que el hombre es el traductor tanto de los idiomas como con el cuerpo se convierte en superficie a través de la cual ella escribe el libro. Si en un comienzo sólo puede escribir una lista de cosas malas después puede hacer la lista de cosas buenas, Al final ella escribe en el niño. Greenaway a la vez escribe sobre otras superficies la del celuloide, la de la imagen otra escritura, el juego es infinito.
Carmen Perilli

Una poética de ángeles caídos. Las crónicas de Elena Poniatowska


La escritura de Elena Poniatowska articula un proyecto alternativo en el cruce entre ficción literaria y construcción histórica; entre poesía y periodismo.. Abandona el papel del letrado iluminado para ocupar el del letrado solidario. Se pueden delimitar zonas en su producción: la zona de la biografía: novelas de aprendizaje como Lilus Kikus y Flor de Lis ; reportajes como Todo México; biografías como Tinísima, epistolarios como Querido Diego te abraza Quiela; ficciones testimoniales como Hasta no verte Jesús mí- textos en los que decir Yo es decir nosotros-mujeres, mexicanos, intelectuales, niños. La zona de la crónica es homogénea; incluye discursos muy diversos- dice Nosotros y los Otros como representación plural de la la nación. Desde los tlatolli y las historias de frailes y soldados del siglo XVI hasta Martín Luis Guzmán y Carlos Monsiváis la crónica es importante en la literatura mexicana.y latinoamericana. "¿Por qué el sitio tan marginal de la crónica en nuestra historia literaria? Ni el enorme prestigio de la poesía, ni la seducción omnipresente de la novela, son explicaciones suficientes del desdén casi absoluto por un género tan importante en las relaciones entre literatura y sociedad, entre historia y vida cotidiana, ente lector y formación del gusto literario, entre testimonio y materia prima de la ficción, entre periodismo y proyecto de nación?[1]. Poniatowska la transforma en espacio polifónico; destruyendo el monologismo estatal, desnuda el autoritarismo del mito revolucionario mexicano. Si en La noche de Tlatelolco el movimiento estudiantil es el héroe trágico; en Nada nadie el pueblo del terremoto protagoniza una épica solidaria.Tensión permanente entre estos el ritual y la historia[2]: entre el mundo marcado por los rituales y el mundo desgarrado de la modernidad. La matanza en Tlatelolco repite el sacrificio religioso de los orígenes: Los aztecas sacrificaban a los dioses jóvenes guerreros en batalla florida; el Estado mexicano sacrifica al Orden a jóvenes estudiantes. La noche de Tlatelolco actualiza las palabras náhuatl-: "Gusanos pululan por calles y plazas/ y en las paredes están salpicados los sesos...". Los testimonios insisten letánicamente: "Había mucha sangre pisoteada, mucha sangre untada en la pared"; "Vi la sangre embarrada en la pared"; "La sangre de mi hija se fue en los zapatos ..."; "Y el olor de la sangre manchaba el aire/ ". La frase "Son cuerpos, señor..."adquiere el mismo valor. En Nada nadie. Las voces del temblor, la experiencia de la muerte y el despojo es significada desde el título: "¿Necesitan algo?/No, Nada";"¿Quién anda ahí?/ Nadie, soy yo/ Ya no tengo nada"; "Ya no tengo a nadie/ Ya no soy nadie"; "Nada, nada, yo ni pido nada"; "Me quedé sin nadie y sin nada , señito". Tlatelolco es nuevamente el centro de la tragedia: "¡Como el 2 de octubre , cuando la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco amaneció cubierta de zapatos como flores machucadas".En la historia mexicana tramada como tragedia la muerte es matanza y sacrificio: verdugos y víctimas están atrapados en los mismos gestos. “Los ángeles de la ciudad”– en Fuerte es el silencio- se sostiene en la alegoría, representando al Distrito Federal como un infierno dantesco. "Los círculos se agrandan, cada vez es más ancho el cinturón de miseria, pulula un mundo que se va achaparrando hasta quedar a ras del suelo; pocilgas en las que uno se mete a gatas, y de las que emergen en la neblina de la madrugada unos ángeles sucios, de alas trasquiladas y lodosas que se escurren lastimeramente ..." ( FS, 23). El sujeto son los “sin nombre”, los “póngale juan nomás...” tragados por la vida urbana. El cronista los acompaña; camina a su lado; su testimonio se funda en historias de vidas que arman un sujeto colectivo.La noche de Tlatelolco narra los sucesos del 68, desde las fotografías del comienzo. Reproduce testimonios de los miembros del movimiento estudiantil, con excepción de voces que actúan como coro. En el espacio virtual de la lectura de las diferentes voces así como textos diversos ( carteles, grafitis, cantos). La cámara se detiene en las imágenes fragmentos literarios y periodísticos . El narrador incluye una cronología .En Nada, nadie el Autor se presenta como equipo que, a su vez, entrevista a los protagonistas, ficcionalizando sus presencias en la agrietada y doloridad ciudad. Las voces construyen cuerpos marcados, sobrevivientes y muertos. La palabra propia busca ser palabra de todos. Los ángeles negros instauran la solidaridad que el Estado policíaco reprime: "Contamos con el Chanfle y con el Vaselina, el Újule y el Estoperole... Son ellos los salvadores, los desalojados y los pateados"; "Me llegaron algunos con facha de cadeneros, de pandilleros, y resulta que me ayudaron en serio". Escritura que reflexiona sobre los límites de lo real impugnando los límites de la literatura misma, ya hay una acción doble: sobre la construcción histórica y sobre la ficción literaria.. No se trabaja en la literatura con la literatura solamente. Retratar, construir, dar testimonio, documentar. Poniatowska incorpora a la crónica los mejores recursos de la vanguardia narrativa. Compleja negociación entre tradiciones diferentes; tensión entre letra, voz e imagen; reescritura de textos maestros del imaginario social mexicano, impugnación del discurso político; inscripción del acontecimiento en el mito; configuración de un sujeto colectivo no anónimo; pacto solidario entre autor y pueblo todas estos funciones conforman una escritura que renueva un género al mismo tiempo que formula una versión crítica de la nación mexicana. Carmen Perilli
[1] Monsiváis, Carlos"De la santa doctrina al espíritu público(Sobre las funciones de la crónica en México" en Nueva Revista de Filología Hispánica, Tomo XXV, 1987, Nro. 2, México, pág. 753.
[2] ver Frederic Jameson: "De la sustitución de importaciones literarias y culturales en el Tercer Mundo. El caso del testimonio", Revista de crítica literaria latinoamericana, Lima, 1992, Año XVIII, Nro. 36.

lunes, 2 de noviembre de 2009

"El Piano Mudo " de Zuhair Jury

Hace unos diez días Tucumán apareció empapelado por afiches que se congratulaban del reconocimiento nacional de la película El piano mudo. La historia de las manos que rompieron el poder, realizada por Jorge Zuhair Jury , basada en la vida de Miguel Ángel Estrella, el célebre pianista fundador de Música Esperanza. Me apresuré a verla antes de que desaparecieran como suelen hacerlos muchas de estas obras. Me interesaba la historia del pianista, encarcelado y torturado durante la dictadura en una cárcel uruguaya. Salí con una enorme decepción, recordando muchos de los comentarios de Jorge Carnevale sobre la cinematografía argentina. Desde la primera escena el espectador se sumerge en una especie de estampita con colores primarios. El diálogo entre el pianista y el militante peronista con los campesinos resulta acartonado, a pesar de que la imagen del piano itinerante en los valles resulta poderosa, así como la apuesta ética y estética de entreverar música clásica y popular. Pero el texto presenta un pueblo” sin voz”, ingenuo, con personajes sin matices, casi infantiles. No hay mirada crítica sobre los 70 que son, sobre todo, peronistas. Los contextos están ausentes, no hay exteriores urbanos. Sólo la manifestación peronista que, desde la sala de piano, la maestra indica al músico como el fundamento genuino del arte. No entendemos cómo Estrella llega al Uruguay donde es detenido por el ejército. El contrapunto entre el encierro y los recuerdos podría haber sido efectivo si Jury no se obstinara en presentar el mundo en términos de buenos y malos en un mundo plano sin contradicciones. La biografía es una iconografía con una pastoral familiar con madre campesina y padre socialista (que poco tiene que ver con Omar Estrella librero y comunista). En la cárcel el encuentro con el trotskista deriva en arenga peronista de Estrella. Las escenas europeas, filmadas en uno de los teatros locales o en casas tradicionales revelan una total falta de recursos. La mayoría de los actores incurren en sobreactuaciones. Por supuesto que la historia conmueve, ya que apela a las experiencias de la dictadura y uno no puede menos que identificarse con el pianista con el teclado roto y las manos golpeadas. La aparición final de Miguel Ángel Estrella marca un enorme contraste con la falta de naturalidad de la mayoría de los personajes. Falta un buen guión y sobran tesis. Para terminar, casi irónicamente, entre los agradecimientos figura el Ministro de Cultura de la Provincia, Mauricio Guzmán, funcionario de Antonio Domingo Bussi. Obras así lejos de restituir la densidad a través del arte se convierten caen en la trampa de las simplificaciones de una realidad histórica que merece ser leída en toda su complejidad.

Carmen Perilli
carmenperilliI@yahoo.com.ar
Publicado en el Correo de Lectores. Revista Ñ, 31 de octubre de 2009

viernes, 30 de octubre de 2009

Madre hay muchas...

La madre es uno de las formas del eterno femenino en tonos aspectos fascinantes y temibles. Objetos de refranes como “Madre hay una sola” o de edípicos versos como los de Rafael de León: “Toíto te lo consiento/ menos faltarle a mi mare, / que una mare no se encuentra/ y a ti te encontré en la calle”. En aquellos tiempos míticos de la escuela primaria recitamos, con lágrimas en los ojos, el poema de Olegario Víctor Andrade “ Ven para acá me dijo dulcemente mi madre... “ Y la figura sacrificada y luminosa surgía desde la muerte - ni entonces descansaba -para proteger y conversar con el hijo.
La poesía de César Vallejo está surcada por el diálogo con la madre. En “El buen sentido” nos dice “La mujer de mi padre está enamorada de mí, viniendo y avanzando de espaldas a mi nacimiento y pecho a mi muerte” Y se pregunta “¿Por qué las madres se duelen de hallar envejecidos a sus hijos, si jamás la edad de ellos alcanzará la de ellas?”. Pablo Neruda canta a la dulce y verde Mamadre: “la vida te hizo pan/ y allí te consumimos”. El mexicano Jaime Sabines en una elegía le pide a su madre muerta: “Si tú me lo permites, doña Luz, te llevo a mi espada, te paseo en hombros para volver a ver el mundo. Quiero seguir dándote el beso en la frente, en la mañana y en la noche y al mediodía”.
Siempre me preocuparon las condiciones de la Maga como madre, sobre todo en la interminable escena al estilo Trainspotting, donde el bebé Rocamadour muere ante los ojos atónitos del Club de la Serpiente. En las imaginerías literarias uno anda tropezándose con madres temibles. Pienso en la siniestra madre de La mano del amo que me pone la piel de gallina, rodeada de gatos y quemando los papeles de Carmona o la madre enfermera que acaricia con guantes al futuro jefe de prensa asesino en El vuelo de la reina. O en la madre loca y maldiciente de La vida entera de Juan Martini. También recuerdo madres no totalmente confiables en Roberto Arlt.
Pocos narradores se ensañan con tanta fascinación con las figuras maternas como el chileno José Donoso. Desde Coronación donde la abuela reina desde la muerte en una danza macabra hasta El obsceno pájaro de la noche donde madres y sirvientas-hadas y brujas- son el núcleo de complicidad que domina al imbunche, niño monstruo. Mario Vargas Llosa apuesta a la perversión materna en la imagen fulgurante de la madrastra transformada en centro erótico en El elogio de la madrastra y en Los cuadernos de don Rigoberto. Carlos Fuentes erige a Claudia Nervo , la actriz incestuosa y mítica de Zona Sagrada.
Hace un tiempo leí La sangre derramada de José Pablo Feinmann. La madre del personaje, cuyo único crimen es ser un tanto molesta y usar crema Hinds, anda por ahí a punto de ser desparramada con una almohada por el hijo que la ha internado en un geriátrico.
Pero no todas son malas noticias para las madres. Además de los poetas salen al cruce las imágenes de García Márquez que van desde la Úrsula de Cien Años de Soledad en cuyo fuerte corazón anida el alacrán que explica la soledad de la estirpe o la Luisa Santiaga omnisciente maga de Crónica de una muerte anunciada. Lástima que también esté Fernanda del Carpio, estricta vigilante de los amores ajenos y Pura Vicario que “ se consagró con tal espíritu de sacrificio a la atención del esposo y de los hijos, que a uno se le olvidaba a veces que seguía existiendo”.
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Carmen Perilli

Adiós a Génie Valentié

Cuando me avisaron que Génie Valentié había muerto no pude dejar de pensar en las palabras del poeta que más amó, Jorge Luis Borges, rebelándose ante la posibilidad de desaparición de un ser amado : “Cómo puede morir una mujer o un hombre o un niño que han sido tantas primaveras y tantas hojas, tantos libros y tantos pájaros y tantas mañanas y tantas noches”. Es difícil resignarse a saber que sólo podremos contar con ella en la memoria, esa forma de la inmortalidad que ella supo ganar. Pocas personas logran lo que ella consiguió : pasar por la vida con gracia y con estilo, llenar de afecto e iluminar con la razón y el sentimiento la vida de los otros. De ello formaban parte las charlas interminables y gozosas, la capacidad de pensar de a dos, las manos extendidas incondicionalmente y la certeza del otro siempre disponible. Y, sobre todo, la inteligencia exquisita, con esa gratuidad que debieran tener todos las acciones humanas. En un mundo urgido por las prisas Génie abominaba de las tablas y medidas. Mientras disfrutaba de sus entrañables cigarrillos, me dijo un día en el que hablábamos de las presiones del mundo universitario “¿Por qué no puede uno entregarse al placer de pensar, a la belleza de la palabra solamente?”. Los libros formaban parte de su vida, uno podía hablar horas sobre Cien años de soledad de García Márquez o sobre Lo bello y lo siniestro de Yasunari Kawabata. Era un privilegio contar con su sabiduría y recorrer de su mano bibliotecas interminables. Se respiraba felicidad en su entrega a la literatura. Amaba todas las formas de la cultura y escrutaba con pasión el universo. Recorría una y otra vez los mitos, en busca de respuestas. Prefería pensar lo religioso en un sentido amplio, como lo plantea el Do Kamo de Maurice Leenhardt, como un modo de religación. Sentía admiración por las culturas indígenas en las que la vida y la muerte eran una continuidad. Creía con Gusdorf en un pensamiento que integrara la razón y el mito, amaba a Simone Weil y no vacilaba a la hora de revisar el pensamiento de Heidegger. Recuerdo la fruición con la que recorría las palabras del poema Juan, 1, 14 y escucho su voz deteniéndose en sus versos: “Conocí la vigilia, el sueño, los sueños/ la ignorancia, la carne, /los torpes laberintos de la razón,/ la amistad de los hombres, la misteriosa devoción de los perros”. Le atraía ese Jesús hombre, que sentía nostalgia del olor de la carpintería. Se identificó con la protagonista de Elizabeth Costello de Coetzee. Le fascinaba el irónico final cuando el personaje a las puertas del paraíso pregunta al celador acerca de sus posibilidades de pasar al otro lado: ”El sonido que le devuelve “creencia” no es tan claro, pero sí lo bastante. Hoy, aquí y ahora, es evidente que no carece de creencias. De hecho ahora que lo piensa, en cierto modo vive de sus creencias. Su mente, cuando es ella misma, parece pasar de una creencia a la siguiente, haciendo pausas, recuperando el equilibrio y siguiendo adelante” . Para ella el hombre vivía de las creencias y se entregó con fervor a estudiar los mitos, esas narraciones con las que nos explicamos el mundo. Recuerdo cuando me hizo ver “De repente el verano”, la justa escena en la cual el sol deslumbra la arena. La primera vez que la hablé me había inscripto en uno de sus cursos sobre Teoría del Mito. Recordaba la amistad con mi madre y , desde entonces, comenzó a crecer entre nosotros un sentimiento inmenso. Fue mi maestra y mi amiga. La maestra diferente a todas las que había conocido que daba valor a la voz y al pensamiento del otro, que respetaba las diferencias y sabía escucharnos y nos enseñaba a hacerlo. Sabía extender la mano al otro como nadie y su generosidad abría espacios para personas muy diversas. Bromeábamos al llamarla la gurú, lo fue para muchos de nosotros. No tenía miedo de arriesgarse en el encuentro con el otro ser humano. En los tiempos terribles de la dictadura ella abrió las puertas de la casa y convirtió su departamento en un espacio de libertad. Allí armó el grupo Mythos y Logos salvando la vida de muchos de nosotros al darnos la posibilidad de seguir dialogando. Defendía con fervor el feminismo y nos introdujo al mundo de Simone de Beauvoir. Siempre me decía que no tenía miedo a la muerte, que quería morir entera, sin mengua. Pienso de nuevo en las palabras de Los conjurados : “No hacía falta tu voz, no hacía falta el roce de tu mano ni tu memoria. Estabas ahí silencioso y sin duda sonriente, al percibir que nos asombraba y maravillaba ese hecho tan notorio de que nadie puede morir”.
Un fragmento de este texto fue publicado en La Gaceta Literaria, "Diario La Gaceta de Tucumán", julio 2009

La peste de los nombres

En el pueblo cuando alguien se moría ponían su nombre a una calle. Cuando se agotaron pasaron a los canales, las plazas, los parques, las escuelas, las casas hasta agotar los espacios. Frente a tamaña crisis, El Honorable Consejo de Gobierno hizo una reunión y dictó un decreto: de ahora en más cuando muriera gente de prestigio para no despojarlos de la posibilidad de inmortalidad compartirían calles y plazas con nombres simultáneos y/o sucesivos. Por ejemplo Pérez y Fernández o Pérez /Fernández alternando semanas y días pares con los impares. Las medidas inducían a confusiones a carteros y turistas. Armaron un folleto explicativo pero –poco a poco- la gente dejó de pasar por un pueblo que los detenía con tantas explicaciones. Aún compartiéndolos los lugares se agotaron ante la capacidad de trabajo de la muerte. Los pueblos vecinos, aterrados ante esta peste de nombrar, decidieron aislarlos. Mediante otro decreto extendieron la capacidad de nombrar a las cosas, eliminando los nombres comunes- por ejemplo mesa, casa – sustituyéndolos nombres propios. Poco a poco se llegó a identificar los nombres con las cosas y se borraron límites en la memoria de la gente que, peligrosamente, mezclaba todo al no poder recordar. El Gobierno tomó medidas drásticas ordenando que los recién nacidos no llevaran nombres sino números lo que permitía repetir hasta el infinito, provocando un enredo de vidas. Las familias importantes protestaron contra este atentado que les impedía perpetuarse en pomposos nombres sumiéndolos en vergonzoso y gris anonimato. La crisis se agudizó: miles de recién nacidos aguardaban su bautismo y los muertos asediaban sedientos de perpetuidad. Después de un largo tiempo de silencio y desconcierto un joven que aguardaba su bautismo hacía veinte años, se rebeló y propuso que todos se llevaran su nombre al más allá o lo dejaran de este lado que allí no les serviría de nada ya que la única inmortalidad era la de los frutos y el polvo; propuso que la memoria popular resolviera qué olvidar y qué recordar sin andarle haciendo tantas señas sobre cosas tan banales como los nombres. Una multitud sin nombre respaldó su propuesta que fue aceptada a regañadientes por las autoridades. Por fin el pueblo pudo dedicarse a la vida y, sin la obligación de eternidad, pudo buscar la felicidad en el más acá y en el más allá.
Carmen Perilli
Publicado en La Gaceta Literaria, Diario La Gaceta de Tucumán,

La literatura como cámara




Toda biografía encierra secretas complicidades entre el escritor y personaje, un acto de memoria que anuda identidades y diferencia. Elena Poniatowska, a través del periodismo y la literatura, rescata el papel de mujeres como Frida Kahlo, Antonieta Rivas Mercado, Lupe Marín, Lola Álvarez Bravo.
Tinísima es la biografía de Tina Modotti, fotógrafa ítalo norteamericana; mujer y extranjera en un mundo nacionalista y viril, el del muralismo. Encarna a la contradictoria mujer moderna, artista y revolucionaria. Su cuerpo ha sido pintado, dibujado y escrito innumerables veces, en estudios, fotografías, pinturas, etc.
La historia de su vida está unida a la militancia anarquista del padre, al arte moderno y decadente del equívoco marido- “Los dibujos a línea de Robo tenían una modelo: Tina, su mujer, a quien puso una rosa en el sexo y pétalos giratorios en los pezones” ; al amor por el gran maestro norteamericano de la fotografía Edward Weston; a la figura oscura y enorme del muralista y militante comunista Xavier Guerrero- “Hacer el amor con Xavier era pasar de las caritas sonrientes de Veracruz a la gravedad de las cabezas olmecas... era ascender a una antigüedad portentosa, imponente, a la acción suspendida, a la esencia ajena”. Entre estas sombras masculinas que la atrapan está el luminoso líder cubano Julio Antonio Mella asesinado en sus brazos y el siniestro stalinista Vittorio Vidali-alias Comandante Carlos. El rumbo de su existencia parece determinado por sus amores. “Cada uno le había dado un sonido nuevo, un tiempo distinto, su espíritu, su estatura, cada uno había caminado sobre las olas hacia ella; ella, su cabeza sobre el pecho en turno”
El relato discurre entre la reconstrucción de notas periodísticas referidas al asesinato de Mella (1929) y a la muerte de Tina (1943). La muerte --la del otro y la propia-- dan origen y fin a la Historia que se trama sobre los espacios y diseña extrañas geografías. La permanente fuga de la identidad se refleja en los nombres que recibe el personaje: Assumpta, Tina, Tinísima, Rosa, María, Carmen, etc. La historia se inicia y concluye en México, superando la entrega al arte y la revolución por la pasión truncada en la historia de amor.
Curiosa identidad entre el cuerpo que nos interpela desde las fotos y el que está detrás de la cámara. Las fotografías de la propia Tina(15) contrastan con aquellas en la que actúa como modelo ( 25). Entre los artistas están Edward Weston, Manuel Álvarez Bravo, Robert Capra y Gerda Taro. También forma parte de los murales de Diego Rivera.La biografía inicia el diálogo cotejando la perspectiva la fotografía del rostro de Tina realizada por Weston con las flores de Modotti. Los retratos resaltan la intensa sexualidad y la vulnerabilidad. La interpretación de Poniatowska subraya la subjetividad de Modotti, su cuerpo femenino y expuesto.La escritora queda prendada de la cámara, como si no pudiera trabajar la lengua de Tina sin re-producirla en imágenes más ajenas que propias.
La fábula exhibe un diseño trágico y la condición circular del mito, uniendo a los amantes, de modo casi shakespeareano. Desde la muerte de Mella hacia atrás y hacia delante. Tina termina su largo y esforzado viaje en la misma mesa que trece años antes estuvo Julio Antonio donde su cuerpo desnudo recobra la belleza. La biografía tiene dos trayectos: el primero ascendente que la entroniza--presentándola como heroína y víctima-- y el segundo, descendente, que la destruye- mostrándola burócrata y verdugo. Hay cierta profusión de datos históricos con nombres como Eiseinstein, Maiakovski, Sandino. El fin de todo relato lo re-significa: la historia de amor se impone sobre todas las otras, inclusive sobre la historia de lucha.
Julio la nombra en el título íntimo y acariciador, Weston la muestra vuelta sobre sí misma. Sus ojos cerrados y sus manos enmarcando el rostro ponen el acento en el sentimiento y la subjetividad. El romántico retrato del fotógrafo se completa con la figura de Mella con la que comienza el primer capítulo. Tina “quisiera hundirse en su costado, ser con él un solo aroma nocturno” (10) La irrupción de Vittorio junto al cadáver tiende la narración hacia el futuro y remite a la escena de origen del libro- la entrevista de Poniatowska. Las fotografías de las azucenas y los cactus insisten en las flores como representaciones de mujeres lánguidas e indefensas o crueles y agresivas-- vinculadas a la subjetividad femenina.

La “feroz exhibición de la intimidad” (59) es el lugar desde el cual se producen las lecturas de la historia y la política mexicana. Esa fuerza sexual emerge como naturaleza de mujer que desordena el territorio cultural masculino. Estas representaciones responden a las narraciones patriarcales del eterno femenino. Como una “buena salvaje” “Tina no se daba cuenta que el paraíso era ese momentáneo asomo de gorila en sus axilas” (121).
La fábula dibuja una odisea cuya Itaca es México, lugar de la violencia y la pasión; el arte y la revolución pintados con tonos surrealistas. Bello y luminoso en los brazos de Xavier o de Julio; cálido e idílico en la arcádica existencia de las campesinas; fascinante en las pinturas de los muralistas o en las fotografías de Weston pero de amenazantes fauces xenófobas; siniestro como “un país de hombres” en el que “las balas se hacen fiesta.” (280) Tina queda atrapada en México; su vida sólo tiene un antes de recuerdos de mundos perdidos y un después agobiante. (10) Su plenitud está ligada a Mella y a la fotografía; también a la lucha por la causa política. (11)... Cuando su existencia pende solamente del Partido se pierde a sí misma.
Poniatowska busca iluminar su actividad como creadora, como sujeto detrás y delante de la cámara. Las fotografías que encabezan la mayor parte de los capítulos refieren a la autoexposición, una especie de biografía icónica. Durante la primera etapa, Tina es espectáculo, su cuerpo es pura mirada. Ojos que miran pero que, sobre todo, son mirados. “Quizá Tina se enamoraba de la forma en que la miraban porque esa mirada la conmovió” (126) El texto se construye con palabras e imágenes en estrecho diálogo. Al autorretrato de la tapa suceden una serie de cuatro fotografías y dos dibujos fotografiados:”Tina en la azotea“, cuerpo de mujer, puro objeto sin rostro; “Tina en Hollywood”, cuerpo enmascarado; “Tina Y Eduardo” falsa escena de familia con la imagen de Cristo. Los dos dibujos “Tentación y Tina Modotti” de Roubaix de L’Abrie Richey- la presentan como objeto de deseo mientras que “Tina modelo de Diego Rivera en la capilla de Chapingo” la convierte en símbolo de germinación y fertilidad.

Sujeto deseante y objeto deseado, su cuerpo insiste, casi de modo activo, en inscribirse en distintas superficies: “En el cuarto oscuro... Tina hacía aparecer dentro del líquido revelador una nueva imagen de sí misma, su cuerpo que siempre la acompañaba y le era desconocido” (140):“Estar desnuda era ser ella misma, sin disfraz, y mostrarse en su desnudez era presentarles a los demás el más hermoso vestido” (141). Puede apropiarse del cuerpo ajeno, atrapar a los otros: el mundo de los hombres y sus producciones y encontrarse con ese Otro que es el pueblo mexicano. Entre la intimidad de la belleza y la fuerza de la denuncia la Graflex reproduce la máquina de escribir de Julio; los enormes e idolatrados murales; a los campesinos leyendo El Machete; a las marías entregadas a la supervivencia. Mujer entre tiempos- como Quiela- atribuye sus limitaciones a su condición de mujer” Su falta de disciplina y capacidad creativa era un problema de vida. Pero aún, de índole femenina” (177) “Sigo pensando que es un trabajo para hombres...yo no soy lo suficientemente agresiva” (322).
La expulsión de México marca el cambio, el paso hacia una paulatina destrucción. Abandona sus deseos--como mujer y como artista-- se mata a sí misma, transformándose en mero instrumento.” ¿Qué es lo que va a morir, si en los últimos años, su ”yo” no tiene vida, si al “yo” Tina lo ha matado, si en los últimos años se ha convertido en pura sumisión, vehículo de otros? Esta con la que ahora lucha no es sino la oquedad; soy un agujero, a través de mí pasan las corrientes, los pescados entran por mi sexo y salen por mi boca, miren”(301) “Tina quería cachetearse, otra vez su miserable “yo”. Hacía tiempo que creía haberlo erradicado; no hay “yo”, se repite, sólo”nosotros”, la causa por encima de los propios deseos.” (403) . Entonces acepta su derrota como fotógrafa.
Poniatowska adhiere al proyecto estético y político de la Modotti: la necesidad de un arte militante; la humanización del artista ante los desposeídos, la pasión por el pueblo mexicano; la importancia del carácter documental. Se plantea la gran problemática de la vanguardia: la conciliación del arte y la vida: “Tina registró en su Korona las texturas, el aplanado de los muros, la arquería fugitiva del convento de Tepoztlan, y por un impulso que obedeció a ciegas comenzó a buscar el rostro de la gente. ¿Podría arrancarles la máscara? (171) Queda exhausta de tanto poner el sentimiento: “¿Podía ella gastar placas en una escalera de Tepoztlán si las calles reventaban de miseria?” (230) “Su preocupación más profunda era vivir el arte sin dejarse desgastar por la vida, que también gasta a los hombres.”( 171) “Tina se ha propuesto alejarse del esteticismo, del arte por el arte, pero desea a la vez elevar la realidad a la altura del arte”(252) .
La escritura también procede como cámara cinematográfica para testimoniar. En la primera parte la biografía se enriquece con la polivalencia de representaciones, se arma en imágenes enfrentadas que yerguen una heroína rica y contradictoria. La Tina, apasionada por los hombres o por la fotografía, deseante y deseada se transforma en un ser distante y plano, se distancia de la autora que la emplea para denunciar el engranaje del que forma parte, que no registra su reencuentro con la fotografía.
Tina es la otra y es la misma que le permite poner en escena su propio proyecto político y estético, exhibir sus ondulaciones, las que van de las azucenas a los cactus. Entender la tragedia de la mujer en tránsito hacia sí misma como sujeto del arte y la política en la modernidad. “En su forma de trabajar había poesía; Tina sentía como si estuviera a la búsqueda de la esencia de la vida, su propia esencia” (78). En la crónica Poniatowska también encontró certezas. Aunque los materiales sean distintos: la imagen y la letra. Ambas reescriben la historia, una como fotógrafa del muralismo recoge las imágenes de los muros, la otra como cronista de Jaramillo y de Marcos plasma las voces de los otros.. .
fragmento de "Catálogo de ángeles mexicanos: Elena Poniatowska" de Carmen Perilli (Rosario: Beatriz Viterbo, 2006)