la gaceta literaria
Mujeres salvadas por la complicidad y el lenguaje, en clave de Mujercitas
Domingo 11 de Diciembre de 2011 | La obra que encabeza los rankings se debate entre el folletín amoroso y el manual de autoayuda. Carmen Perilli.
Las novelas escritas por mujeres en las últimas décadas del siglo XX trazan geografías recurrentes: señoras, casas, alcoba, sombra, palabra, silencio, deseos, espíritus, sueños, amores. Estas narraciones de mujeres sobre mujeres suelen centrarse en cuerpos y voces y levantan un continente de "gritos y susurros", en el que se busca genealogías e inventan identidades.
El relato maestro es indudablemente Mujercitas, de Louise May Alcott, publicado a fines del siglo XIX. Cuatro jovencitas bajo la tutela de la su madre que, durante la guerra civil estadounidense, se inician sentimental e intelectualmente. Las cuatros figuras proveen modelos distintos de mujer, con escasos rasgos transgresores, con los cuales se identificaron millones de niñas y de jovencitas: La bella, la buena, la intelectual, la coqueta. Aisladas, aprenden junto a su madre las amarguras y los encantos del desarrollo.
Marcela Serrano apela a la fórmula de Alcott e intenta mostrar las historias de diez personajes que se salvan por la complicidad y el lenguaje. Se podría decir que sus libros son variantes contemporáneas degradadas de Mujercitas. Sin embargo, los problemas de las mujeres se reducen a cuestiones de amor aunque condimentadas por la historia. Las protagonistas mejor delineadas son las que pertenecen a la misma clase que la escritora. Serrano insiste en el camino que le dio resultados de ventas como Nos habíamos amado tanto y El albergue de las mujeres tristes.
En una casa en las afueras de Santiago se reúnen las diez pacientes de Natasha, una altruista psiquiatra. Los tópicos se reiteran: la enfermedad, el desamor, la victimización, la solidaridad entre mujeres. Lejos de eludir el melodrama, la trama se sumerge en sus pantanosas aguas. El striptease emocional no logra conmover y carece de todo humor, ni siquiera reúne la eficacia de los folletines que hacen del llanto un placer.
Serrano no se priva de golpes bajos y construye un mundo maniqueo, donde ronda el fantasma del eterno femenino, la creencia de una esencia. Una vez más la psiquiatra ofrece un paraíso de curación de las mujeres. Diez mujeres mezcla el manual de autoayuda y el folletín amoroso. Uno de esos productos de mercado que triunfan sobre la base de la reproducción de un imaginario que aparece una y otra vez en las telenovelas. © LA GACETA
miércoles, 14 de diciembre de 2011
Nicanor Parra, el poeta de la antipoesía por Carmen Perilli
la gaceta literaria
PREMIO CERVANTES 2011
Domingo 11 de Diciembre de 2011 | La poesía del chileno está atravesada por una fuerza genésica. Quiere construir su propio alfabeto y reivindica la necesidad de un código poético propio, impulsado por una triple crítica: de la realidad, del lenguaje y del poema fundado. Su escritura repone la lucha como parte de la poesía, una lucha que ataca la "ilusión estética". Por Carmen Perilli para LA GACETA - Tucumán.
El poeta acepta la caída del aura en el barro y denuncia la falsedad de la civilización. "Señoras y señores: / Yo voy a hacer una sola pregunta: / ¿Somos hijos del sol o de la tierra? / Porque si somos tierra solamente / No veo para qué / Continuamos filmando la película: / Pido que se levante la sesión". La burla se extiende a la especie humana, de la que se reconoce parte: "Los imbéciles que bajan de los árboles". Esta lírica incorpora la narración e intenta recuperar el lazo con la esencia del lenguaje.
El creador es un antihéroe que se indigna, sufre, acusa y se ríe de todo y de todos. Es un profesor envejecido en su tarea, un tenorio de parques, un cobarde, un loco. Se ridiculiza descaradamente: "Considerad, muchachos, / Esta lengua roída por el cáncer: / Soy profesor en un liceo oscuro / He perdido la voz haciendo clases".
La antipoesía de Parra se acerca a la crónica, trabaja con el prosaísmo y lucha contra el hechizo de la "poesía gorda" de los grandes poetas como Neruda y Huidobro. Poemas y antipoemas revoluciona la manera de poetizar en lengua española. Pretende transformar al lector en cómplice y lo interpela a convertir la experiencia poética en parte de nuestra experiencia cotidiana. El antipoema se balancea entre poesía y no poesía, siempre al borde de la negación. En el Soliloquio del Individuo, Parra después de recorrer con el lector los pasos de la humanidad desde las cavernas hasta la era del automóvil, resume el viaje de la humanidad con palabras de desaliento: "Mejor es tal vez que vuelva a ese valle / A esa roca que me sirvió de hogar, / Y empiece a grabar de nuevo, / De atrás para adelante grabar / El mundo al revés. / Pero no: la vida no tiene sentido".
El poeta escribe rodeado de escombros, de restos y ruinas de mundo: "Según los doctores de la ley, este libro no debiera publicarse / La palabra arco iris no aparece en él en ninguna parte, / Menos aún la palabra dolor, / ... Sillas y mesas sí que figuran a granel, / Ataúdes, ¡útiles de escritorio! / Lo que me llena de orgullo / que, a mi modo de ver, el cielo se está cayendo a pedazos". El poeta "no es un alquimista / El poeta es un hombre como todos / Un albañil que construye su muro: / Un constructor de puertas y ventanas". Por eso proclama el Manifiesto que "los poetas bajaron del Olimpo" y se mueven entre los hombres. Ha llegado el momento de sacarse las máscaras, de cambiarlo todo: "A mi modo de ver / Ha llegado la hora de modernizar esta ceremonia / Y yo entierro mis plumas en la cabeza de los señores lectores". Sólo entonces podremos recatar el asombro que forma parte del ritual poético. © LA GACETA
PREMIO CERVANTES 2011
Domingo 11 de Diciembre de 2011 | La poesía del chileno está atravesada por una fuerza genésica. Quiere construir su propio alfabeto y reivindica la necesidad de un código poético propio, impulsado por una triple crítica: de la realidad, del lenguaje y del poema fundado. Su escritura repone la lucha como parte de la poesía, una lucha que ataca la "ilusión estética". Por Carmen Perilli para LA GACETA - Tucumán.
El poeta acepta la caída del aura en el barro y denuncia la falsedad de la civilización. "Señoras y señores: / Yo voy a hacer una sola pregunta: / ¿Somos hijos del sol o de la tierra? / Porque si somos tierra solamente / No veo para qué / Continuamos filmando la película: / Pido que se levante la sesión". La burla se extiende a la especie humana, de la que se reconoce parte: "Los imbéciles que bajan de los árboles". Esta lírica incorpora la narración e intenta recuperar el lazo con la esencia del lenguaje.
El creador es un antihéroe que se indigna, sufre, acusa y se ríe de todo y de todos. Es un profesor envejecido en su tarea, un tenorio de parques, un cobarde, un loco. Se ridiculiza descaradamente: "Considerad, muchachos, / Esta lengua roída por el cáncer: / Soy profesor en un liceo oscuro / He perdido la voz haciendo clases".
La antipoesía de Parra se acerca a la crónica, trabaja con el prosaísmo y lucha contra el hechizo de la "poesía gorda" de los grandes poetas como Neruda y Huidobro. Poemas y antipoemas revoluciona la manera de poetizar en lengua española. Pretende transformar al lector en cómplice y lo interpela a convertir la experiencia poética en parte de nuestra experiencia cotidiana. El antipoema se balancea entre poesía y no poesía, siempre al borde de la negación. En el Soliloquio del Individuo, Parra después de recorrer con el lector los pasos de la humanidad desde las cavernas hasta la era del automóvil, resume el viaje de la humanidad con palabras de desaliento: "Mejor es tal vez que vuelva a ese valle / A esa roca que me sirvió de hogar, / Y empiece a grabar de nuevo, / De atrás para adelante grabar / El mundo al revés. / Pero no: la vida no tiene sentido".
El poeta escribe rodeado de escombros, de restos y ruinas de mundo: "Según los doctores de la ley, este libro no debiera publicarse / La palabra arco iris no aparece en él en ninguna parte, / Menos aún la palabra dolor, / ... Sillas y mesas sí que figuran a granel, / Ataúdes, ¡útiles de escritorio! / Lo que me llena de orgullo / que, a mi modo de ver, el cielo se está cayendo a pedazos". El poeta "no es un alquimista / El poeta es un hombre como todos / Un albañil que construye su muro: / Un constructor de puertas y ventanas". Por eso proclama el Manifiesto que "los poetas bajaron del Olimpo" y se mueven entre los hombres. Ha llegado el momento de sacarse las máscaras, de cambiarlo todo: "A mi modo de ver / Ha llegado la hora de modernizar esta ceremonia / Y yo entierro mis plumas en la cabeza de los señores lectores". Sólo entonces podremos recatar el asombro que forma parte del ritual poético. © LA GACETA
HALLAZGO DE FOSA COMUN DE INHUMACIÓN EN EL ARSENAL MIGUEL DE AZCUENAGA DE SAN MIGUEL DE TUCUMAN
“.
Que en el marco de la realización de excavaciones en el ex Arsenal Miguel de Azcuénaga sito en San Miguel de Tucumán, se produjo el hallazgo de una fosa común de inhumación de personas, donde fueron hallados -hasta la fecha- restos óseos correspondientes a un mínimo de 15 (quince) individuos esqueletizados parcialmente quemados, ubicados en diferentes profundidades y con distintas orientaciones, en la mayor parte de los casos dispuestos en relación anatómica. Como elementos asociados a los restos óseos se hallaron: proyectiles de armas de fuego, restos de ropa y calzado.-
Que dicho hallazgo se produjo a instancia de la substanciación de una pericia a cargo del Equipo Argentino de Antropología Forense con colaboración del Grupo Interdisciplinario de Arqueología y Antropología de Tucumán.
Que la investigación relativa a la localización de fosas comunes en el predio del ex Arsenal Miguel de Azcuénaga tramitó en el ámbito de la causa 400563/05 ante el Juzgado Federal n°2 de Tucumán desde su inicio en el año 2005 hasta el 26 de setiembre de 2011 momento en el cual es atraída por la mega-causa penal donde se investigan los delitos perpetrados en el ámbito del centro clandestino de detención que habría funcionado en el Arsenal Miguel de Azcuénaga (causa 400443/84) y que se encuentra radicada en el Juzgado Federal n° 1 a cargo del Dr. Raúl Daniel Bejas, Secretaría de Derechos Humanos a cargo de María Virginia Duffy.
Que la remisión de la investigación pericial se produce a consecuencia de los hallazgos producidos en el predio del ex Arsenal Miguel de Azcuénaga el 31 de marzo de 2011, momento en que se detecta la primera remoción en profundidad descubriéndose restos óseos y material asociado y la presencia de paredes quemadas.
Que en el peritación de la fosa hallada se advirtieron marcas de retroexcabadora, posteriores a la presunta quema de cuerpos, habilitándose la hipótesis de que primero se habría producido la quema de cuerpos, luego la remoción de la fosa mediante uso de retroexcavadora, para finalmente procederse a su relleno. Que las remociones se efectuaron en diferentes direcciones advirtiéndose marcas de oruga como la de los tanques de guerra.
Que a la fecha se encuentran identificados a los fines periciales cuatros sectores denominados “conjuntos quemados 1”, “conjuntos quemados 2” “conjunto quemado 3” y conjunto quemado 4”.
Que en el ámbito del “conjunto quemado 4” en niveles superiores se produjo a partir del 25 de noviembre el hallazgo de huesos completos no asociados, y continuando con la excavación pericial se descubrió lo que fuera una fosa común con la presencia de cuerpos completos en diferentes posiciones, varios de ellos atados en las extremidades superiores, algunos con presencia de proyectiles de arma de fuego y vainas asociados directamente. Que los cuerpos hallados se encontraban ubicados como cayeron. Que la fosa habría sido de quema atento la presencia de círculos de neumáticos y rastros de combustión en los cuerpos, pero la misma no habría concluido por razones desconocidas.
Que al parecer la fosa peritada habría sido abierta con pala en forma manual. Que la evidencia hallada permitiría suponer que fue el lugar de ejecución
El hallazgo descripto fortalecería la presunciones existentes respecto a la comisión del delito de homicidio agravado y la relativa a un accionar posterior destinado a garantizar la impunidad de los delitos perpetrados, conforme se sostuviera en el auto de procesamiento dictado con fecha 27 de diciembre de 2010 en el marco de la megacausa “Arsenal Miguel de Azcuénaga CCD s/Secuestros y Desapariciones” Expte. 400443/84.
Que en el marco de la realización de excavaciones en el ex Arsenal Miguel de Azcuénaga sito en San Miguel de Tucumán, se produjo el hallazgo de una fosa común de inhumación de personas, donde fueron hallados -hasta la fecha- restos óseos correspondientes a un mínimo de 15 (quince) individuos esqueletizados parcialmente quemados, ubicados en diferentes profundidades y con distintas orientaciones, en la mayor parte de los casos dispuestos en relación anatómica. Como elementos asociados a los restos óseos se hallaron: proyectiles de armas de fuego, restos de ropa y calzado.-
Que dicho hallazgo se produjo a instancia de la substanciación de una pericia a cargo del Equipo Argentino de Antropología Forense con colaboración del Grupo Interdisciplinario de Arqueología y Antropología de Tucumán.
Que la investigación relativa a la localización de fosas comunes en el predio del ex Arsenal Miguel de Azcuénaga tramitó en el ámbito de la causa 400563/05 ante el Juzgado Federal n°2 de Tucumán desde su inicio en el año 2005 hasta el 26 de setiembre de 2011 momento en el cual es atraída por la mega-causa penal donde se investigan los delitos perpetrados en el ámbito del centro clandestino de detención que habría funcionado en el Arsenal Miguel de Azcuénaga (causa 400443/84) y que se encuentra radicada en el Juzgado Federal n° 1 a cargo del Dr. Raúl Daniel Bejas, Secretaría de Derechos Humanos a cargo de María Virginia Duffy.
Que la remisión de la investigación pericial se produce a consecuencia de los hallazgos producidos en el predio del ex Arsenal Miguel de Azcuénaga el 31 de marzo de 2011, momento en que se detecta la primera remoción en profundidad descubriéndose restos óseos y material asociado y la presencia de paredes quemadas.
Que en el peritación de la fosa hallada se advirtieron marcas de retroexcabadora, posteriores a la presunta quema de cuerpos, habilitándose la hipótesis de que primero se habría producido la quema de cuerpos, luego la remoción de la fosa mediante uso de retroexcavadora, para finalmente procederse a su relleno. Que las remociones se efectuaron en diferentes direcciones advirtiéndose marcas de oruga como la de los tanques de guerra.
Que a la fecha se encuentran identificados a los fines periciales cuatros sectores denominados “conjuntos quemados 1”, “conjuntos quemados 2” “conjunto quemado 3” y conjunto quemado 4”.
Que en el ámbito del “conjunto quemado 4” en niveles superiores se produjo a partir del 25 de noviembre el hallazgo de huesos completos no asociados, y continuando con la excavación pericial se descubrió lo que fuera una fosa común con la presencia de cuerpos completos en diferentes posiciones, varios de ellos atados en las extremidades superiores, algunos con presencia de proyectiles de arma de fuego y vainas asociados directamente. Que los cuerpos hallados se encontraban ubicados como cayeron. Que la fosa habría sido de quema atento la presencia de círculos de neumáticos y rastros de combustión en los cuerpos, pero la misma no habría concluido por razones desconocidas.
Que al parecer la fosa peritada habría sido abierta con pala en forma manual. Que la evidencia hallada permitiría suponer que fue el lugar de ejecución
El hallazgo descripto fortalecería la presunciones existentes respecto a la comisión del delito de homicidio agravado y la relativa a un accionar posterior destinado a garantizar la impunidad de los delitos perpetrados, conforme se sostuviera en el auto de procesamiento dictado con fecha 27 de diciembre de 2010 en el marco de la megacausa “Arsenal Miguel de Azcuénaga CCD s/Secuestros y Desapariciones” Expte. 400443/84.
viernes, 9 de diciembre de 2011
Texto completo
Argentina: historia oficial. La declaración de los historiadores (texto completo)
diciembre 3, 2011
Por Frédérique Langue
Sobre la creación del Instituto Dorrego
El Poder Ejecutivo Nacional acaba de crear por decreto el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego. Según se expresa en los considerandos de la medida, su finalidad “será estudiar, investigar y difundir la vida y la obra de personalidades y circunstancias destacadas de nuestra historia que no han recibido el reconocimiento adecuado en un ámbito institucional de carácter académico, acorde con las rigurosas exigencias del saber científico”. Entre esas figuras, se incluye a Dorrego, San Martín, Güemes, Artigas, Rosas, Yrigoyen, Juan Perón y Eva Perón, además de algunos personajes de otros países de América Latina.
Se agrega que el Instituto se abocará a “la reivindicación de todas y todos aquellos que… defendieron el ideario nacional y popular ante el embate liberal y extranjerizante de quienes han sido… sus adversarios…”. Y, según el artículo 1º, se revisará “el lugar y el sentido que les fuera adjudicado por la historia oficial, escrita por los vencedores de las guerras civiles del siglo XIX”. Ante esta medida y los motivos que la fundan, los abajo firmantes expresamos nuestra profunda preocupación en torno a los siguientes puntos:
1. El primer considerando pone al desnudo un absoluto desconocimiento y una desvalorización prejuiciosa de la amplia producción historiográfica que se realiza en el marco de las instituciones científicas del país –universidades públicas y privadas, organismos dependientes de CONICET, entre otras-donde trabajan cientos de investigadores en historia, siguiendo las pautas que impone esa disciplina científica pero a la vez respondiendo a perspectivas teóricas y metodológicas diversas. En los últimos treinta años la historiografía argentina ha producido abundante conocimiento sobre diferentes períodos, procesos y figuras, incluyendo todas las que menciona el decreto como “relegadas”.
2. Con todo el peso del Estado, el Instituto se crea para promover un discurso oficial sobre el pasado. Se rescata aquí una corriente específica, el revisionismo, que a mediados del siglo XX ofreció interpretaciones novedosas sobre la historia argentina, pero que, al igual que la corriente “liberal”, no responde a los criterios actuales que orientan la disciplina. Esta ha desarrollado instrumentos de análisis complejos que resisten el reduccionismo propio de esas corrientes cuyo objetivo central era la construcción de héroes y villanos. Ese enfoque maniqueo, que el Instituto adopta, no admite la duda y la interrogación, que constituyen las bases para construir, sí, “saber científico”.
3. A través de esta medida, el gobierno nacional revela su voluntad por imponer una forma de hacer historia que responda a una sola perspectiva. Se desconoce así no solamente cómo funciona esta disciplina científica, sino también un principio crucial para una sociedad democrática: la vigencia de una pluralidad de interpretaciones sobre su pasado.
El Poder Ejecutivo de turno tiene el derecho de presentar su propia visión del pasado del país, pero crear una institución estatal cuyo objeto es imponer una forma perimida de hacer historia y una visión maniquea de ese pasado constituye un hecho grave que, sin duda, conspira contra el desarrollo científico y la circulación de diversas perspectivas historiográficas, a la vez que avanza hacia la imposición del pensamiento único, una verdadera historia oficial.
Mirta Zaida Lobato, Hilda Sabato, Juan Suriano
ADHESIONES (al 29/11/2011)
Acosta, María Martina; Aguiar, Liliana; Alessio, Aldo; Aliata, Fernando; Alonso, Fabiana; Alonso, Luciano; Álvarez, Adriana; Altamirano, Carlos; Argeri, María E. ; Armus, Diego; Bacolla, Natacha; Badoza, Silvia; Baldasarre, María Isabel; Ballent, Anahí; Banzato, Guillermo; Barry, Viviana; Bartolucci, Mónica; Bavasso, Ceferino; Belini, Claudio; Bertoni, Lilia Ana; Bianco, Diana; Bjerg, María; Bleta, Atilio; Bolcatto, Viviana; Boixados, Cristina; Bonaudo, Marta; Botana, Natalio; Boumera, Araceli; Bovi, María Teresa; Bragoni, Beatriz; Brandolini, Carolina; Buchbinder, Pablo; Burucúa, José Emilio; Calderón Diz, María Eugenia; Candiotti, Magdalena; Carnovale, Vera; Carrizo, Bernardo; Castello, Ana María; Caula, Elsa; Cavarozzi, Marcelo; Cicerchia, Ricardo; Closa Gabriela; Conti, Viviana; Da Orden, Liliana; Denkberg, Ariel; De Privitellio, Luciano; De Titto, Ricardo; Dicroce, Carlos Alberto; Di Liscia, María Herminia; Di Stéfano, Roberto; Djenderedjian, Julio; Eujanian, Alejandro; Fernández, Alejandro; Finocchio, Silvia; Flier, Patricia; Fraschina, Alicia; Frid, Carina; Gallo, Klaus; Gayol, Sandra; Geli, Patricio; Ghirardi, Mónica; Gianella, Alicia; Giménez, Juan Cruz; Giunta Andrea; González Leandri, Ricardo; Gluck, Mario; Gorelik, Adrián; Gotta, Claudia; Gramuglio, María Teresa ; Halperín Donghi, Tulio; Heredia, Edmundo; Hora, Roy; Ibarlucía, Ricardo; Iglesias, Héctor Eduardo; Jáuregui, Aníbal; Justiniano, María Fernanda; Kindgard, Adriana; Liernur, Jorge; Lanciotti, Norma; Lázzaro, Silvia; Leoni, María Silvia; Levinson, Andrés; Lida, Miranda; Lionetti, Lucía; Luchilo, Lucas; Lvovich, Daniel; Macías, Flavia; Macor, Darío; Macchioli, Florencia; Madariaga, Marta; Maina, Marcelino; Malamud, Carlos; Malosetti, Laura; Martín, María Pía; Mata, Sara; Matallana, Andrea; Mazzei, Daniel; Megías, Alicia; Míguez, Eduardo; Milletich, Vilma; Mónaco, César; Motura, Nicolás Daniel; Mujica, María Luisa; Munilla, Lía; Myers, Jorge; Navajas, María José; Nicola, Mariné; Nieto Daniel; Novaro, Marcos; Nudelman, Ricardo; Palermo, Vicente; Pastoriza, Elisa; Pavesa, Pablo; Paz, Gustavo; Pedrosa, Fernando; Peirotti, Leonor; Persello, Ana Virginia; Pianetto, Ofelia; Piazzesi, Susana; Pini,Valeria; Piñeiro, Elena; Plante, Isabel; Plotkin, Mariano; Podgorny, Irina; Pons, Horacio; Príamo, Luis; Prieto, Agustina; Quijano, Heraldo Marcial; Quiroga, Hugo; Ras, Marcia; Requena, Pablo; Reynoso, Daniel; Richard-Jorba, Rodolfo; Rocchi, Fernando; Rodríguez, Rodolfo; Rojkind, Inés; Roldán, Darío; Romano, Silvia; Romero, Luis Alberto; Rubinzal, Mariela; Ruibal, Beatriz; Salvatore, Ricardo; Sarlo, Beatriz; Sedrán, Paula; Scarfi, Juan Pablo; Schettini, Cristiana; Silvestri, Graciela; Siracusano, Gabriela; Solís Carnicer, María del Mar; Spinelli, María Estela; Stagnaro, Andrés; Tarcus, Horacio; Tato, María Inés; Tcach, César; Ternavasio, Marcela; Teruel, Ana; Tío Vallejo, Gabriela; Tonón, María Cecilia; Valdez, María José; Vezzetti, Hugo; Vidal, Gardenia; Walpen, Juan Bautista; Yablón, Ariel.
OTRAS ADHESIONES (al 29/11/2011); ; Avelar, Idelber ; Bágueme Cervellera, María José ; Begher, Roberto; Birn, Anne-Emanuelle; Bordelois, Gastón; Caetano, Gerardo; Cohen Agrest, Diana; Fernández, Coroliano; Ferrari Etcheverry, Alberto; Gil, Elsa Beatriz; Giúdice, Horacio; Gómez, Alejandro; Iglesias, Héctor Eduardo; Iglesias, José María; Kreimer, Carlos ; López, Mario Justo; Marchese, Mariana; Noiosi, Rubén Oscar; Otero, Osvaldo; Presas, Mario; Richeri, Luis María; Romero, Amílcar; Roulet, Margarita; Sacchi, Rubén; Santa Cruz, María Isabel; Santilli, Estela; Stigol, Nora; Suárez, Carlos Abel; Suárez Lastra, Facundo; Talk, Ana María; ; Tampieri, Susana; Tello Rosas, Guillermo ; ; Walger, Sylvina; ; Wehbe, César Emilio.
Para simplificar la recepción de adhesiones, se puede usar la siguiente dirección de mail: sabatohilda@gmail.com
diciembre 3, 2011
Por Frédérique Langue
Sobre la creación del Instituto Dorrego
El Poder Ejecutivo Nacional acaba de crear por decreto el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego. Según se expresa en los considerandos de la medida, su finalidad “será estudiar, investigar y difundir la vida y la obra de personalidades y circunstancias destacadas de nuestra historia que no han recibido el reconocimiento adecuado en un ámbito institucional de carácter académico, acorde con las rigurosas exigencias del saber científico”. Entre esas figuras, se incluye a Dorrego, San Martín, Güemes, Artigas, Rosas, Yrigoyen, Juan Perón y Eva Perón, además de algunos personajes de otros países de América Latina.
Se agrega que el Instituto se abocará a “la reivindicación de todas y todos aquellos que… defendieron el ideario nacional y popular ante el embate liberal y extranjerizante de quienes han sido… sus adversarios…”. Y, según el artículo 1º, se revisará “el lugar y el sentido que les fuera adjudicado por la historia oficial, escrita por los vencedores de las guerras civiles del siglo XIX”. Ante esta medida y los motivos que la fundan, los abajo firmantes expresamos nuestra profunda preocupación en torno a los siguientes puntos:
1. El primer considerando pone al desnudo un absoluto desconocimiento y una desvalorización prejuiciosa de la amplia producción historiográfica que se realiza en el marco de las instituciones científicas del país –universidades públicas y privadas, organismos dependientes de CONICET, entre otras-donde trabajan cientos de investigadores en historia, siguiendo las pautas que impone esa disciplina científica pero a la vez respondiendo a perspectivas teóricas y metodológicas diversas. En los últimos treinta años la historiografía argentina ha producido abundante conocimiento sobre diferentes períodos, procesos y figuras, incluyendo todas las que menciona el decreto como “relegadas”.
2. Con todo el peso del Estado, el Instituto se crea para promover un discurso oficial sobre el pasado. Se rescata aquí una corriente específica, el revisionismo, que a mediados del siglo XX ofreció interpretaciones novedosas sobre la historia argentina, pero que, al igual que la corriente “liberal”, no responde a los criterios actuales que orientan la disciplina. Esta ha desarrollado instrumentos de análisis complejos que resisten el reduccionismo propio de esas corrientes cuyo objetivo central era la construcción de héroes y villanos. Ese enfoque maniqueo, que el Instituto adopta, no admite la duda y la interrogación, que constituyen las bases para construir, sí, “saber científico”.
3. A través de esta medida, el gobierno nacional revela su voluntad por imponer una forma de hacer historia que responda a una sola perspectiva. Se desconoce así no solamente cómo funciona esta disciplina científica, sino también un principio crucial para una sociedad democrática: la vigencia de una pluralidad de interpretaciones sobre su pasado.
El Poder Ejecutivo de turno tiene el derecho de presentar su propia visión del pasado del país, pero crear una institución estatal cuyo objeto es imponer una forma perimida de hacer historia y una visión maniquea de ese pasado constituye un hecho grave que, sin duda, conspira contra el desarrollo científico y la circulación de diversas perspectivas historiográficas, a la vez que avanza hacia la imposición del pensamiento único, una verdadera historia oficial.
Mirta Zaida Lobato, Hilda Sabato, Juan Suriano
ADHESIONES (al 29/11/2011)
Acosta, María Martina; Aguiar, Liliana; Alessio, Aldo; Aliata, Fernando; Alonso, Fabiana; Alonso, Luciano; Álvarez, Adriana; Altamirano, Carlos; Argeri, María E. ; Armus, Diego; Bacolla, Natacha; Badoza, Silvia; Baldasarre, María Isabel; Ballent, Anahí; Banzato, Guillermo; Barry, Viviana; Bartolucci, Mónica; Bavasso, Ceferino; Belini, Claudio; Bertoni, Lilia Ana; Bianco, Diana; Bjerg, María; Bleta, Atilio; Bolcatto, Viviana; Boixados, Cristina; Bonaudo, Marta; Botana, Natalio; Boumera, Araceli; Bovi, María Teresa; Bragoni, Beatriz; Brandolini, Carolina; Buchbinder, Pablo; Burucúa, José Emilio; Calderón Diz, María Eugenia; Candiotti, Magdalena; Carnovale, Vera; Carrizo, Bernardo; Castello, Ana María; Caula, Elsa; Cavarozzi, Marcelo; Cicerchia, Ricardo; Closa Gabriela; Conti, Viviana; Da Orden, Liliana; Denkberg, Ariel; De Privitellio, Luciano; De Titto, Ricardo; Dicroce, Carlos Alberto; Di Liscia, María Herminia; Di Stéfano, Roberto; Djenderedjian, Julio; Eujanian, Alejandro; Fernández, Alejandro; Finocchio, Silvia; Flier, Patricia; Fraschina, Alicia; Frid, Carina; Gallo, Klaus; Gayol, Sandra; Geli, Patricio; Ghirardi, Mónica; Gianella, Alicia; Giménez, Juan Cruz; Giunta Andrea; González Leandri, Ricardo; Gluck, Mario; Gorelik, Adrián; Gotta, Claudia; Gramuglio, María Teresa ; Halperín Donghi, Tulio; Heredia, Edmundo; Hora, Roy; Ibarlucía, Ricardo; Iglesias, Héctor Eduardo; Jáuregui, Aníbal; Justiniano, María Fernanda; Kindgard, Adriana; Liernur, Jorge; Lanciotti, Norma; Lázzaro, Silvia; Leoni, María Silvia; Levinson, Andrés; Lida, Miranda; Lionetti, Lucía; Luchilo, Lucas; Lvovich, Daniel; Macías, Flavia; Macor, Darío; Macchioli, Florencia; Madariaga, Marta; Maina, Marcelino; Malamud, Carlos; Malosetti, Laura; Martín, María Pía; Mata, Sara; Matallana, Andrea; Mazzei, Daniel; Megías, Alicia; Míguez, Eduardo; Milletich, Vilma; Mónaco, César; Motura, Nicolás Daniel; Mujica, María Luisa; Munilla, Lía; Myers, Jorge; Navajas, María José; Nicola, Mariné; Nieto Daniel; Novaro, Marcos; Nudelman, Ricardo; Palermo, Vicente; Pastoriza, Elisa; Pavesa, Pablo; Paz, Gustavo; Pedrosa, Fernando; Peirotti, Leonor; Persello, Ana Virginia; Pianetto, Ofelia; Piazzesi, Susana; Pini,Valeria; Piñeiro, Elena; Plante, Isabel; Plotkin, Mariano; Podgorny, Irina; Pons, Horacio; Príamo, Luis; Prieto, Agustina; Quijano, Heraldo Marcial; Quiroga, Hugo; Ras, Marcia; Requena, Pablo; Reynoso, Daniel; Richard-Jorba, Rodolfo; Rocchi, Fernando; Rodríguez, Rodolfo; Rojkind, Inés; Roldán, Darío; Romano, Silvia; Romero, Luis Alberto; Rubinzal, Mariela; Ruibal, Beatriz; Salvatore, Ricardo; Sarlo, Beatriz; Sedrán, Paula; Scarfi, Juan Pablo; Schettini, Cristiana; Silvestri, Graciela; Siracusano, Gabriela; Solís Carnicer, María del Mar; Spinelli, María Estela; Stagnaro, Andrés; Tarcus, Horacio; Tato, María Inés; Tcach, César; Ternavasio, Marcela; Teruel, Ana; Tío Vallejo, Gabriela; Tonón, María Cecilia; Valdez, María José; Vezzetti, Hugo; Vidal, Gardenia; Walpen, Juan Bautista; Yablón, Ariel.
OTRAS ADHESIONES (al 29/11/2011); ; Avelar, Idelber ; Bágueme Cervellera, María José ; Begher, Roberto; Birn, Anne-Emanuelle; Bordelois, Gastón; Caetano, Gerardo; Cohen Agrest, Diana; Fernández, Coroliano; Ferrari Etcheverry, Alberto; Gil, Elsa Beatriz; Giúdice, Horacio; Gómez, Alejandro; Iglesias, Héctor Eduardo; Iglesias, José María; Kreimer, Carlos ; López, Mario Justo; Marchese, Mariana; Noiosi, Rubén Oscar; Otero, Osvaldo; Presas, Mario; Richeri, Luis María; Romero, Amílcar; Roulet, Margarita; Sacchi, Rubén; Santa Cruz, María Isabel; Santilli, Estela; Stigol, Nora; Suárez, Carlos Abel; Suárez Lastra, Facundo; Talk, Ana María; ; Tampieri, Susana; Tello Rosas, Guillermo ; ; Walger, Sylvina; ; Wehbe, César Emilio.
Para simplificar la recepción de adhesiones, se puede usar la siguiente dirección de mail: sabatohilda@gmail.com
Federico Lorenz en Página 12
L PAIS
Malvinas, el revisionismo y el rubor de Laura
El Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego aún no comienza a galopar y ya ha levantado una impresionante polvareda. Por eso considero importante, para que las discusiones acerca de lo que el instituto es o podría llegar a ser tengan alguna carnadura, analizar las producciones de algunos de sus integrantes. Para comenzar por alguna parte, resulta sintomático que en dos de las tres columnas publicadas por Página/12 el domingo pasado en relación con la creación del Dorrego, aparezcan mencionadas las Islas Malvinas. Se trata de un tema sensible para la sociedad argentina en general y para el revisionismo en particular, que sin duda será reavivado en vísperas de conmemorar los treinta años de la guerra.
Ana Jaramillo, rectora de la Universidad de Lanús y miembro del Instituto, firma una de dichas columnas. Esa universidad publicó este año Malvinas en la historia. Una perspectiva suramericana (1492-2010), un manual destinado a las escuelas secundarias de la provincia de Buenos Aires, en cuya redacción también participaron otros dos miembros del Dorrego (Francisco Pestanha y Marcelo Gullo). Dado que en los considerandos de la creación del Instituto queda expresada su vocación de difusión e intervención pública, vale la pena detenerse en un texto específicamente pensado para este fin.
El manual comparte una de las características centrales del revisionismo. Le otorga un sentido al pasado y organiza su relato (historia) en base a éste: “memoria y proyecto se conjugan en el presente cuando nombramos esas Islas”. El manual se propone “reparar una perspectiva simplista y maniquea” consistente en reducir la cuestión Malvinas a un manotazo de ahogado de la dictadura. Para hacerlo, parte de la idea de una conspiración que le esconde la verdad histórica al pueblo para frustrarlo en su destino: “En junio de 1982 Argentina comenzó a transitar su posguerra (...) consolidando rápidamente una mirada orientada hacia el silencio y el olvido”. Para enfrentarla, no “repara”, sino que “reemplaza” la mirada que condena (“desmalvinizadora”) por otra que aísla la guerra del contexto en el que se produjo, verbigracia, la dictadura.
Desde una perspectiva educativa (dado que es un manual), esto es desaconsejable: si nuestro objetivo es facilitar el encuentro de las nuevas generaciones con el pasado, no deberíamos hacerles aprender el credo (entre otras cosas por coherencia, ya que el revisionismo critica la “oficialización” de un relato). Quien quiera aportar a una transmisión democrática y crítica, debe ofrecer tanto a los alumnos como a los docentes la mayor cantidad de elementos posibles para que esto suceda.
Pero esto es secundario frente a fines superiores y los autores tienen uno: destacar de la guerra de 1982 “uno de los hechos políticos más importantes de aquel momento: ese movimiento de adhesión popular (que) influyó decisivamente en los acontecimientos, transformando la maniobra propagandística imaginada por la dictadura al tomar las islas en un acontecimiento regional que expresaba aspiraciones históricas de todos los pueblos del continente”. Así, sus miradas sobre la guerra están inexorablemente condicionadas por la idea de separar el “hecho político” que expresa una “aspiración histórica”, de su contexto.
Pese a sus apelaciones al pueblo, el manual tiene una limitada idea de “lo popular” como objeto o enfoque historiográfico. Dedica más páginas a narrar con detalle el desembarco (una victoria militar) que a describir las condiciones de vida de los infantes en las islas (lo que minaría la visión épica bélica). Que el libro incluya la fotografía del primer muerto en la guerra nos habla de su concepción tradicional de la historia, basada en héroes militares. Pero también es significativo que no informe a sus lectores que el muerto es un militar involucrado en denuncias por violaciones a los derechos humanos. De igual modo omite, al referirse a los incidentes en las Georgias, abundar en la historia de uno de sus protagonistas, Alfredo Astiz. Es que como “lo importante es la causa”, como señaló Jaramillo en la presentación del libro, ésta debe sostenerse a costa de suavizar u ocultar la responsabilidad y las características de las instituciones militares y los sectores civiles que las apoyaron: el hecho de que “la dictadura militar, conducida por un borracho haya decidido ir a la guerra” afirma “no quiere decir que la causa de Malvinas no sea una causa justa y soberana”. Aparece aquí una perspectiva esencialista y deshistorizadora, propia del nacionalismo territorialista, para la cual frente a la causa “sagrada” es secundaria la trama social, política y cultural en la que se produjo la guerra. En este esquema, las críticas a la guerra son “antinacionales”, ya que por extensión cuestionan la causa.
Para explicar la posguerra, los autores despachan las dificilísimas condiciones en las que el primer gobierno democrático tuvo que tomar el tema Malvinas en dos páginas, omitiendo cuestiones claves como las sublevaciones carapintadas que amenazaron a la democracia, o mencionando al pasar los juicios de 1988 pero no así los indultos de Menem para los responsables de la guerra. Sucede que la veteranía en las islas (así como en la “lucha contra la subversión”) fue una de las banderas que los amotinados enarbolaron, al igual que lo hizo, de-safortunadamente, Raúl Alfonsín en la Semana Santa de 1987.
A casi treinta años de la guerra, hay una reflexión que la democracia se debe: ¿morir en Malvinas transforma a un represor en “héroe de la patria”? ¿Es igual su sacrificio que el de un conscripto? ¿Borra cualquier reflexión acerca de sus acciones previas? Sería interesante una posición del Dorrego al respecto. Y adelantamos: no es suficiente argumentar que una ley del Congreso de la Nación así lo establece, ya que los procesos de la memoria, la verdad y la justicia (de los que la investigación histórica es una parte) tienen tiempos que se miden, a veces, por décadas. La derogación de las leyes de impunidad nos dice mucho acerca de la historicidad de algunas “verdades”.
Pero como desde la concepción nacionalista del reclamo por Malvinas las circunstancias históricas de la guerra son secundarias frente al reclamo, el texto no vacila en contradecir acciones del propio gobierno nacional, que impulsa la memoria, la verdad y la justicia como políticas de Estado. El manual desestima la posibilidad de arribar a conclusiones acerca de delitos de lesa humanidad cometidos en Malvinas por algunos cuadros militares contra sus propios soldados, ya que “debido al tiempo transcurrido, se han vuelto imposibles de ser juzgados”. Los autores no deberían resignarse tan rápidamente a la impunidad o, al menos, a la búsqueda de la verdad histórica. Hay ejemplos en sentido contrario en su propia “historia nacional”, y no sólo de los organismos de derechos humanos, sino de los ex combatientes chaqueños, platenses y correntinos, que impulsan hoy en día esas denuncias, decididos a reivindicar su experiencia bélica pero no a costa de cualquier cosa.
En realidad, miradas como las que el manual sostiene no buscan ni la reparación ni la apertura a la complejización del pasado, sino la restauración de un canon patriótico autodestruido en las mazmorras de la ESMA y en las islas australes. No tienen nada de revolucionario y sí mucho de conservadoras y antipopulares. ¿El Dorrego va a tomar la historia del reclamo por Malvinas y su incidencia en la política nacional disociando la guerra de la dictadura militar que la desencadenó irresponsable y desaprensivamente?
Uno de los premios que otorgará la nueva institución revisionista lleva el nombre de Jorge Abelardo Ramos. Laura, su hija, recreó en una crónica titulada “Licenciada en rubores” las sensaciones que le produjo ver por la televisión a su padre visitando las Malvinas por invitación de la dictadura: “Yo no sabía si esa acción era revolucionaria o no, pero sabía que quienes la dirigían eran responsables de tres atentados contra la vida de mi padre y la de su nueva familia (...), cuatro allanamientos a las distintas casas en las que se refugió en ese período, dos detenciones y cuatro procesos por violar la ley que prohibía la actividad política, además de haber participado del martirologio de decenas de afiliados de su partido, camaradas y amigos, entre otras decenas de miles de argentinos”.
Si los integrantes del Dorrego no ven contradicción en situaciones como ésta, o consideran que son secundarias, ya sabemos de qué estamos hablando.
* Historiador.
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Malvinas, el revisionismo y el rubor de Laura
El Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego aún no comienza a galopar y ya ha levantado una impresionante polvareda. Por eso considero importante, para que las discusiones acerca de lo que el instituto es o podría llegar a ser tengan alguna carnadura, analizar las producciones de algunos de sus integrantes. Para comenzar por alguna parte, resulta sintomático que en dos de las tres columnas publicadas por Página/12 el domingo pasado en relación con la creación del Dorrego, aparezcan mencionadas las Islas Malvinas. Se trata de un tema sensible para la sociedad argentina en general y para el revisionismo en particular, que sin duda será reavivado en vísperas de conmemorar los treinta años de la guerra.
Ana Jaramillo, rectora de la Universidad de Lanús y miembro del Instituto, firma una de dichas columnas. Esa universidad publicó este año Malvinas en la historia. Una perspectiva suramericana (1492-2010), un manual destinado a las escuelas secundarias de la provincia de Buenos Aires, en cuya redacción también participaron otros dos miembros del Dorrego (Francisco Pestanha y Marcelo Gullo). Dado que en los considerandos de la creación del Instituto queda expresada su vocación de difusión e intervención pública, vale la pena detenerse en un texto específicamente pensado para este fin.
El manual comparte una de las características centrales del revisionismo. Le otorga un sentido al pasado y organiza su relato (historia) en base a éste: “memoria y proyecto se conjugan en el presente cuando nombramos esas Islas”. El manual se propone “reparar una perspectiva simplista y maniquea” consistente en reducir la cuestión Malvinas a un manotazo de ahogado de la dictadura. Para hacerlo, parte de la idea de una conspiración que le esconde la verdad histórica al pueblo para frustrarlo en su destino: “En junio de 1982 Argentina comenzó a transitar su posguerra (...) consolidando rápidamente una mirada orientada hacia el silencio y el olvido”. Para enfrentarla, no “repara”, sino que “reemplaza” la mirada que condena (“desmalvinizadora”) por otra que aísla la guerra del contexto en el que se produjo, verbigracia, la dictadura.
Desde una perspectiva educativa (dado que es un manual), esto es desaconsejable: si nuestro objetivo es facilitar el encuentro de las nuevas generaciones con el pasado, no deberíamos hacerles aprender el credo (entre otras cosas por coherencia, ya que el revisionismo critica la “oficialización” de un relato). Quien quiera aportar a una transmisión democrática y crítica, debe ofrecer tanto a los alumnos como a los docentes la mayor cantidad de elementos posibles para que esto suceda.
Pero esto es secundario frente a fines superiores y los autores tienen uno: destacar de la guerra de 1982 “uno de los hechos políticos más importantes de aquel momento: ese movimiento de adhesión popular (que) influyó decisivamente en los acontecimientos, transformando la maniobra propagandística imaginada por la dictadura al tomar las islas en un acontecimiento regional que expresaba aspiraciones históricas de todos los pueblos del continente”. Así, sus miradas sobre la guerra están inexorablemente condicionadas por la idea de separar el “hecho político” que expresa una “aspiración histórica”, de su contexto.
Pese a sus apelaciones al pueblo, el manual tiene una limitada idea de “lo popular” como objeto o enfoque historiográfico. Dedica más páginas a narrar con detalle el desembarco (una victoria militar) que a describir las condiciones de vida de los infantes en las islas (lo que minaría la visión épica bélica). Que el libro incluya la fotografía del primer muerto en la guerra nos habla de su concepción tradicional de la historia, basada en héroes militares. Pero también es significativo que no informe a sus lectores que el muerto es un militar involucrado en denuncias por violaciones a los derechos humanos. De igual modo omite, al referirse a los incidentes en las Georgias, abundar en la historia de uno de sus protagonistas, Alfredo Astiz. Es que como “lo importante es la causa”, como señaló Jaramillo en la presentación del libro, ésta debe sostenerse a costa de suavizar u ocultar la responsabilidad y las características de las instituciones militares y los sectores civiles que las apoyaron: el hecho de que “la dictadura militar, conducida por un borracho haya decidido ir a la guerra” afirma “no quiere decir que la causa de Malvinas no sea una causa justa y soberana”. Aparece aquí una perspectiva esencialista y deshistorizadora, propia del nacionalismo territorialista, para la cual frente a la causa “sagrada” es secundaria la trama social, política y cultural en la que se produjo la guerra. En este esquema, las críticas a la guerra son “antinacionales”, ya que por extensión cuestionan la causa.
Para explicar la posguerra, los autores despachan las dificilísimas condiciones en las que el primer gobierno democrático tuvo que tomar el tema Malvinas en dos páginas, omitiendo cuestiones claves como las sublevaciones carapintadas que amenazaron a la democracia, o mencionando al pasar los juicios de 1988 pero no así los indultos de Menem para los responsables de la guerra. Sucede que la veteranía en las islas (así como en la “lucha contra la subversión”) fue una de las banderas que los amotinados enarbolaron, al igual que lo hizo, de-safortunadamente, Raúl Alfonsín en la Semana Santa de 1987.
A casi treinta años de la guerra, hay una reflexión que la democracia se debe: ¿morir en Malvinas transforma a un represor en “héroe de la patria”? ¿Es igual su sacrificio que el de un conscripto? ¿Borra cualquier reflexión acerca de sus acciones previas? Sería interesante una posición del Dorrego al respecto. Y adelantamos: no es suficiente argumentar que una ley del Congreso de la Nación así lo establece, ya que los procesos de la memoria, la verdad y la justicia (de los que la investigación histórica es una parte) tienen tiempos que se miden, a veces, por décadas. La derogación de las leyes de impunidad nos dice mucho acerca de la historicidad de algunas “verdades”.
Pero como desde la concepción nacionalista del reclamo por Malvinas las circunstancias históricas de la guerra son secundarias frente al reclamo, el texto no vacila en contradecir acciones del propio gobierno nacional, que impulsa la memoria, la verdad y la justicia como políticas de Estado. El manual desestima la posibilidad de arribar a conclusiones acerca de delitos de lesa humanidad cometidos en Malvinas por algunos cuadros militares contra sus propios soldados, ya que “debido al tiempo transcurrido, se han vuelto imposibles de ser juzgados”. Los autores no deberían resignarse tan rápidamente a la impunidad o, al menos, a la búsqueda de la verdad histórica. Hay ejemplos en sentido contrario en su propia “historia nacional”, y no sólo de los organismos de derechos humanos, sino de los ex combatientes chaqueños, platenses y correntinos, que impulsan hoy en día esas denuncias, decididos a reivindicar su experiencia bélica pero no a costa de cualquier cosa.
En realidad, miradas como las que el manual sostiene no buscan ni la reparación ni la apertura a la complejización del pasado, sino la restauración de un canon patriótico autodestruido en las mazmorras de la ESMA y en las islas australes. No tienen nada de revolucionario y sí mucho de conservadoras y antipopulares. ¿El Dorrego va a tomar la historia del reclamo por Malvinas y su incidencia en la política nacional disociando la guerra de la dictadura militar que la desencadenó irresponsable y desaprensivamente?
Uno de los premios que otorgará la nueva institución revisionista lleva el nombre de Jorge Abelardo Ramos. Laura, su hija, recreó en una crónica titulada “Licenciada en rubores” las sensaciones que le produjo ver por la televisión a su padre visitando las Malvinas por invitación de la dictadura: “Yo no sabía si esa acción era revolucionaria o no, pero sabía que quienes la dirigían eran responsables de tres atentados contra la vida de mi padre y la de su nueva familia (...), cuatro allanamientos a las distintas casas en las que se refugió en ese período, dos detenciones y cuatro procesos por violar la ley que prohibía la actividad política, además de haber participado del martirologio de decenas de afiliados de su partido, camaradas y amigos, entre otras decenas de miles de argentinos”.
Si los integrantes del Dorrego no ven contradicción en situaciones como ésta, o consideran que son secundarias, ya sabemos de qué estamos hablando.
* Historiador.
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miércoles, 7 de diciembre de 2011
noe jitrik a propósito del instituto
EL PAIS › LOS DILEMAS DE LA HISTORIA > EL DEBATE SOBRE LA CREACION DEL INSTITUTO DE REVISIONISMO HISTORICO
Instituto: ¡oh!
Por Noé Jitrik *
En la controversia que se armó acerca de la creación, por decreto, del Instituto Manuel Dorrego, que estará destinado a albergar lo que se conoce desde albores del siglo XX como el pensamiento “revisionista”, hay un aspecto que me parece curioso y que nada tiene que ver con el derecho que tienen algunos de estudiar la historia argentina de un modo o de otro, con perspectivas diferentes y opuestas. Se trata de que el Estado (1) aparece, al menos en las declaraciones del ya designado director, como antagónico del Estado (2). La oposición evoca una que fue célebre, Kramer vs. Kramer, extraños casos, ambos, de un inesperado divorcio.
En cuanto al divorcio está claro: el trabajo histórico (la historia “científica”) contra el que parece dirigido lo que el flamante instituto –estatal– se propone hacer, se realiza en universidades –que son instituciones del Estado– y acaso en academias, que también lo son y de una manera muy establecida. De modo que en lugar de hacer oír esas voces silenciadas, además de lo que ya se hace en libros, diarios, televisión y radio, en los lugares en los que la historia se considera, se examina, se dirime, se modifica, se discute y se enseña, se crea un reducto tipo refugio, que por el momento sólo se fundamenta en la vehemencia, no en la realidad.
O en la pereza, puesto que desde que Florencio Sánchez escribió M’hijo el dotor entrar a la Universidad teniendo ganas de seguir determinado rumbo del conocimiento, fue un ideal argentino que perduró hasta nuestros días. Salvo, desde luego, en la época de Rosas cuando la Universidad fue clausurada, o en la época de Onganía, cuando se entró a saco en ella, o en la época de la dictadura. Obviamente, la Universidad no es el paraíso, pero tampoco la horrible cueva llena de brujas que algunos pintan muy convencidos, claro que no se les ha ocurrido nunca acercarse a ella y tratar de entender lo que tiene y lo que le falta.
Previamente, todo parecía armónico: el Estado (1) había apoyado, en una política nunca vista, casi pródigamente –díganlo si no los mejorados salarios universitarios y del Conicet– a la ciencia –creación de un ministerio a cuyo frente puso a un científico de verdad– y a la investigación –repatriación de científicos– y, por otro lado, investigadores y periodistas independientes –revisionistas, marxistas, etcétera– revisaban, interpretaban, adherían, exaltaban a su pleno gusto, sin que nadie les dijera lo que debían hacer. Es raro esto que pasó y uno se pregunta por qué había que romper este clima de felicidad. ¿No era una prueba de que la Universidad no andaba oliendo mal a quienes no hacían historia como la que hacen quienes están en ella cuando decidió designar como grandes maestros a Norberto Galasso y a Osvaldo Bayer, notoriamente no “integrados” a la dizque hegemonía liberalmitrista que reina en la Universidad?
Es claro que hay un matiz suplementario: el instituto en cuestión –no conozco los considerandos del decreto, firmado, desde luego, por la Presidente de la Nación–, o su director, al parecer tendrá un objetivo reivindicativo: dar voz a las voces silenciadas por esa historia que nació con Mitre sobre los despojos del derrotado federalismo y la triste suerte de los caudillos, todos buenos, víctimas de todos los malos. Pero tal vez no haya sido así del todo: el iniciador del revisionismo, que tuvo acceso a los papeles que Rosas le facilitó durante su exilio, Adolfo Saldías, no sólo era amigo y discípulo de Mitre sino que éste lo alentó en su trabajo. Carlos Ibarguren, notorio revisionista, nacionalista por añadidura, fue miembro de la Academia de Historia y presidente de la de Letras, ambas del Estado. Ramón J. Cárcano, connotado miembro de la elite del ’80, escribió una biografía de Facundo Quiroga. En cierto memorable encuentro José María Rosa me miró con admiración cuando le dije que había leído un documento que informaba que el salvaje Facundo Quiroga había creado escuelas en sus desérticos Llanos: sarmientino “avant la lettre”. Ese dinamismo siempre existió y por suerte: no hay nada más pernicioso que esa necesidad de tener ídolos para poder adorarlos en lugar de otros a su vez adorados según quien dirija la adoración.
Hay más aspectos que llaman la atención en el episodio: después de años de bregar por presentar una historia no liberal, revisionista, el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas salió del ostracismo y entró a formar parte del conjunto de instituciones de la Ciudad de Buenos Aires y, se supone, financiado por ella. ¿No era el lugar para que el grupo que integrará el nuevo instituto entrara a la que fuera vanguardia revisionista y hoy callada catacumba y prosiguiera defendiendo sus puntos de vista? ¿Crear uno nuevo existiendo ya uno de idéntica filosofía? ¡Qué olvido tan notable! José María Rosa no debe estar tranquilo en su tumba con esta novedad.
Y siguen las preguntas de un curioso. Los institutos de investigaciones existentes, en todas las ramas del saber, se proponen extender el conocimiento de los asuntos concernidos y así se los admite, la Universidad, el Conicet o quien sea, pero en ningún caso se les exige que declaren los resultados que creen que van a obtener. Este instituto innova: para justificar su creación el director declara los resultados que ya se sabe que se obtendrán y, se diría que, en consecuencia, en lugar de convocar mediante un sistema abierto a quienes podrían contribuir a dicho desarrollo se designa de entrada a otros, igualmente miembros de ese “ya se sabe”. No es por lo tanto un instituto lo que se crea sino un club de amigos que se entienden en relación con el lugar en el que estarán. Adhonorem, por supuesto, como gran parte de los investigadores universitarios que no lo dicen. ¿Dejarán sus ocupaciones habituales, televisión, cátedras, trabajos varios, para encerrarse en la oscuridad de los archivos conviviendo con sus queridos fantasmas y renunciando a sostener a sus familias, felices, ellas, porque el Estado proporcionará en adelante las picas para que sean derribadas ciertas estatuas y el mármol para en su lugar levantar otras? ¡Qué raro!
¿Qué estatuas a derribar y cuáles a levantar? Sobre las primeras uno de los según dicen silenciado por la Academia, nada menos que Juan Domingo Perón, tenía su idea, algo desconcertante porque, dicho o semi dicho, el mentado revisionismo viene en tándem con el peronismo, al lado en su momento, o junto muy posteriormente: cuando por fin los ferrocarriles fueron argentinos y le hicimos un corte de manga al imperialismo británico los nombres que les pusieron eran de antología, no de fantasía; en lugar de Mitre le podía haber puesto “del norte irredento”, en lugar de Roca, “sur misterioso”, en lugar de Sarmiento, “oeste temible”, en lugar de Urquiza, “proceloso y lacustre”, en lugar de Belgrano, “indomables pueblos originarios” pero no, haciendo oídos sordos a fervorosos partidarios como Fermín Chávez, los Hermanos Irazusta, Scalabrini Ortiz, todos distinguidos historiadores, antibritánicos decididos, Perón admitió el santoral liberal de tal suerte que esos nombres nunca fueron cambiados, para gran pesar, en el caso del sur, de Osvaldo Bayer. Tampoco, cuando propició, e intervino, en el Congreso de Filosofía de Mendoza, en 1949, prefirió el asesoramiento de Carlos Astrada, un filósofo serio, formado en Alemania, con todo el rigor heideggeriano y fenomenológico, y no el del simpático Discépolo, que tanto lo defendía, o del agudo polemista Jauretche o del nacionalista Chávez.
¿Y las estatuas a erigir que están en la propuesta? Una ya está, la de Dorrego; Rosas, gracias a la feliz idea de traer sus restos –creo que se le debe a Menem– tiene su lugar, no muy lejos de Sarmiento –deben dialogar en el silencio del mármol–; Eva Perón tiene su casa cerca del Botánico y Perón está por tener su monumento frente al antiguo Correo Central; seguramente el nuevo Instituto tendrá otras iniciativas, tanto para quitar como para levantar: ese cambio embellecerá la ciudad, si se hace en Buenos Aires, o ilustrará sobre la verdad de la historia nacional, presentada por ahora con profusión de adjetivos y escasez de sustantivos. No importa: esa verdad está cerca y lejos al mismo tiempo y por todas partes nos aproximamos. Si por ejemplo, como novedad, en el debate de estos días se habla de la Baring Brothers, no se menciona que Sergio Bagú, en un trabajo memorable, desnudó esta operación y ya hace años, y no era revisionista ni peronista sino un digno profesor universitario que emigró luego de la operación de limpieza que hizo el silencioso Onganía.
Y ya que se le da al revisionismo una gran oportunidad para hacerse oír, como prueba de un generoso pluralismo, por qué no se hace lo mismo con la historiografía de inspiración marxista. Es una propuesta nomás, ya que si es innegable la existencia de una corriente como la que capitanea el psicoanalista y diplomático O’Donnell, también lo es la que contiene los trabajos de Milcíades Peña y tantos otros, entre ellos el lamentado David Viñas, por no mencionar los de algunos que, como Rodolfo Puiggrós, Jorge Abelardo Ramos se pasaron al peronismo, este último en un irrefrenable tobogán que lo llevó al menemismo, pero sin olvidar el método dialéctico.
Alguien como yo, que ha celebrado grandes aciertos de este gobierno, asignaciones familiares, jubilaciones, quita a subsidios de privilegio, apoyo a la industria, estímulo a la cultura y a la ciencia, no entiende qué necesidad había de internarse en este campo. Será una cuestión psicológica: creer que un pragmatismo político y social que ha dado pruebas de sus logros debe descansar en un sistema de pensamiento que hay que formular porque, de lo contrario, se correría el riesgo de que se pensara que todo está regido por la improvisación. Y, modestamente, creo que no es así.
* Crítico y escritor.
Instituto: ¡oh!
Por Noé Jitrik *
En la controversia que se armó acerca de la creación, por decreto, del Instituto Manuel Dorrego, que estará destinado a albergar lo que se conoce desde albores del siglo XX como el pensamiento “revisionista”, hay un aspecto que me parece curioso y que nada tiene que ver con el derecho que tienen algunos de estudiar la historia argentina de un modo o de otro, con perspectivas diferentes y opuestas. Se trata de que el Estado (1) aparece, al menos en las declaraciones del ya designado director, como antagónico del Estado (2). La oposición evoca una que fue célebre, Kramer vs. Kramer, extraños casos, ambos, de un inesperado divorcio.
En cuanto al divorcio está claro: el trabajo histórico (la historia “científica”) contra el que parece dirigido lo que el flamante instituto –estatal– se propone hacer, se realiza en universidades –que son instituciones del Estado– y acaso en academias, que también lo son y de una manera muy establecida. De modo que en lugar de hacer oír esas voces silenciadas, además de lo que ya se hace en libros, diarios, televisión y radio, en los lugares en los que la historia se considera, se examina, se dirime, se modifica, se discute y se enseña, se crea un reducto tipo refugio, que por el momento sólo se fundamenta en la vehemencia, no en la realidad.
O en la pereza, puesto que desde que Florencio Sánchez escribió M’hijo el dotor entrar a la Universidad teniendo ganas de seguir determinado rumbo del conocimiento, fue un ideal argentino que perduró hasta nuestros días. Salvo, desde luego, en la época de Rosas cuando la Universidad fue clausurada, o en la época de Onganía, cuando se entró a saco en ella, o en la época de la dictadura. Obviamente, la Universidad no es el paraíso, pero tampoco la horrible cueva llena de brujas que algunos pintan muy convencidos, claro que no se les ha ocurrido nunca acercarse a ella y tratar de entender lo que tiene y lo que le falta.
Previamente, todo parecía armónico: el Estado (1) había apoyado, en una política nunca vista, casi pródigamente –díganlo si no los mejorados salarios universitarios y del Conicet– a la ciencia –creación de un ministerio a cuyo frente puso a un científico de verdad– y a la investigación –repatriación de científicos– y, por otro lado, investigadores y periodistas independientes –revisionistas, marxistas, etcétera– revisaban, interpretaban, adherían, exaltaban a su pleno gusto, sin que nadie les dijera lo que debían hacer. Es raro esto que pasó y uno se pregunta por qué había que romper este clima de felicidad. ¿No era una prueba de que la Universidad no andaba oliendo mal a quienes no hacían historia como la que hacen quienes están en ella cuando decidió designar como grandes maestros a Norberto Galasso y a Osvaldo Bayer, notoriamente no “integrados” a la dizque hegemonía liberalmitrista que reina en la Universidad?
Es claro que hay un matiz suplementario: el instituto en cuestión –no conozco los considerandos del decreto, firmado, desde luego, por la Presidente de la Nación–, o su director, al parecer tendrá un objetivo reivindicativo: dar voz a las voces silenciadas por esa historia que nació con Mitre sobre los despojos del derrotado federalismo y la triste suerte de los caudillos, todos buenos, víctimas de todos los malos. Pero tal vez no haya sido así del todo: el iniciador del revisionismo, que tuvo acceso a los papeles que Rosas le facilitó durante su exilio, Adolfo Saldías, no sólo era amigo y discípulo de Mitre sino que éste lo alentó en su trabajo. Carlos Ibarguren, notorio revisionista, nacionalista por añadidura, fue miembro de la Academia de Historia y presidente de la de Letras, ambas del Estado. Ramón J. Cárcano, connotado miembro de la elite del ’80, escribió una biografía de Facundo Quiroga. En cierto memorable encuentro José María Rosa me miró con admiración cuando le dije que había leído un documento que informaba que el salvaje Facundo Quiroga había creado escuelas en sus desérticos Llanos: sarmientino “avant la lettre”. Ese dinamismo siempre existió y por suerte: no hay nada más pernicioso que esa necesidad de tener ídolos para poder adorarlos en lugar de otros a su vez adorados según quien dirija la adoración.
Hay más aspectos que llaman la atención en el episodio: después de años de bregar por presentar una historia no liberal, revisionista, el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas salió del ostracismo y entró a formar parte del conjunto de instituciones de la Ciudad de Buenos Aires y, se supone, financiado por ella. ¿No era el lugar para que el grupo que integrará el nuevo instituto entrara a la que fuera vanguardia revisionista y hoy callada catacumba y prosiguiera defendiendo sus puntos de vista? ¿Crear uno nuevo existiendo ya uno de idéntica filosofía? ¡Qué olvido tan notable! José María Rosa no debe estar tranquilo en su tumba con esta novedad.
Y siguen las preguntas de un curioso. Los institutos de investigaciones existentes, en todas las ramas del saber, se proponen extender el conocimiento de los asuntos concernidos y así se los admite, la Universidad, el Conicet o quien sea, pero en ningún caso se les exige que declaren los resultados que creen que van a obtener. Este instituto innova: para justificar su creación el director declara los resultados que ya se sabe que se obtendrán y, se diría que, en consecuencia, en lugar de convocar mediante un sistema abierto a quienes podrían contribuir a dicho desarrollo se designa de entrada a otros, igualmente miembros de ese “ya se sabe”. No es por lo tanto un instituto lo que se crea sino un club de amigos que se entienden en relación con el lugar en el que estarán. Adhonorem, por supuesto, como gran parte de los investigadores universitarios que no lo dicen. ¿Dejarán sus ocupaciones habituales, televisión, cátedras, trabajos varios, para encerrarse en la oscuridad de los archivos conviviendo con sus queridos fantasmas y renunciando a sostener a sus familias, felices, ellas, porque el Estado proporcionará en adelante las picas para que sean derribadas ciertas estatuas y el mármol para en su lugar levantar otras? ¡Qué raro!
¿Qué estatuas a derribar y cuáles a levantar? Sobre las primeras uno de los según dicen silenciado por la Academia, nada menos que Juan Domingo Perón, tenía su idea, algo desconcertante porque, dicho o semi dicho, el mentado revisionismo viene en tándem con el peronismo, al lado en su momento, o junto muy posteriormente: cuando por fin los ferrocarriles fueron argentinos y le hicimos un corte de manga al imperialismo británico los nombres que les pusieron eran de antología, no de fantasía; en lugar de Mitre le podía haber puesto “del norte irredento”, en lugar de Roca, “sur misterioso”, en lugar de Sarmiento, “oeste temible”, en lugar de Urquiza, “proceloso y lacustre”, en lugar de Belgrano, “indomables pueblos originarios” pero no, haciendo oídos sordos a fervorosos partidarios como Fermín Chávez, los Hermanos Irazusta, Scalabrini Ortiz, todos distinguidos historiadores, antibritánicos decididos, Perón admitió el santoral liberal de tal suerte que esos nombres nunca fueron cambiados, para gran pesar, en el caso del sur, de Osvaldo Bayer. Tampoco, cuando propició, e intervino, en el Congreso de Filosofía de Mendoza, en 1949, prefirió el asesoramiento de Carlos Astrada, un filósofo serio, formado en Alemania, con todo el rigor heideggeriano y fenomenológico, y no el del simpático Discépolo, que tanto lo defendía, o del agudo polemista Jauretche o del nacionalista Chávez.
¿Y las estatuas a erigir que están en la propuesta? Una ya está, la de Dorrego; Rosas, gracias a la feliz idea de traer sus restos –creo que se le debe a Menem– tiene su lugar, no muy lejos de Sarmiento –deben dialogar en el silencio del mármol–; Eva Perón tiene su casa cerca del Botánico y Perón está por tener su monumento frente al antiguo Correo Central; seguramente el nuevo Instituto tendrá otras iniciativas, tanto para quitar como para levantar: ese cambio embellecerá la ciudad, si se hace en Buenos Aires, o ilustrará sobre la verdad de la historia nacional, presentada por ahora con profusión de adjetivos y escasez de sustantivos. No importa: esa verdad está cerca y lejos al mismo tiempo y por todas partes nos aproximamos. Si por ejemplo, como novedad, en el debate de estos días se habla de la Baring Brothers, no se menciona que Sergio Bagú, en un trabajo memorable, desnudó esta operación y ya hace años, y no era revisionista ni peronista sino un digno profesor universitario que emigró luego de la operación de limpieza que hizo el silencioso Onganía.
Y ya que se le da al revisionismo una gran oportunidad para hacerse oír, como prueba de un generoso pluralismo, por qué no se hace lo mismo con la historiografía de inspiración marxista. Es una propuesta nomás, ya que si es innegable la existencia de una corriente como la que capitanea el psicoanalista y diplomático O’Donnell, también lo es la que contiene los trabajos de Milcíades Peña y tantos otros, entre ellos el lamentado David Viñas, por no mencionar los de algunos que, como Rodolfo Puiggrós, Jorge Abelardo Ramos se pasaron al peronismo, este último en un irrefrenable tobogán que lo llevó al menemismo, pero sin olvidar el método dialéctico.
Alguien como yo, que ha celebrado grandes aciertos de este gobierno, asignaciones familiares, jubilaciones, quita a subsidios de privilegio, apoyo a la industria, estímulo a la cultura y a la ciencia, no entiende qué necesidad había de internarse en este campo. Será una cuestión psicológica: creer que un pragmatismo político y social que ha dado pruebas de sus logros debe descansar en un sistema de pensamiento que hay que formular porque, de lo contrario, se correría el riesgo de que se pensara que todo está regido por la improvisación. Y, modestamente, creo que no es así.
* Crítico y escritor.
martes, 6 de diciembre de 2011
Manlio Martínez a Juicio
CHOS HUMANOS | REVISIÓN DE LA DÉCADA DE 1970
Procesan a un ex juez por delitos de lesa humanidad
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Martes 6 de Diciembre de 2011 | El titular del Juzgado Federal N° 1, Daniel Bejas, consideró que existe prueba suficiente contra el ex magistrado federal Manlio Martínez. El imputado afirmó que no era competente para investigar a militares. Declaraciones del ex gobernador Antonio Bussi implicaron a Martínez en causas penales
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ampliar | COMPARECENCIA. El ex juez Manlio Torcuato Martínez a la salida de una audiencia en el Juzgado Federal N° 1. LA GACETA / FOTO DE ANALÍA JARAMILLO
Las investigaciones de violaciones a los derechos humanos ocurridas durante la última dictadura militar han propiciado el procesamiento de un ex magistrado de los Tribunales Federales. La inédita decisión en el ámbito provincial surge del auto del juez federal N° 1, Daniel Bejas, que dispone procesar a Manlio Torcuato Martínez, letrado a cargo de la unidad judicial mencionada entre 1974 y 1984.
La resolución considera acreditado -con el grado de certeza exigida en la etapa procesal en vigor- que el imputado ha incurrido en la supuesta comisión (en calidad de autor material) de los ilícitos de incumplimiento de la obligación de promover la persecución y represión penal, y de encubrimiento en conexión con los delitos de lesa humanidad perpetrados en contra de María Alejandra Niklison, Fernando Saavedra Lamas, Juan Carlos Meneses, Atilio Brandsen y Eduardo González Paz.
Asimismo, Bejas ha ordenado procesar a Martínez por resultar presunto autor material de los delitos de abuso de autoridad, prevaricato y privación ilegítima de la libertad agravada en perjuicio de Miguel Romano. El juez federal N° 1 ha interpretado que estos ilícitos también revisten el carácter de lesa humanidad por su vinculación con la comisión del delito de asociación ilícita agravada para atacar sistemáticamente a la población civil.
El magistrado se ha apartado del criterio de la Fiscalía Federal N° 1, a cargo del fiscal Carlos Brito, al interpretar, en cambio, que correspondía dictar la falta de mérito -sin perjuicio de que continúe la investigación- respecto de la supuesta intervención del ex juez federal en los delitos de violación de domicilio, homicidio y asociación ilícita agravada respecto de Niklison, Saavedra Lamas, Meneses, Brandsen y González Paz.
El auto dispone, accesoriamente, la expedición de un oficio al Ministerio de Seguridad de la Nación con el fin de notificar a todas las fuerzas federales de que Martínez, de 65 años, se encuentra impedido de salir del país so pena de inmediata detención.
"Póngase en conocimiento del imputado que no podrá modificar el domicilio real denunciado, donde deberá permanecer informando a este Juzgado sobre cualquier ausencia por más de 24 horas, para la que deberá requerir autorización del juez actuante con el apercibimiento de procederse a su detención", expresa el último párrafo de la resolución de 55 carillas firmada por Bejas y María Virginia Duffy, secretaria de Derechos Humanos del Juzgado Federal N° 1.
Tres grupos de hechos
El auto organiza los hechos que el Ministerio Público Fiscal endilga al ex juez en tres grupos diferentes, aunque conectados entre sí. En primer término, la intervención en el fusilamiento de Niklison, Saavedra Lamas, Meneses, Brandsen y González Paz, perpetrada el 20 de mayo de 1976 por un grupo combinado de fuerzas de seguridad. En este tramo, la Fiscalía imputa a Martínez la omisión de investigar el allanamiento ilegal del inmueble donde el grupo supuestamente vinculado a Montoneros estaba reunido y el quíntuple homicidio, pese a que el ex juez se había apersonado en la vivienda a posteriori del operativo.
En segundo lugar, Martínez es acusado de la supuesta detención sin garantías de Romano, el propietario de la casa donde vivían Niklison, Gerardo Alfredo Romero, y una hija de un año y medio. Según el Ministerio Público Fiscal, seis días después de la ejecución relatada, Romano se presentó espontáneamente ante el entonces juez federal, momento en que este decidió una privación de la libertad que se prolongó durante 15 meses.
Por último, al ex magistrado se le imputa la presunta participación (desde el ejercicio de la judicatura federal) en la organización criminal que llevó adelante el sistema represivo desplegado en la provincia entre 1975 y 1983. "Destaca el Ministerio Público que el general Adel Edgardo Vilas, comandante a cargo del 'Operativo Independencia', resolvió los problemas que encontraba en la Justicia Federal mediante la remoción de la Cámara de Apelaciones, del juez federal y del fiscal, gestionando que los nuevos nombramientos recayesen sobre personas de inequívoca ortodoxia", asevera Bejas, que añade que, según la Fiscalía, Vilas hizo referencia al reemplazo de Jesús Santos por Martínez en el Juzgado Federal de Tucumán.
La investigación del ex juez federal cobró impulso a partir de los comentarios del ex militar y represor Antonio D. Bussi -fallecido el 24 de noviembre pasado- en la indagatoria del 23 de noviembre de 2009 ante Bejas y en la audiencia oral del 17 de febrero de 2010 (causa "Jefatura") ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Tucumán. En ambas ocasiones, Bussi defendió sus actos invocando la supuesta intervención de Martínez.
En la declaración indagatoria del 27 de julio de este año, el ex juez negó haber sido parte de un sistema represivo ilegal, según el auto de procesamiento. Esta resolución manifiesta que el imputado alegó que en ningún momento abrió investigación en contra de militares porque no era competente para hacerlo y porque, además, nadie impulsó la apertura de la jurisdicción para obligarlo a emitir una resolución expresa en tal sentido. "Además, impugnó los dichos de Bussi aduciendo que, en su momento, lo había denunciado ante la Honorable Legislatura de Tucumán por inhabilidad moral para ejercer el cargo de gobernador", observa el auto dictado el jueves 1 de diciembre que, previsiblemente, será revisado por la Cámara Federal de Apelaciones.
Procesan a un ex juez por delitos de lesa humanidad
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Martes 6 de Diciembre de 2011 | El titular del Juzgado Federal N° 1, Daniel Bejas, consideró que existe prueba suficiente contra el ex magistrado federal Manlio Martínez. El imputado afirmó que no era competente para investigar a militares. Declaraciones del ex gobernador Antonio Bussi implicaron a Martínez en causas penales
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Las investigaciones de violaciones a los derechos humanos ocurridas durante la última dictadura militar han propiciado el procesamiento de un ex magistrado de los Tribunales Federales. La inédita decisión en el ámbito provincial surge del auto del juez federal N° 1, Daniel Bejas, que dispone procesar a Manlio Torcuato Martínez, letrado a cargo de la unidad judicial mencionada entre 1974 y 1984.
La resolución considera acreditado -con el grado de certeza exigida en la etapa procesal en vigor- que el imputado ha incurrido en la supuesta comisión (en calidad de autor material) de los ilícitos de incumplimiento de la obligación de promover la persecución y represión penal, y de encubrimiento en conexión con los delitos de lesa humanidad perpetrados en contra de María Alejandra Niklison, Fernando Saavedra Lamas, Juan Carlos Meneses, Atilio Brandsen y Eduardo González Paz.
Asimismo, Bejas ha ordenado procesar a Martínez por resultar presunto autor material de los delitos de abuso de autoridad, prevaricato y privación ilegítima de la libertad agravada en perjuicio de Miguel Romano. El juez federal N° 1 ha interpretado que estos ilícitos también revisten el carácter de lesa humanidad por su vinculación con la comisión del delito de asociación ilícita agravada para atacar sistemáticamente a la población civil.
El magistrado se ha apartado del criterio de la Fiscalía Federal N° 1, a cargo del fiscal Carlos Brito, al interpretar, en cambio, que correspondía dictar la falta de mérito -sin perjuicio de que continúe la investigación- respecto de la supuesta intervención del ex juez federal en los delitos de violación de domicilio, homicidio y asociación ilícita agravada respecto de Niklison, Saavedra Lamas, Meneses, Brandsen y González Paz.
El auto dispone, accesoriamente, la expedición de un oficio al Ministerio de Seguridad de la Nación con el fin de notificar a todas las fuerzas federales de que Martínez, de 65 años, se encuentra impedido de salir del país so pena de inmediata detención.
"Póngase en conocimiento del imputado que no podrá modificar el domicilio real denunciado, donde deberá permanecer informando a este Juzgado sobre cualquier ausencia por más de 24 horas, para la que deberá requerir autorización del juez actuante con el apercibimiento de procederse a su detención", expresa el último párrafo de la resolución de 55 carillas firmada por Bejas y María Virginia Duffy, secretaria de Derechos Humanos del Juzgado Federal N° 1.
Tres grupos de hechos
El auto organiza los hechos que el Ministerio Público Fiscal endilga al ex juez en tres grupos diferentes, aunque conectados entre sí. En primer término, la intervención en el fusilamiento de Niklison, Saavedra Lamas, Meneses, Brandsen y González Paz, perpetrada el 20 de mayo de 1976 por un grupo combinado de fuerzas de seguridad. En este tramo, la Fiscalía imputa a Martínez la omisión de investigar el allanamiento ilegal del inmueble donde el grupo supuestamente vinculado a Montoneros estaba reunido y el quíntuple homicidio, pese a que el ex juez se había apersonado en la vivienda a posteriori del operativo.
En segundo lugar, Martínez es acusado de la supuesta detención sin garantías de Romano, el propietario de la casa donde vivían Niklison, Gerardo Alfredo Romero, y una hija de un año y medio. Según el Ministerio Público Fiscal, seis días después de la ejecución relatada, Romano se presentó espontáneamente ante el entonces juez federal, momento en que este decidió una privación de la libertad que se prolongó durante 15 meses.
Por último, al ex magistrado se le imputa la presunta participación (desde el ejercicio de la judicatura federal) en la organización criminal que llevó adelante el sistema represivo desplegado en la provincia entre 1975 y 1983. "Destaca el Ministerio Público que el general Adel Edgardo Vilas, comandante a cargo del 'Operativo Independencia', resolvió los problemas que encontraba en la Justicia Federal mediante la remoción de la Cámara de Apelaciones, del juez federal y del fiscal, gestionando que los nuevos nombramientos recayesen sobre personas de inequívoca ortodoxia", asevera Bejas, que añade que, según la Fiscalía, Vilas hizo referencia al reemplazo de Jesús Santos por Martínez en el Juzgado Federal de Tucumán.
La investigación del ex juez federal cobró impulso a partir de los comentarios del ex militar y represor Antonio D. Bussi -fallecido el 24 de noviembre pasado- en la indagatoria del 23 de noviembre de 2009 ante Bejas y en la audiencia oral del 17 de febrero de 2010 (causa "Jefatura") ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Tucumán. En ambas ocasiones, Bussi defendió sus actos invocando la supuesta intervención de Martínez.
En la declaración indagatoria del 27 de julio de este año, el ex juez negó haber sido parte de un sistema represivo ilegal, según el auto de procesamiento. Esta resolución manifiesta que el imputado alegó que en ningún momento abrió investigación en contra de militares porque no era competente para hacerlo y porque, además, nadie impulsó la apertura de la jurisdicción para obligarlo a emitir una resolución expresa en tal sentido. "Además, impugnó los dichos de Bussi aduciendo que, en su momento, lo había denunciado ante la Honorable Legislatura de Tucumán por inhabilidad moral para ejercer el cargo de gobernador", observa el auto dictado el jueves 1 de diciembre que, previsiblemente, será revisado por la Cámara Federal de Apelaciones.
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